miércoles, 17 de junio de 2026

Columna de Opinión

Los cálculos burocráticos de las cucarachas

Por Alfonso Hamburger




Quizás pocos han pensado como seria un eventual gobierno de Abelardo de La Espriella, que de ganar supuestamente llegaría con toda la independencia de una empresa privada, con prioridad en las hojas de vida, pero estamos en Colombia, donde las administraciones puras funcionan hasta que comienzan las siguientes elecciones y en este sistema no hemos terminado una cuando ya estamos organizando la otra, entonces viene el manoseo, el cálculo electoral, el compadrazgo, según la maniobra de los votos. Hasta allí llega la meritocracia.


Me cuentan que el doctor Jairo Merlano Fernández, quien renunció a una brillante carrera judicial para ser Alcalde de Sincelejo, operó como un relojito suizo el primer año de gobierno, pero al siguiente no pudo hacer cumplir una resolución de tránsito porque el afectado ponía mil votos y esos sufragios se necesitaban para elegir al sucesor. La cita no es exactamente igual, pero algo así pasó.


En este caso, en Colombia tenemos políticos de oficio y otros que están al acecho para entrar. Y tenemos librepensadores que piensan con el corazón, que aman al país y piensan a largo plazo, no en medidas de choque que pudieran poner en riesgo muchas vidas, que creen en salidas negociadas y con procesos de inclusión social, matando las causas de la desigualdad.

Los primeros piensan en la burocracia, en los cargos que quedarían libres en las instituciones por un posible cambio de gobierno y que en esa revuelta algo pueden pescar. Estos juegan en dos aguas. una vela para Dios y otra para el diablo. Negocian los votos. Saben que emocionalmente el tigre arrancó el segundo tiempo ganando uno a cero y para mantener esa ventaja pueden manejar el balón, especulando en no me des todo, pero dame algo, vamos al empate, mientras se cumplen los noventa minutos. En este bando están los rechazados por el tigre, que puede ser una estrategia  de outsider, pero en el fondo puede ser un acuerdo detrás de bambalinas. La política, como la religión, también es teatro.

El político vive de la burocracia y de haber un cambio existe la posibilidad de pescar en el río revuelto.

Si gana Ivan Cepeda, que no es descabellado, los puestos burocráticos que hoy ostenta el Pacto Histórico o los del acuerdo por la vida, sufrirán pocas variaciones, al menos si no se llega a un nuevo acuerdo nacional. Allí entra a jugar el nuevo Congreso.

Estos últimos, que sin duda son como las cucarachas, que las están barriendo y se meten en los rincones, no están pensando en soluciones significativas para Colombia, sino en ganar la burocracia que les permita manejar la clientela, porque saben que todo el caparazón de cargos  es negociable. Nada más, pero en el fondo saben que hay una incógnita y que puede darse un salto al vacío, porque habitualmente a veces los beneficios no son para quienes se rompen el cuero por el felino, sino para los más cercanos a los sentimientos y de quienes tengan la posibilidad de hablarle al oído al presidente. En las elecciones del 2022 en Sucre se le apareció la virgen a familias conservadoras por relaciones de vecindad y de colegios. Obvio, que en esta campaña dejaron el disfraz y volvieron a pelar los dientes. Nunca dejaron de ser tradicionales y allí se sienten cómodos. Nunca pierden. Son los intocables de la sociedad.

En este grupo aparecen todos los días, ingenieros, abogados, poetas, ingenuos aspirantes a algún cargo burocrático, locos, y hasta personas que tienen tiempo de estar dando coletazos y aparecen en redes sociales pegados al jingle que cantan hasta los niños.

Están aprovechando el jingle pegajoso, porque marica el último, y saben que en una piñata reventada a la jura algo les puede quedar en las manos, a los pies, aunque estén jugando a la gallina ciega. Algunos tiene los ojos vendados y no se les ha tildado de estúpidos cuando ya tienen la piedra en las manos.

Perdón, señor, ¿usted me regaña?

No, señora Tulia, yo no le he mentado la madre, no sea peleonera.

Entonces, la señora Tulia responde:

—Más hijueputa es usted.

La política, compadre, así como se ve es una actividad engañosa.

Dios salve a Colombia.

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