miércoles, 20 de mayo de 2026

Columna de Opinión

Comenzó la rumorología

Por: Alfonso Hamburger 



—Hay estampidas de votantes.

Hay nervios en la valla. Lo que se juega no es poca cosa. Mucho billete. Mucho ego. También ciertas arrogancias que serán castigadas.

La guerra sucia está vigente. La desinformación. Después del cierre de campañas llegó la rumorología, una propaganda sucia que tumba candidatos. Los quiebran en el papel y se van en diarrea. Tal campaña está, pregonan, y la gente que se va en estampida donde esté el billete. Ya las autoridades empezaron a coger cargamentos de dinero en La Guajira.

Ya se hizo el trabajo de posicionamiento de marca, ahora viene el efecto billete, necesario para movilizar el voto. Los votos se cotizan más alto después de dos de la tarde. El voto limpio es muy temprano. Madrugado.

La rumorología como estrategia política no la inventó JJ Rendón, en Venezuela. Hay fuertes indicios de que esta práctica de calumnia al opositor, como el trasteo electoral nacieron en Sucre.

En la primera elección popular de gobernador, faltando dos meses las encuestas daban por ganador al señor Miguel Ángel Nule Amin, del ala de los Guerra Tulena. un mes antes el rumor de que Nule Amin estaba quebrado corrió como un viento huracanado. La gente se volcó al comando del opositor, que lo sobrepasó y lo derrotó.

Parece que la rumorología fue un invento genial y pendenciero del famoso Gordo, tan famoso en estas lides, que también le atribuyeron la muerte de Eduardo Lora, cuando aún no había nacido.

En esos años la rumorología marchaba de a pie y de boca en boca y aquello se regaba como una brisa de verano. Ahora utilizan las redes sociales como sucedió en dos campañas afines a la cámara en Sucre, en el mes de marzo. Las campañas están que echan agua.

Y sin duda, los primeros trasteos electorales, que incluyen a los muertos, se inició en Buenavista, por la cercanía de Magangué. Todavía, los votantes de Magangué en esa bella población, que es un verdadero jardín, son más de mil.

La estrategia para derrotar a Don Emiro, después de 70 años de hegemonía, fue emborrachar los choferes el sábado y el domingo de las elecciones no hubo transporte de los votantes, porque los conductores amanecieron enguayabados.

Casos como aquel se siguen viendo a lo largo de la historia.

Columna de Opinión

Sincelejo frente al calentamiento urbano

Por: Juan Carlos Monterroza



En los últimos años, caminar por las calles de Sincelejo se ha vuelto diferente. El calor parece más intenso, las noches son más sofocantes y los espacios públicos muchas veces resultan difíciles de disfrutar bajo el sol. Lo que antes se sentía como parte natural del clima Caribe hoy comienza a convertirse en una señal de alerta: el calentamiento urbano.

Este fenómeno ocurre cuando las ciudades aumentan su temperatura debido al crecimiento desordenado, la reducción de árboles, el exceso de concreto y asfalto, y la falta de planificación ambiental. En otras palabras, la ciudad empieza a retener más calor del que puede liberar. Y aunque el cambio climático mundial influye, muchas de las causas también nacen dentro de nuestras propias calles.

En Sincelejo, el problema ya es visible. Sectores con poca arborización, expansión urbana sin suficientes zonas verdes y construcciones donde predominan el cemento y los techos calientes generan ambientes cada vez más difíciles para los ciudadanos. Las temperaturas elevadas afectan la salud, aumentan el consumo de energía, deterioran la calidad del aire y reducen la calidad de vida.

Pero el verdadero desafío no es solamente reconocer el problema. El desafío es entender que todavía estamos a tiempo de corregir el rumbo.

La lucha contra el calentamiento urbano no depende únicamente de grandes inversiones gubernamentales. También necesita ciudadanos conscientes, empresas responsables y una visión colectiva de ciudad. Cada árbol sembrado, cada espacio verde protegido y cada decisión urbana inteligente puede marcar una diferencia enorme en el futuro de Sincelejo.

Una de las medidas más urgentes es recuperar la arborización urbana. Los árboles no son decoración; son infraestructura ambiental. Un árbol puede disminuir la temperatura de una zona, generar sombra, absorber contaminación y mejorar el bienestar emocional de las personas. Una ciudad sin árboles es una ciudad más caliente, más seca y menos humana.

También es fundamental replantear cómo se construye. Durante años se ha priorizado el concreto sin pensar en sus consecuencias térmicas. Hoy muchas ciudades modernas están apostando por techos verdes, materiales reflectivos, ventilación natural y diseños urbanos sostenibles. Sincelejo necesita comenzar esa conversación con seriedad si quiere prepararse para las próximas décadas.

Otro punto clave es proteger y ampliar los espacios públicos verdes. Parques, corredores ecológicos y zonas peatonales arboladas no solo embellecen la ciudad; ayudan a regular la temperatura y crean entornos más saludables. Una ciudad donde las personas pueden caminar cómodamente es una ciudad más viva y más conectada socialmente.

La educación ciudadana también juega un papel decisivo. El calentamiento urbano no puede verse como un tema lejano o exclusivo de expertos ambientales. Cuando un ciudadano quema basura, destruye un árbol o arroja residuos en espacios públicos, también está contribuyendo al deterioro ambiental de la ciudad. Del mismo modo, cuando una comunidad cuida un parque, siembra árboles o promueve conciencia ambiental, está ayudando a construir un mejor futuro.

Las autoridades locales tienen una responsabilidad enorme. El desarrollo urbano no puede seguir avanzando sin planificación ambiental. Cada nuevo proyecto debería preguntarse cuánto cemento agrega, cuántos árboles protege y qué impacto tendrá sobre la temperatura urbana. El crecimiento sin equilibrio termina pasando factura a toda la sociedad.

Sin embargo, más allá de las políticas públicas, el cambio comienza con una decisión colectiva: entender que el desarrollo no puede separarse de la sostenibilidad. Una ciudad moderna no es la que más cemento tiene, sino la que logra que sus ciudadanos vivan mejor.

Imaginar una Sincelejo más fresca, más verde y más humana no es una fantasía. Es una necesidad. Y también una oportunidad histórica para transformar la ciudad antes de que el calor termine transformando nuestra calidad de vida.

El futuro de Sincelejo no debe construirse únicamente pensando en crecer, sino en cómo crecer inteligentemente. Porque una ciudad que aprende a convivir con el medio ambiente no solo combate el calentamiento urbano: también protege su salud, su economía y la dignidad de quienes la habitan.

Columna de Opinión

En la búsqueda de que todo mejore

Por: Olimpo Del Castillo



"La madre del arte es la arquitectura. Sin la arquitectura de nuestro propio ser no tenemos alma de nuestra propia civilización." Frank Lloyd Wright.


Nos acostumbraron a ver las calles y sus edificaciones sin motivaciones y estimulo alguno a no buscar respuestas o preguntarnos quienes somos, de dónde venimos y con el pasar de los años qué seremos como ciudadanía y de las cientos o miles de familia que habitaran lo urbano y muy pocos, el campo. La precaria educación y su orientación desenfocada no permitió que nos viéramos y sin poder comprender ese enorme potencial humanístico de siempre y para eso se debía hablar del Hombre creativo, inteligente, acucioso y no conformista con el mismo e invariable presente de muchos años.

Ningún interés tuvo quienes gobernaron en que se expandieran los horizontes y la visión, las ansias por nuevos interrogantes y respuestas que permitieran repuestas innovadoras e impulsos en el avance y comprensión de quienes somos y la imprescindible convivencia y respeto por el otro. La lectura y el razonamiento como aceleradora del conocimiento permitiría una mejor compresión de nuestros roles en el territorio colectivo sumado a todo esto, se despreciaba todo lo referente a la cultura y a la identidad de nuestros ancestros aborígenes, apartando incluso, su cosmogonía de siglos para asumir lo novedoso de quienes que solo perseguían el propósito de dominar y someter.

Pasados varios siglos e incluso hasta hoy, quienes debían producir circunstancias favorables que permitieran pasar de oscurantismo a la Ilustración nunca facilitaron las experiencias de creatividad, concepciones benefactoras para la vida, sobre todo, cómo nos conocíamos y entendíamos armoniosamente y prevaleciera el interés general sobre los grupúsculos que dicen poseer títulos y abundante conocimiento que únicamente dominan y sujetan, haciéndose reconocer como “inteligentes y honestos”.  

Cuantos discurso y propuestas de “desarrollo” se escuchan y leen por parte de todos los aspirantes y que obviamente no son de su autoría, fácilmente deducible porque desconocen totalmente que es y como poder obtenerlo; no se puede avanzar sobre lo que no se tiene noción, sobre lo que se experimenta y mucho menos sobre lo que no se vive. Es la Arquitectura el alma de todas las civilizaciones, es la transformación de lo que nos brinda la naturaleza para crear formas o contenedores de interrelaciones el comportamiento proyectado al futuro y al desarrollo de toda sociedad, partiendo desde una vivienda de interés social hasta ciudades funcionales, sostenibles, incluyentes y resilientes.

Son los profesionales de la arquitectura los llamados a representar una organización social con claros parámetros cualitativos que paren la violencia de los intereses hegemónicos de sectores económicos y políticos, sobre una conciliación de peso y eficiente ante la difícil problemática de las áreas urbanas. Es la arquitectura y el conocimiento de las diferentes aristas del entorno lo que nos hace inconformes, pero a la vez propositivos en cuanto a reformas e intervenciones urbanas, con la capacidad adecuada de traducir serias propuestas programáticas de gobierno en una imagen entendible, creíble y realizable para la ciudadanía.

Nuestra realidad es de muchas de nuestras ciudades es el caos denunciando por muchos y por todas partes que muestra una ausente planeación, proyección e ineficientes ejecuciones o distractores inútiles en el corto tiempo que se toman en aras de la complacencia inmediata, pero no con la interacción y conocimiento de varias disciplinas como sociólogos, economistas, geógrafos urbanos y funcionarios municipales, entre otros.  La ciudad siempre nos hablara de la calidad de lo construido, la funcionalidad, la habitabilidad y bienestar general y también de un desconocimiento generalizado por parte de quienes gobiernan y muchísimos de los gobernados muy a pesar de las garantías constitucionales que nos permiten decidir cual debe ser nuestra ciudad deseada e imponiéndole a los gobernantes cabal cumplimiento de la voluntad democrática y participativa.

 

 

lunes, 18 de mayo de 2026

Columna de Opinión

Entre el gas que falta y el carbón que no queremos usar

Por: Juan Salvador Peña



El gas natural ocupa un lugar estratégico en la transición energética porque, aunque no es tan limpio como las renovables, emite la mitad del CO que genera el carbón. Por esa razón se le conoce como el "combustible puente", un sustituto del carbón y el petróleo mientras se construye un futuro renovable.

Este recurso se utiliza para calentar hogares, cocinar alimentos, generar electricidad y producir fertilizantes para la agricultura. Sin embargo, el conflicto en Medio Oriente ha provocado que los precios del gas se dupliquen en Europa y se tripliquen en Asia, golpeando con fuerza las cadenas globales de suministro.

Cuando el gas se vuelve caro, deja de ser un puente viable. Los países que planeaban sustituir el carbón por gas ahora enfrentan costos que hacen menos atractiva esa migración. Algunos han tenido que retrasar el cierre de sus plantas de carbón, mientras que otros ven cómo el aumento del precio del gas encarece también la electricidad y los fertilizantes, presionando la inflación y el costo de vida de sus ciudadanos. En este contexto, la transición energética se vuelve más costosa y más lenta.

En Colombia, el 70 por ciento de la generación eléctrica proviene de hidroeléctricas, lo que hace que el país dependa directamente del régimen de lluvias. En este escenario, las termoeléctricas que operan con gas natural cumplen una función fundamental como respaldo durante las temporadas de sequía.

Sin embargo, la producción nacional de gas ha caído de manera sostenida. Como consecuencia, las importaciones de GNL pasaron del 3 por ciento del consumo en 2023 al 23 por ciento en 2026, exponiendo al país a la volatilidad de los precios internacionales.

Justo cuando el país más necesita garantizar su suministro de gas para enfrentar la crisis internacional, aparece una crisis doméstica igualmente grave. Canacol Energy, el segundo productor de gas más importante de Colombia y responsable del 50 por ciento del gas que consume la región Caribe, se encuentra en proceso de insolvencia.

La empresa ha solicitado terminar 19 contratos de suministro con 12 empresas estratégicas. De concretarse esta suspensión, las consecuencias serían inmediatas: las plantas que generan electricidad para el sistema nacional perderían su fuente de combustible y Cerro Matoso, una de las principales mineras del país, enfrentaría pérdidas considerables.

El panorama se vuelve crítico al incorporar la variable climática. Los modelos meteorológicos internacionales indican una probabilidad superior al 80 por ciento de que se desarrolle un fenómeno de El Niño de gran intensidad durante el segundo semestre de 2026.

Ante esta situación, el carbón térmico cobra una relevancia que muchos preferían ignorar. Plantas como Gecelca 3, que operan con carbón nacional y cuentan con mina propia en Las Palmeras, ofrecen una ventaja estratégica invaluable en momentos de incertidumbre.

Mientras el gas importado se encarece y el suministro local se tambalea por la crisis de Canacol, el carbón se mantiene como una opción disponible. No es la solución que el país desea para su futuro energético limpio, pero es la alternativa que evita apagones hoy. La transición energética debe ser realista, y eso significa que no se abandona un recurso hasta tener la certeza de que el que llega es más confiable.

Ante un Super Niño que amenaza con reducir los niveles de los embalses y una crisis de gas que debilita el respaldo térmico, el carbón se convierte en ese seguro indispensable que Colombia necesita para mantener las luces encendidas.

viernes, 15 de mayo de 2026

Columna de Opinión

El legado de nuestros maestros no se limita a las aulas

Por: Rita Mendoza Simahan



El legado de nuestros maestros no se limita a las aulas, se extiende a través del tiempo, como un hilo invisible que conecta a generaciones. Con cada lección impartida, caga regaño, cada consejo dado, ha sido un faro en el camino para crecimiento personal de diferentes generaciones.

Y hoy que celebramos el día del maestro, vuelvo la mirada a nuestras raíces de nuestro terruño sabanero, hacia ese amanecer de principio de siglo XX, cuando en medio de la brisa, el calor y la inmensidad de nuestro territorio, comenzaron a erigirse las primeras escuelas rurales. Aquellos fueron tiempos quijotescos de maestros y maestras que encontraron en su vocación el equipaje perfecto para desafiar las distancias y las limitaciones de la época, para sembrar un poco de sabiduría en tierras lejanas. Algunos partieron a tierras lejanas para formarse y regresaron a compartir ese conocimiento naciente.

Siempre he estado atenta y con mucha fascinación a lo que relata el Doctor Alberto Mendoza Candelo, en su obra MEMORIAS DE GALERAS, de aquellos años en los que, desde la voluntad de Cartagena, en ese Bolívar Grande, y con el apoyo de la dinámica local, empezaron las escuelas públicas rurales, desde luego, en locales de arrendamiento y con profesores idóneos.

No puedo dejar de nombrar al señor Francisco Navarro Atencia, quien tomó posesión del cargo de Director de la ESCUELA RURAL DE VARONES DE GALERAS en 1909. Sembró la semilla del ideal supremo de libertad, y tan bien lo supo hacer, que sus discípulos fueron los adalides de la creación de este municipio en 1931.

La educación era la cenicienta en la República de Colombia y a pesar de eso se formaron tanto hombres y mujeres en este oficio. Su cualidad más grande “SU VOCACION Y SACRIFICIO” y empezaron a sembrar el valor del conocimiento especialmente entre las mujeres que para entonces eran subvaloradas. Personajes que no puedo dejar de nombrar, casi todos de origen Sinceano, como Pedro José Coley, Saúl Arrieta, Manuel Espinoza Romero, Gabriel Martínez, María del Rosario Herrera y Lucila Correa entre otros, los honro este día.

El nivel académico y ético del maestro se fue elevando notoriamente y el sentido de responsabilidad como educadores; sabían que en sus manos estaba el formar el capital humano que Galeras necesitaba para volver a ser Municipio. Y aparecen los nombres de Helena Oliver, Alicia Yulit Simahan de Martínez, Carmen Garrido, Jorge Benjumea Parra, Guillermo Sotero Coley, Belisa Tejada, Heriberto Pérez, Silvia Cueto. Por cierto, en 1980 recibieron las más alta condecoración que el estado puede dar, LA ORDEN CAMILO TORRES, ALICIA YULIT SIMAHAN DE MARTINEZ Y JORGE BENJUMEA PARRA, cuyos descendientes, su nueva generación, está aportando al territorio y destacándose en sus frentes de trabajo y vocación.

Ellos, no solo dictaban clases, tejían con paciencia la estructura social de nuestro pueblo. Fueron ellos, quienes, con tiza y sacrificio, trazaron el camino que hoy recorremos.

Honrar su memoria en este día, ante todo es un acto de justicia histórica; es poner en valor a esos pioneros que, entre el calor de la sabana y la sencillez de nuestras aulas, nos enseñaron que LA EDUCACION ES EL LEGADO MAS PURO Y DURADERO. Su paciencia y amor, sembraron en nosotros la curiosidad y el deseo de superación. Es vital que las nuevas generaciones conozcan sus historias de aquellos que abrieron el camino. Los maestros de hoy, deben recordar que con cada paso que dan, están construyendo sobre los cimientos que otros laboriosamente levantaron. La educación es una herencia sagrada que deben cuidar y expandir, convirtiéndose en los nuevos faros de esperanza y aprendizaje.

HONREMOS SU MEMORIA, MANTENIENDO VIVA LA LLAMA DEL CONOCIMIENTO Y EL AMOR POR APRENDER EN CADA CORAZÓN.

Columna de Opinión

Violencia contra los docentes de planta de la U. de Sucre

Por: Mara Mercedes Osorno Navarro



La situación experimentada en el campus universitario de la Universidad de Sucre el 20 de abril pasado, constituye un fenómeno complejo de violencia psicosocial, simbólica e institucional, que debe analizarse no solo como un conflicto disciplinario o una protesta estudiantil, sino como una expresión de deterioro de la convivencia democrática, afectación de derechos fundamentales y riesgo para la salud mental colectiva de sus docentes.

Los hechos ocurridos, son una muestra de injuria pública, hostigamiento colectivo, señalamiento degradante y caos, generando en las victimas eventos de pánico y temor posterior para ejercer la docencia, representando una ruptura profunda de los principios que sustentan la educación superior, en un Estado Social de Derecho.

Desde una perspectiva de salud pública, justicia social y cultura de paz, el caso revela la violencia simbólica, transformándose en violencia estructural e Institucional, afectando el tejido social universitario y debilitando las condiciones necesarias para la construcción democrática del conocimiento.

Desde el análisis de la Ley 1620 de 2013: Convivencia y Mitigación de Violencia y Formación para los Derechos Humanos, se especifica prevenir violencia, fortalecer ciudadanía, promover resolución pacífica de conflictos y proteger derechos humanos en contextos educativos. Esta Ley promueve precisamente estrategias de: gestión pacífica, cultura de paz y resolución no violenta de conflictos. Aunque dirigida principalmente a la Educación Básica y Media, sus principios son plenamente relevantes para las universidades, porque la convivencia democrática es transversal a todo el sistema educativo. Aunque la protesta estudiantil constituye un derecho democrático, pierde legitimidad cuando deriva en injuria, hostigamiento, intimidación, degradación humana y generación de terror psicológico.

El señalamiento público de profesores como “ratas” y “corruptos”, representa una forma de violencia simbólica y de estigmatización, que deteriora la convivencia institucional y rompe los principios de respeto y dignidad humana. No basta con que la ley 30 reconozca formalmente la libertad de enseñanza. El Estado y la Institución, en este caso la Universidad de Sucre, deben garantizar condiciones reales de seguridad física y emocional para ejercerla.

Desde la perspectiva de género y análisis de la Ley 1257 de 2008, se establecen mecanismos para prevenir, sancionar y erradicar toda forma de violencia en contra las mujeres. En las mujeres expuestas al acto bélico ocurrido en el campus, se ocasionó crisis de pánico, miedo intenso, inseguridad y temor de retornar al espacio académico. Se trata de un caso de violencia psicológica y afectación emocional con un impacto diferencial sobre las mujeres presentes.

Según la Ley de Justicia y Paz 975, para la cultura de paz, es importante la verdad, la reparación, la no repetición y resarcimiento del dolor. Uno de los principios centrales de la justicia transicional es: evitar reproducción de violencia, fortalecer reconciliación, promover reconocimiento del otro como sujeto de dignidad. Cuando el adversario es deshumanizado mediante insultos y hostigamiento colectivo, se reproducen lógicas propias de escenarios de confrontación social extrema. La Universidad, lejos de reproducir esas dinámicas, debería funcionar como laboratorio de paz, espacio de mediación y territorio de reconciliación democrática.

Desde la perspectiva de ODS Paz y Justicia en instituciones sólidas, un acto beligerante dentro de una IES, es considerado un obstáculo directo y grave para el desarrollo sostenible y la construcción de ciudadanía. Las IES deben ser espacios seguros, inclusivos y democráticos. Este acto beligerante, erosiona el tejido social, deteriorando la confianza y la convivencia, bases fundamentales para la paz social. Los fueron un evento crítico de riesgo psicosocial agudo, producto de estrés postraumático, “burnout” docente, hipervigilancia, ansiedad anticipatoria, miedo laboral, deterioro cognitivo asociado al estrés.

El temor de los profesores a regresar al aula, demuestra afectación real del entorno laboral y educativo. Todo lo anterior constituye un episodio grave de violencia psicosocial e institucional que afecta la convivencia democrática, la libertad de cátedra, la dignidad humana, la salud mental, la seguridad de las mujeres y el derecho colectivo a la educación.

Lo ocurrido en el campus principal de la Universidad de Sucre, también es una muestra de violencia epistémica, porque se ha desacreditado a los profesores en la producción de conocimiento. Se ha destruido su legitimidad intelectual, se ha deshumanizado su rol académico e invalidado socialmente su autoridad profesional. Todo por buscar silenciar o intimidar mediante exposición pública o estigmatización económica como mecanismo de deslegitimación, reduciendo moralmente al docente, cosificándolo económicamente, deshumanizándolo profesionalmente, erosionando la legitimidad social de quien produce y transmite conocimiento, limitando el pensamiento crítico, reduciendo la publicación y afectando el ecosistema de producción de conocimiento.

Las directivas de la Universidad de Sucre tiene el deber ético, jurídico y social de investigar, reparar, prevenir, proteger a las víctimas, fortalecer cultura de paz, garantizar espacios seguros para el aprendizaje y el ejercicio docente. Desde la salud pública, el caso evidencia la violencia simbólica y colectiva erosionando profundamente el tejido democrático universitario y obstaculizando la construcción de una sociedad basada en justicia social, convivencia y paz.


Columna de Opinión

Casas abandonadas

Por: Carlos Pérez Domínguez



Si hay un espacio que grafica la situación actual de Corozal es su centro residencial lleno de casas vacías. Casonas imponentes, elegantes, de grandes ventanales y amplias terrazas. En ellas vivían familias con un peso económico y cultural que hicieron de Corozal, la ‘Perla de la Sabana’.

Eran familias con holgura económica. Emporios ganaderos, en su mayoría, cuyos predios iban más allá de donde alcanzaba la vista. Su pujanza la reflejaban construyéndose casas monumentales, de esas que ya no se construyen porque los tiempos cambiaron, pero también porque la época de los bolsillos llenos se acabó. “Aquí ya no hay ricos, hay riquitos”, me dijo alguna vez el poeta Cristo García, refiriéndose a Sincelejo.

Muchas de esas casonas hoy están vacías. Sus propietarios que heredaron la riqueza forjada por padres y abuelos no las habitan. Son gentes educada en el extranjero, que aprendieron a conocer del campo viendo National Geographic o yendo al zoológico, pues como decía el uruguayo Benedetti “no hay vacas entre los rascacielos”.

Las últimas generaciones de esa estirpe de corozaleros foráneos tienen muy poco arraigo con Corozal, por no decir que ninguno, más allá de esas casonas o algún familiar venido a menos que tuvo que quedarse a morir en la tierra del mote de queso. Porque eso también hay que decirlo, la pobreza silenciosa está presente en barrios como San Juan, San José y San Miguel.

En la fachada de esas casas no hay letreros de ‘se vende’ o ‘se arrienda’. Pareciera que sus dueños, simplemente se olvidaron de ellas. Lo que sí es notorio es cómo la naturaleza va ganando espacio en medio de aquel abandono, emulando el destino de la casa de los Buendía, que comenzó a caerse a pedazos tras la muerte de Úrsula, en Cien Años de Soledad.

Con la muerte de sus grandes hacendados y matronas de misas dominicales, Corozal también entró en un proceso de desmoronamiento que ya se cuenta en décadas y del que no logra salir. ¿Cuál es el gran aporte de las últimas generaciones de líderes corozaleros? Las grandes obras de Corozal se gestaron hace más de 40 años. Hoy por el contrario algunas de ellas se han perdido como el hospital y hasta la misma cárcel.

Las casas vacías del centro residencial reflejan el abandono, pero, sobre todo, la desventura que ha tenido Corozal con los liderazgos encargados de administrar y engrandecer el legado de una generación que supo hacer del municipio una perla. En su cumpleaños 251, deseo para nuestro Corozal un futuro más acorde a lo que enseña su glorioso pasado. 

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