viernes, 3 de julio de 2026

Columna de Opinión

El agua nos llama, es hora de actuar

Por: Rita Mendoza Simahan



En nuestra tierra Caribe, el agua siempre fue canto y promesa: los ríos que contaban sus historias, ciénagas que reflejaban el cielo y los grandes aguaceros que llegaban como bendición. Y hoy en día, bajo el sol inclemente que castiga y reseca, esas voces se han hecho débiles.

Cuidar el agua no solo es una consigna, es la urgencia de una región, nuestra sabana Caribe, que siente como se estrechan sus fuentes.

Este escrito nace de esa inquietud, y es de suma urgencia DE SEMBRAR CONCIENCIA REAL, de traducir la pedagogía escolar y ciudadana, en hábitos cotidianos para lograr convertir las palabras en actos concretos para proteger lo que nos da vida.

Hay contradicciones que duelen, una de ellas es que enseñamos a los niños en las escuelas y a los ciudadanos en jornadas y capacitaciones especiales a valorar el agua. Pero desafortunadamente la realidad cotidiana de estos pueblos, no acompañan las enseñanzas recibidas. Las llaves siguen abiertas, las bolsas de basura flotan en los arroyos, la siembra de los arboles no son prioridad y no tenemos conciencia ambiental en el manejo de las basuras.

¿Dónde se rompe el hilo entre lo que sabemos y lo que hacemos? Parte del problema es pensar que la educación por sí solo basta. No basta con decir, hay que transformar estructuras y prácticas, como las políticas públicas que regulen el uso y la protección de los acuíferos y ríos; inversión en infraestructuras para evitar la pérdida de agua; programas comunitarios sostenibles, que integren a la gente en la toma de decisiones; y, sobre todo, modelos económicos que valoren la conservación por encima de la ganancia inmediata.

También, hay una responsabilidad cultural, en estos pueblos de la sabana, muchos hábitos nacen de la necesidad o de la costumbre, pero otros persisten por indiferencia o falta de alternativas. Queda claro que llamar al autorreflexión y sin compromisos concretos se queda en palabras. Si unimos la pedagogía con la práctica y la política con la participación, veremos muchas campañas efectivas que no cambien el cauce real de nuestras fuentes hídricas.

Definitivamente tenemos que encontrar un punto de equilibrio, entre lo que enseñamos en la casa, lo que se aprende en la escuela y lo que la comunidad practica cada día y esto exige un compromiso compartido: familias que enseñen con el ejemplo, docentes que vinculen la educación ambiental con proyectos reales, gestores culturales y líderes comunitarios que promuevan el cuidado del agua, y autoridades comprometidas con infraestructura y regulaciones eficaces.

Pero más que acciones aisladas, necesitamos un cambio de mirada: RECONOCER EL AGUA COMO PATRIMONIO COMUN Y NO COMO RECURSO LIMITADO. Que cada comida, cada cosecha y que cada garganta que bebe el agua, sea motivo para agradecer y para proteger.

Hoy los invito a cuestionarnos: ¿Qué hábitos puedes cambiar desde mañana para que el agua dure más? ¿Qué compromiso podemos asumir en familia y en la comunidad? Este es un llamado desde el corazón “CUIDAR EL AGUA ES CUIDAR LA VIDA”. Si logramos que el saber se convierte en práctica habremos sembrado la esperanza de que los arroyos, los ríos, el acuífero y las guas lloradas o subterráneas dejen de pedir auxilio y empiecen nuevamente, a respirar con nosotros.

 

 

jueves, 2 de julio de 2026

Columna de Opinión

Propuesta para reducir el déficit fiscal 

Por: Remberto Merlano Rueda



Según informe de la Superintendencia de Sociedades a diciembre del 2025 las 10 mil empresas más grandes del país tuvieron ventas por $1.852 billones equivalentes al 99% del PIB, si existiera un impuesto al consumo del 12% para todo lo que se vende se recaudarían en la fuente $222 billones y no $64 billones que fue lo recaudado por IVA en el 2025, por renta se recaudaron en el 2025 la suma de $103 billones para un recaudo total de renta más IVA de $167 billones, se colocaría un impuesto al consumo para bienes suntuarios (vehículos de alta gama, whisky, vinos, etc. del 35%), compra venta de propiedades con valores superiores a $1.000 millones del 15%, se recaudarían por dichos impuestos sin incluir renta un valor cercano a $250 billones, (esto permitiría hacer una devolución de $500.000 x mes a 10 millones de personas de estratos 1 y 2 para compensar el impuesto al consumo sobre todos los productos y con un costo fiscal anual de $60 billones), por lo que se tendría un recaudo neto de $190 billones superior a lo recaudado en el 2025 de $64 billones por concepto de IVA.


El recaudo total de impuestos realizados por la DIAN en el 2025 fueron de $296 billones lo cual implica que aparte de renta y de IVA se recaudaron por otros conceptos (4 x 1000, aranceles, etc.) la suma de $129 billones, esto nos daría un ingreso total de $319 billones sin aún gravar rentas, el PGN para el 2026 está aforado en $530 billones (reales) aunque fue aprobado por $546 billones sujetos a una reforma tributaria por $16 billones la cual no fue aprobada por el Congreso de la República, sobre la base de $546 billones los gastos de funcionamiento se estimaron en $360 billones (aquí se hace necesario hacer un ajuste de por lo menos $60 billones mediante recortes del tamaño del estado) con lo cual el PGN quedaría en $486 billones y tocaría reperfilar el servicio de la deuda (alargando plazos y bajando intereses) pudiendo reducir aproximadamente $26 billones, tendríamos un presupuesto real ajustado de $460 billones contra un ingreso de $319 billones, colocando el imporenta al 60% de lo que está hoy, se deberían recaudar $60 billones más $21 billones de otros ingresos (banco de la República, Grupo Ecopetrol, ANH, etc.) lo que daría un ingreso anual de $400 billones versus un gasto de $460 billones generándose un déficit de $60 billones (3.2% del PIB del 2025, déficit primario totalmente manejable).


Déficit que se cubriría con mayor crecimiento del PIB, el cual debería crecer del 2,6 actual (al 4-5% anual) que se puede conseguir atrayendo capitales nacionales y extranjeros. Adicionalmente se puede colocar un impuesto del 10% sobre las remesas que ingresan al país por valor aproximado de USD$ 13.500 millones lo que daría un recaudo aproximado de 4.5 billones y otro impuesto a las ventas de divisas que se transan anualmente en el país del orden de USD$340 mil millones equivalentes a 58.5 billones para un total de $63 billones.


Con estos ajustes al sistema tributario colombiano lograríamos un equilibrio entre tributos y gastos que nos permiten hacer sostenibles en el tiempo las reformas sociales, aumentar los empleos permanentes, seguir reduciendo la miseria y la pobreza logrando un país más equitativo, reduciendo la evasión y la elusión que tenemos hoy en día y logrando una mayor progresividad impositiva. 

miércoles, 1 de julio de 2026

Columna de Opinión

¡Las heridas siguen latentes!


Por: Alfonso Hamburger



En Sincelejo los puentes festivos son súper largos y el centro muere temprano. Por la mañana la ciudad es tranquila, han mermado las camisetas de Colombia y aún la gente se lamenta del dedo grande del pie de Davinson  Sánchez, por el que nos anularon el gol del triunfo frente a Portugal, repitiéndose lo de Yepes.

El gobierno nuevo no se ha posesionado y ya la gente anda decepcionada, las discusiones en las esquinas a veces son con machete en mano.

Aún perviven las heridas de las guerras recientes, el vendedor de camisetas se lamenta de que han bajado las ventas por cuestiones políticas.

Mientras hago la cola para el dispensador de medicinas, por ventanilla, dos hombres hablan de la incierta suerte del país. Ambos me conocen y me saludan. Se alegran de que sea yo y uno me pide un autógrafo. Lo despachan y se va.

Por la conversa deduzco que el de cachucha, de acento cachaco, en pantalón recortado, es de derecha. Me conoce desde que yo escribía en El Heraldo. Es jubilado de la policía desde los 39 años. Tiene 62. O sea lleva 23 años como pensionado. Es un hombre de armas, con 21 años como policía. Los pensionan con 20 años de servicio. En sus ojos se le nota que es un hombre curtido en la guerra. Los nuevos se pensionan con 25 años .

Les pagan dos primas.

Me confiesa que es escolta de un hombre de empresa y que en el ejercicio tuvo que dar de baja a un hombre de 79 años.  Fue en defensa personal, porque el agresor sustrajo una carabina de un auto y empezó a disparar. Fue impactado dos veces. Un tiro le dio en la clavícula y otro le destrozó un dedo de la mano. No tuvo más remedio que disparar su arma de dotación. Dos tiros fueron suficientes.

Duro seis meses en una clínica y en el proceso quedó libre por legítima defensa.

Este tipo de historias hacen parte de un país fracturado por la violencia y por la mala atención en salud.

La gente sabe que cada día es peor, que avanzamos a un abismo, que vivimos en un país donde las víctimas y los desplazados (Sincelejo tiene un 33 por ciento de víctimas y desplazados) se encuentran en las largas colas donde siempre falta un papel.

El ex policía y ahora escolta a domicilio recibe su pedido y se va (lleva dos tiros en su humanidad) con un muerto (muñeco) entre pecho y espalda y sabe que no puede descuidarse, porque atravesó la guerra y sabe que tiene que cuidarse. Anda arisco y con razón.

Son las historias cotidianas que valen más que cualquier opinión.

Columna de Opinión

De las quejas a la acción colectiva

Por: Juan Carlos Monterroza



Durante años, los sincelejanos hemos hablado de los problemas de la ciudad: las vías, el transporte, el espacio público, la inseguridad y la falta de oportunidades. Sin embargo, pocas veces nos hemos preguntado qué podemos hacer, como ciudadanos, para contribuir a las soluciones.

Las grandes transformaciones de las ciudades no nacen únicamente en las alcaldías o en las oficinas gubernamentales. Nacen también de la capacidad de la gente para organizarse, trabajar en equipo y defender causas comunes. El desarrollo de una ciudad es el resultado de una ciudadanía activa y comprometida.

Por eso, Sincelejo necesita dar un paso adelante: pasar de la simple sensibilización a la creación de grupos de acción ciudadana. Grupos integrados por vecinos, jóvenes, empresarios, líderes comunitarios, académicos y organizaciones sociales que se unan alrededor de objetivos concretos para la ciudad.

La idea no es crear más divisiones ni movimientos políticos. Se trata de construir espacios de participación donde los ciudadanos puedan identificar problemas, proponer soluciones y hacer seguimiento a los proyectos de interés colectivo.

¿Por qué no crear un grupo de acción por la movilidad? ¿Otro por el medio ambiente y la arborización? ¿Uno dedicado a la recuperación de los espacios públicos o a la promoción del turismo y la cultura? Las posibilidades son muchas.

Las ciudades que han logrado importantes avances han contado con ciudadanos organizados, capaces de ejercer presión positiva sobre las autoridades y de convertirse en aliados de los gobiernos para sacar adelante iniciativas de largo plazo.

En Sincelejo existe talento, capacidad de liderazgo y un enorme sentido de pertenencia. Lo que muchas veces falta es organización. Cada persona trabaja desde su propio espacio, pero pocas veces se construyen esfuerzos colectivos.

Los grupos de acción ciudadana pueden convertirse en verdaderos laboratorios de ideas y en puentes entre la comunidad y las instituciones. Pueden promover campañas, formular propuestas y mantener vivo el debate sobre el futuro de la ciudad.

Más que preguntarnos qué puede hacer la ciudad por nosotros, debemos preguntarnos qué podemos hacer nosotros por Sincelejo. El progreso no llegará únicamente por decreto. Llegará cuando los ciudadanos entiendan que tienen el poder de convertirse en actores del cambio.

El futuro de Sincelejo dependerá de nuestra capacidad para unirnos alrededor de propósitos comunes. La ciudad que soñamos no se construirá desde la indiferencia ni desde la crítica permanente. Se construirá con participación, organización y trabajo colectivo.

Porque una comunidad organizada es más fuerte, más escuchada y más capaz de transformar su realidad. Ha llegado el momento de que los sincelejanos pasemos de las palabras a los hechos y entendamos que cuando los ciudadanos se unen en grupos de acción, el desarrollo deja de ser una promesa y comienza a convertirse en una realidad.

martes, 30 de junio de 2026

Columna de Opinión

Archipiélago Gulag

Por: Héctor Merlano Garrido



El Archipiélago Gulag, escrito por Alexander Solzhenitsyn, es una obra destinada a describir el sistema represivo de la dictadura estalinista. La palabra "Gulag" corresponde a las siglas de la Dirección General de Campos de Trabajo Correctivo, organismo que administró la extensa red de campos de trabajo forzado en la Unión Soviética durante buena parte del período comprendido entre 1918 y 1956.


Aunque la obra estaba terminada desde 1968, Solzhenitsyn decidió no publicarla de inmediato. En el frontispicio del libro escribió:


«"Con el corazón oprimido, durante años me abstuve de publicar este libro. El deber para los que aún vivían podía más que el deber para con los muertos. Pero ahora que, pese a todo, ha caído en manos de la Seguridad del Estado, no me queda más remedio que publicarlo inmediatamente."»


El sufrimiento descrito en esta obra ha llevado a muchos analistas a establecer paralelos con otros regímenes de inspiración comunista o autoritaria. Desde esa perspectiva, algunos consideran que prácticas de persecución política, concentración del poder y restricción de las libertades se han reproducido, en diferentes grados y contextos, en países como Venezuela, Cuba y Nicaragua.


En opinión de quienes sostienen esta visión, el resultado de la última elección representa una oportunidad para evitar que Colombia transite por un camino semejante. También advertimos que algunas regiones del país ya padecen la violencia y el control ejercido por organizaciones armadas ilegales, donde la voluntad de las armas prevalece sobre la autoridad del Estado, a merced de grupos como el ELN, las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo.

viernes, 26 de junio de 2026

Columna de Opinión

Cerrar el chorro de la corrupción

Por: Carlos Pérez Domínguez



Me llamó un habitante de La Mojana. Me dijo que se encontraba esperanzado con el nuevo gobierno que encabezará el abogado, Abelardo De la Espriella. El tono de la voz que hablaba era de alguien ilusionado. La prioridad, me dijo, era el cierre de Cara e’ Gato. Así lo prometió también el hoy presidente electo en una visita que realizó a esa zona de La Mojana, el pasado 10 de junio.

En esa ocasión, De la Espriella sostuvo que desconocía puntualmente las obras que se deben acometer para cerrar el chorro, pero que acudiría a expertos para hacerlo. La gente agolpada alrededor del improvisado escenario aplaudió entusiasmada las declaraciones del abogado.

A partir del próximo 7 de agosto, Abelardo De la Espriella será el Presidente de Colombia. Desde ese día los colombianos que lo ayudaron a elegir esperan que las promesas hechas se conviertan en realidad. Y en lo relacionado con La Mojana que cierre Cara e’ Gato. Pero cerrar un chorro es la punta del iceberg. La Mojana tiene problemas tan extensos y complejos como su geografía.

De todos esos problemas que van desde la contaminación a la precaria prestación de servicios básicos, quiero centrarme en uno: la corrupción. Si para algo han servido las múltiples inundaciones en esa zona del país ha sido para enriquecer a contratistas cercanos al poder en Bogotá y quizás a un puñado, por no decir más, de alcaldes y políticos locales. Para estos avivatos que La Mojana se inunde es una buena noticia.

Y mientras para una parte de quienes deben dar solución, las inundaciones sean un sinónimo de lucro, pues no habrá presidente por más bien intencionado que sea que pueda ponerle coto al histórico lastre mojanero. Pues los encargados hacen obras de pésima calidad, quedándose con las mayores partidas del presupuesto, esperando que la siguiente creciente arrastre lo construido y el ciclo de corrupción se recicla.  

De ahí que el nuevo gobierno deberá saber escoger a quienes liderarán la búsqueda de una solución para Cara e’ Gato y las obras estructurales de La Mojana. Para que la ilusión que envuelve a los mojaneros no se transforme en un nuevo capítulo de desilusión y abandono.

El presidente electo deberá rodearse de personas serias y honestas, como le aconsejó recientemente su padre, pues “quien roba es tan responsable como quien deja robar”, sentenció el veterano De la Espriella Juris. 

Columna de Opinión

Hacia dónde va Sincelejo


Por: Manuel Medrano



Varias veces nos hemos referido a la capital de Sucre con profunda preocupación. Hemos dicho que Sincelejo se ha quedado congelada en el tiempo, que parece no tener dolientes y que gran parte de la ciudadanía ha perdido el sentido de pertenencia. A muchos parece no importarles que la ciudad continúe transitando por la ruta de la pobreza y el atraso.


Pasaron las elecciones presidenciales y de inmediato comenzaron a surgir nombres de quienes aspiran a gobernar Sincelejo. Entre ellos aparece Jacobo Quessep, cuya pasada administración merece un escrutinio serio. Vale la pena preguntarse: ¿Qué obras dejó para la posteridad? Su reciente renuncia a la Secretaría de Educación Departamental deja claro que se prepara para regresar a la contienda por la Alcaldía.


También renunció a la Asamblea Departamental de Sucre el diputado Rafael González, un dirigente joven que, según se dice, viene construyendo propuestas junto a un equipo de asesores para definir qué es lo que más le conviene a Sincelejo.


Ojalá quienes aspiren a gobernar lleguen con el verdadero propósito de transformar una ciudad que se ha quedado rezagada frente a las demás capitales de la Región Caribe.


Mientras tanto, también se sabe que el actual alcalde, Yahir Acuña, pese a las críticas que ha recibido durante su administración, ya tendría su propio candidato para sucederlo. Y si algo hay que reconocerle, es que sabe cómo ganar elecciones.


Solo los mejores deberían tener la oportunidad de acceder al poder para impulsar el desarrollo de la ciudad. Sin embargo, el clientelismo y la compra de votos siguen siendo los principales obstáculos para fortalecer la democracia local.


En Sincelejo muchas personas parecen votar por compromisos adquiridos y no pensando en la ciudad que todos merecemos.


Sincelejo necesita recuperar sus calles y rescatar a esa enorme población que sobrevive en condiciones de pobreza extrema. Necesita una terminal de transporte moderna, un sistema de transporte público organizado, eficiente y bien conectado. Necesita una verdadera ruta turística que permita mostrar su riqueza cultural, gastronómica y artesanal, porque hoy un visitante llega y no encuentra con claridad qué hacer ni qué conocer.


También necesita ordenar la movilidad. Los mototaxistas merecen respeto, pero también deben cumplir las normas que establece la ley: utilizar casco y chaleco reglamentario, respetar las señales de tránsito y contribuir a una cultura vial responsable.


Sincelejo necesita recuperar la cultura ciudadana, fortalecer la seguridad para que sus habitantes puedan caminar por las calles sin temor a ser víctimas de la delincuencia, mejorar la calidad de la educación y ampliar las oportunidades mediante becas para los jóvenes de escasos recursos.


Todo esto lo sabemos desde hace muchos años. Lo que ha faltado es la voluntad política para convertir esas necesidades en realidades.


Se acerca una nueva elección y esta vez no podemos equivocarnos. Es la hora de votar con conciencia, responsabilidad y pensando en el futuro de la ciudad, no en favores personales ni en intereses particulares.


A los candidatos les corresponde dejar los discursos y presentar propuestas serias, viables y medibles. A los ciudadanos nos corresponde exigir resultados y elegir con criterio.


Sincelejo necesita un nuevo rumbo. Sincelejo necesita un buen alcalde.

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