Las huertas caseras
Por Alfonso Hamburger
Nuestro padre solía decir que ningún perro lamiendo engorda, que le gustaba la comida gruesa, esa que cuajara un buen "mojón", de allí que esta generación superó los noventa años de vida y pelearon contra el aburrimiento y hasta con la peste de La Langosta,
Todo esto a raíz de un simpático incidente en un centro comercial ( ya no se puede tertuliar allí por exceso de ruido) con el veterano líder Juan Martínez, chofer de plaza y ecologista, todo por una broma que le gastamos ,al recordarle que tiene más de cuarenta años que no siembra una mata de yuca ni soguea un burro en el patio. Esa ruralidad se acabó. Y pese al incremento de un cinco por ciento el año pasado en la producción del campo, es la triste realidad. El campesino que prueba el agua de tanque y la luz eléctrica, no mira atrás.
En Sincelejo, comunidades indígenas como la de San Miguel, pegada a Venecia, se vieron rodeadas por el cemento. Lo citadino acabó la ruralidad. La moto desplazó al burro. Y el celular les dio una estocada final.
El último alcalde de Sincelejo que habló de huertas casera productivas fue Jorge Ospina, pasó como con las casas sin cuotas iniciales de Belisario Betancourt, la seguridad alimentaria va mucho más allá de una discusión callejera con el indio Cristhofer y Juancho Martínez, quizás un símbolo desperdiciado, porque aquí no nos préstamos atención, mientras la gente se va volviendo loca,
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