¿Cómo salir del closet? El poder de liderar
Por: Sonia Gómez Taboada
Un líder consciente es aquel que trasciende el ego y opera desde un nivel superior de madurez personal. No se limita a incorporar prácticas humanistas o a emplear un lenguaje amable; implica una transformación interior profunda, una manera distinta de experimentarse y de relacionarse con los demás. Su propósito está en el servicio, el bien común y la responsabilidad ética. El liderazgo consciente exige coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace, y se fundamenta en el autoconocimiento, la autenticidad y la capacidad de integrar y escuchar a todas las partes.
Como columnista, me pregunto: ¿por qué una mirada estructurada, racional y visionaria cree que las cosas no pueden cambiar en Sucre? ¿Por qué siempre ganan quienes manipulan al elector? ¿Por qué ese tipo de poder acaba imponiéndose, incluso cuando la evidencia muestra que el rumbo es equivocado?
La respuesta, aunque incómoda, es profundamente humana. Las estructuras sociales y políticas están diseñadas para perpetuar el statu quo. Nos enseñan que el cambio es peligroso, que la estabilidad es preferible a la incertidumbre. Así, la ciudadanía se convierte en espectadora, en masa de maniobra, en pieza de un juego que no controla. El miedo a perder lo poco que se tiene, la resignación ante la repetición de los mismos rostros y discursos, y la comodidad de la queja sin acción, hacen que el ciclo se repita. El poder estructurado triunfa porque se adapta, sabe disfrazarse de cambio sin serlo y utiliza la inconsciencia colectiva como combustible. Los liderazgos predominantes actuales se identifican por el miedo a cambiar, a perder privilegios, a ser transparentes, nos mantienen en el closet de la inconsciencia.
Durante décadas, el crecimiento del PIB de Sucre ha estado por debajo del promedio nacional. En 2025, mientras Colombia creció al 2,6%, Sucre apenas alcanzó el 1,8%. La economía depende del sector público: administración, defensa, educación y salud. El aparato estatal es el principal dinamizador —o bloqueador— del desarrollo. Así, la calidad del liderazgo público impacta directamente en el bienestar colectivo.
El punto de quiebre está ahí, latente. No es externo, es interno. Cambiar el rumbo exige que tanto líderes como ciudadanos se atrevan a mirar más allá de la estructura, a cuestionar el miedo, a asumir la responsabilidad de transformar. El liderazgo consciente no es solo una aspiración ética; es una necesidad urgente para romper el ciclo de manipulación y resignación. El punto de quiebre no solo está en los líderes, sino también en la sociedad que los elige y sostiene.
Salir del closet, en este contexto, significa que la ciudadanía asume su proceso de consciencia. Deja de ser utilizada como masa de maniobra electoral y se convierte en protagonista de su destino. Deja de culpar a los gobernantes y asume la responsabilidad de exigir, participar y transformar. El punto de quiebre es individual y colectivo: cuando líderes y ciudadanos deciden mirar hacia adentro, asumir su propia transformación y liderar desde la madurez.
¿Cómo cambiar el rumbo?
La ciudadanía debe exigir y comprender qué es un liderazgo maduro.
Las instituciones deben formar dirigentes alineados con modelos de liderazgo
consciente.
Los líderes deben atreverse a evolucionar interiormente; ningún cambio estructural
será sostenible si no comienza por la propia transformación.
Sucre no está condenado. Está esperando líderes y ciudadanos que salgan del closet de la inconsciencia y actúen desde un nivel distinto. Ese cambio no empieza en las instituciones, sino en el interior de cada persona llamada a liderar y ser protagonista de un destino brillante. Al cambiar lo que observamos, como votamos, el nivel de autoengaño, iniciamos la salida de esta historia que hasta ahora nos ha mantenido en la pobreza y el atraso.
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