Sobre geografía, lanchas y vallenato TikTok
Por: Deison Luis Dimas Hoyos
Hace pocos días presenciamos por las redes sociales y medios de
comunicación un “debate” provocado por la entrega de unas lanchas ambulancia
para fortalecer la red de salud en La Guajira. La controversia giró en torno a
una pregunta: ¿por qué las lanchas fueron entregadas al hospital de Maicao, si ese
municipio no tiene “mar ni río”? Aprovechando la turbulencia desinformativa, los
expertos de ocasión de las redes sociales no tardaron en calificar el hecho como
despilfarro, inundando la red de ‘memes’ que representaban lanchas navegando sobre
el desierto.
No ahondaré sobre esto de las lanchas, pues el tema fue oportunamente
aclarado por la institucionalidad y por los conocedores del territorio guajiro.
Para quienes deseen profundizar, recomiendo esta explicación compartida por un
amigo experto: https://www.youtube.com/shorts/cJTZbr7c_Uo.
Sin embargo, me interesa analizar una de las raíces de esta
polémica: la crisis de la enseñanza geográfica. Este debate sobre las lanchas,
como muchos otros, evidencia cómo “La Geografía” ha sido menospreciada
en el sistema educativo, aspecto que ha impedido un reconocimiento adecuado de
nuestro territorio.
En mi época de estudiante, la columna vertebral del curso de geografía
se cimentaba en tres pilares de enseñanza: i) memorizar departamentos y capitales;
ii) calcar croquis de los diferentes sistemas geográficos; y iii) identificar comidas,
bailes y trajes típicos en el mejor de los casos. En este orden de ideas, me
temo que, salvo algunas excepciones, este esquema de enseñanza geográfica no ha
evolucionado mucho, manteniendo un profundo desconocimiento sobre las
características políticas, sociales y culturales de nuestras regiones.
En mi caso, la música vallenata permitió el primer acercamiento real con el territorio nacional —especialmente, la región Caribe—.
Frente a esta falencia, existe un pilar pedagógico muy poco
explorado para comprender nuestra geografía: la música. En mi caso, la música
vallenata permitió el primer acercamiento real con el territorio nacional
—especialmente, la región Caribe—. En la lírica de algunos vallenatos clásicos encontré
una cualidad pedagógica: sus letras me permitieron conocer la geografía física,
identificar topónimos homónimos y comprender las vicisitudes de lugares
remotos.
Rafael Escalona, por ejemplo,
en la canción El testamento menciona un pueblo llamado Valencia
(homónimo de Valencia, Córdoba), y a la vez, traza un recorrido por la sabana, pasando
por Caracolicito y llegando a Fundación.
Como ese ejemplo hay muchos otros, canciones que hacen mención a
los pueblos y letras donde el paisaje y el panorama cultural de las regiones son
los protagonistas y hacen parte del arco narrativo:
A mi papá: Mi papá es un hombre sano/ Que
vive allá en Carrizal/ Carrizal es una finca/ Que está cerca de La Junta/La
Junta es un bello pueblo a donde nació Diomedes/. (Canta Diomedes Díaz,
composición de Diomedes Díaz).
Mi novia y mi pueblo: Pero noté que nada había
cambiado en mi pueblo/ todas las cosas que yo había dejado seguían/ el mismo
cerro lleno de tristeza/ las mismas calles llenas de recuerdos/ la misma torre
vieja de la iglesia / dándole bienvenida al forastero/(Canta Rafael Orozco,
composición de Octavio Daza).
Tierra de cantores: Si es que está en Fonseca/El
pueblo y San Agustín
Conmemorando el festín/ De esta tierra de cantores/ En donde los acordeones/Saben
llorar y reír/ En donde los acordeones/ Saben llorar y reír/ (Cantan Los
Hermanos Zuleta, composición de Carlos Huertas).
Lamentablemente, ese vallenato de antaño, al igual que la
enseñanza de la geografía, ha sido relegado por estructuras repetitivas supeditadas
al mercado musical. Esta tendencia ya no menciona pueblos y, además,
invisibiliza las particularidades de los mismos en las letras de las canciones.
Hoy, las composiciones vallenatas navegan en un escenario de ‘viralidad’
digital para hacerse notar o, como se dice en el argot popular, para poder
‘pegar’. De hecho, en lo que podemos denominar como el Vallenato Tiktok,
las canciones son diseñadas con una estructura que tiene un estribillo pegajoso
y unos “pases de baile sencillos” para generar resonancia con hasthag en
shorts y challenges.
Ejemplos recientes como El Secuestro (Autor: Juan Fabio
Lagos / Cantante: Mono Zabaleta) o Directo al Cora (Autor y Cantante:
Diego Daza) evidencian esta transición hacia canciones que parecen más jingles
publicitarios y comerciales de margarinas, alejadas de las narraciones propias del
folclor vallenato.
El vallenato TikTok si bien es viral, tiene componentes
superficiales que ignoran los territorios y los pueblos — otrora protagonistas
de nuestra música— y haciéndolos invisibles para las nuevas generaciones. La
prueba más fehaciente de este vacío territorial se encuentra en la mayoría de
los álbumes vallenatos lanzados en el año 2025.
Para probar lo anterior, me puse a escuchar y analizar las
letras de las canciones de los siguientes álbumes de vallenato lanzados en el
año 2025: La Avalancha (Diego Daza); El último baile (Silvestre Dangond); El
Vallenato que me gusta (Oscar Gamarra); Brutal (Mono Zabaleta); La Jerarquía
(Peter Manjarrez); Dejando Huella (Martín Elías Jr.) De amor nadie se muere
(Karen Lizarazo) y El Heredero (Samuel Morales).
De un total de 115 canciones analizadas, a duras penas dos (2)
mencionan algunos lugares del territorio nacional como parte de la narrativa de
la canción, estas son:
Ay, viеne el buitre dе Villanueva/
Es hijo 'e Mile, es una fiera (nueva versión de la canción el Buitre, autor
Julio Oñate canta Silvestre Dangond)
Y le saqué la artillería
completa/Le mandé flores le hice la visita/Y como tiene un toque de coqueta/
Amanecimos juntos en Barranquilla (canción Despertó el León, autor Tavo
Somoza, canta Peter Manjarrez).
En el resto de canciones, los territorios son inexistentes en el
marco de la narrativa, solo se hace mención de ellos en los famosos saludos a
personajes de la región, políticos, amigos y a la fanaticada.
Finalizo con lo siguiente, el vallenato tiktok deambula sin un horizonte definido, con canciones que tienen una constante compositiva plana pero sin plano geográfico, transita en una lancha que no puede despegar porque navega en un escenario desierto, sin son, ni mucho menos territorio.
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