martes, 3 de marzo de 2026

Columna de Opinión

Sucre en la encrucijada

Por: Carlos Enrique Paternina



El informe 'Colombia: Disparidades Regionales y el Camino a la Integración' del Banco Mundial ubica a Sucre en el grupo de departamentos de ingreso intermedio con potencial subactivado. A sus 59 años institucionales, la pregunta no es si el departamento tiene activos: es si tiene la decisión estratégica para convertirlos en desarrollo.

El mapa del Banco Mundial: cuatro Colombias, y Sucre en el medio

El informe del Banco Mundial, publicado en diciembre de 2025, clasifica los 32 departamentos de Colombia en cuatro regiones estructurales según nivel de ingresos, diversificación económica y capacidades institucionales. La conclusión central es tan directa como incómoda: las brechas regionales no son accidentales; son el resultado acumulado de modelos productivos, inversiones y decisiones institucionales sostenidas en el tiempo —o de su ausencia.

Sucre queda catalogado en la Región 3, junto a Córdoba, Bolívar, Magdalena, Cauca, Huila, Norte de Santander, Nariño, Tolima y Caquetá. Son departamentos de ingresos intermedios que comparten rasgos con las regiones más desarrolladas, pero sin haber logrado consolidar ninguno de ellos a profundidad. Un territorio a medio camino: ni la diversificación industrial de Antioquia o el Valle, ni la riqueza energética de Meta o Casanare, ni los fondos de conservación disponibles para la Amazonía.


"Los departamentos más ricos están mejor conectados y más urbanizados, pero lejos de las costas y con desafíos urbanos que frenan las sinergias de aglomeración. Este modelo produce un patrón mercado-internista, de poca competitividad, que perpetúa la baja productividad y la fragmentación geográfica."


Para la Región 3, el Banco Mundial recomienda estrategias diferenciadas según localización. Para los departamentos del Caribe —entre los que se cuenta Sucre—, la hoja de ruta apunta hacia una mayor integración comercial, el aprovechamiento de la posición costera y la reducción de los costos de conectividad hacia centros económicos nacionales e internacionales. Son recomendaciones que, leídas sobre el mapa de Sucre, resultan casi un espejo de sus oportunidades históricamente desaprovechadas.

Activos sin activar: un diagnóstico que el Banco Mundial confirma

Con motivo de los 59 años de vida institucional del departamento, sostuve en la última columna de opinión que Sucre no es un territorio carente de recursos: tiene litoral estratégico en el Golfo de Morrosquillo, vocación agropecuaria, biodiversidad, potencial energético y una estructura urbana intermedia. El problema, argumenté entonces, no es de diagnóstico sino de decisión estratégica. El informe del Banco Mundial llega exactamente a la misma conclusión, aunque desde una perspectiva técnica y comparada de escala global.

El organismo advierte que ciertas regiones y sectores se han beneficiado de la reconfiguración de las cadenas globales de valor, revelando capacidades latentes que pueden potenciarse con políticas adecuadas. Colombia ganó mercados por 730 millones de dólares gracias al desvío de comercio chino hacia Estados Unidos. Pero esas ganancias se concentraron en departamentos con mayor integración productiva previa. Sucre no fue protagonista de ese episodio —y la razón no es geográfica: es estructural.


"En Sucre la economía agropecuaria sigue operando bajo lógicas primarias, con baja tecnificación, escasa articulación a cadenas de valor y débil integración agroindustrial. El resultado es conocido: bajo valor agregado, empleo precario y limitada capacidad de acumulación territorial."


La coincidencia entre el diagnóstico del Banco Mundial y mi análisis previo no es fortuita: ambos apuntan al mismo nudo. Lo que el informe multilateral llama 'capacidades latentes' es lo mismo que he denominado 'activos subactivados'. Son dos formas de decir lo mismo: el potencial existe, la decisión no ha llegado.

El Golfo de Morrosquillo: activo geoeconómico o postal turística

Uno de los puntos de mayor convergencia entre el informe del Banco Mundial y mi propia lectura del territorio es el papel del litoral. El organismo destaca que la integración comercial costera es la palanca diferencial para los departamentos del Caribe en la Región 3. Sucre tiene 110 kilómetros de costa en el Golfo de Morrosquillo —uno de los litorales de menor exposición al oleaje en el Caribe colombiano—, una condición que en otras latitudes ha servido de base para desarrollar economías marítimas sofisticadas: logística portuaria, pesca industrializada, energías offshore, turismo de alto valor.

He sostenido antes que el Golfo ha sido gestionado como paisaje y no como sistema económico. No existe una hoja de ruta integrada que articule infraestructura portuaria, ordenamiento costero, inversión privada y regulación ambiental. La decisión de tratarlo como activo estratégico —o de seguir administrándolo como destino estacional— es, precisamente, el tipo de elección que el Banco Mundial identifica como determinante para cerrar brechas en regiones intermedias.


Planeación episódica versus gobernanza estratégica: la trampa institucional

El informe del Banco Mundial dedica un capítulo central a las condiciones institucionales del desarrollo territorial. Identifica al Sistema General de Participaciones (SGP) como el principal instrumento de nivelación, pero señala que ciertos elementos del sistema generan ineficiencias: la falta de claridad sobre qué nivel de gobierno tiene responsabilidad sobre qué funciones, la débil autonomía subnacional en el manejo de recursos y la ausencia de condicionalidades por desempeño.

En Sucre, estas ineficiencias sistémicas se superponen a una debilidad propia que he documentado: la planeación episódica. Cada periodo de gobierno redefine prioridades, reinterpreta diagnósticos y reconfigura apuestas. No existe continuidad estratégica que permita madurar sectores, consolidar clústeres o estructurar ventajas competitivas de largo plazo. La consecuencia es un patrón de dispersión presupuestal: infraestructura que no responde a un modelo productivo, inversiones que no se integran y programas que se reinician en cada administración.

El Banco Mundial señala tres líneas de acción para departamentos como Sucre: cerrar brechas de capital humano, implementar políticas horizontales de crecimiento —estabilidad macroeconómica, acceso a mercados internacionales, entorno empresarial propicio— y complementar con políticas de lugar específicas. La segunda y la tercera línea requieren, como condición previa, exactamente lo que he reclamado desde estas páginas de opinión: coordinación multinivel efectiva, instrumentos de planeación vinculantes y participación del sector privado y la academia en la definición de apuestas productivas.


La disyuntiva: periferia administrativa o actor regional con identidad productiva

El informe del Banco Mundial advierte que el estancamiento urbano en departamentos intermedios mantiene salarios bajos y empuja la expansión agropecuaria extensiva, elevando la deforestación y comprometiendo el capital natural. Para Sucre, con una cobertura significativa de ecosistemas de ciénaga, sabana inundable y bosque seco tropical, esta dinámica tiene implicaciones directas: sin una transición productiva, la presión sobre los territorios biodiversos seguirá creciendo.

La pregunta que he planteado en mi análisis previo —¿será Sucre un proveedor permanente de materias primas, o construirá una posición como nodo agroindustrial y marítimo competitivo en el Caribe?— es la misma que implícitamente formula el Banco Mundial para toda la Región 3. La respuesta no está dada por la geografía ni por los recursos naturales. Está dada por las decisiones que los actores políticos, empresariales y académicos del departamento sean capaces de sostener en el tiempo.

La ventana no está cerrada. El informe del Banco Mundial identifica una reconfiguración de cadenas globales de valor en curso que genera oportunidades para regiones con encadenamientos productivos latentes. Sucre tiene los insumos: litoral, agroindustria potencial, energías renovables, turismo, capital humano en formación. Lo que aún falta es la arquitectura institucional que convierta esos insumos en una trayectoria de desarrollo sostenida.


Conclusión: el diagnóstico sobra, la decisión escasea

Cincuenta y nueve años después de su creación, Sucre tiene algo que muchos territorios no tienen: un diagnóstico claro, compartido y ahora validado por un organismo de la talla del Banco Mundial. Lo que el informe multilateral llama 'capacidades latentes' coincide punto a punto con lo que vengo señalando desde el análisis territorial local. No se trata de una coincidencia menor: cuando la lectura interna de un territorio y la mirada técnica global convergen en el mismo diagnóstico, el problema ya no puede atribuirse a falta de información.

El camino que el Banco Mundial traza para departamentos como Sucre no es el de la resignación periférica, sino el de la integración estratégica: mayor apertura comercial, aprovechamiento de la posición costera, fortalecimiento de la gobernanza subnacional y políticas de lugar coherentes con un modelo productivo definido. Ese camino no lo recorre un solo gobierno ni en un solo periodo. Lo recorre un pacto territorial sostenido en el tiempo.

La historia no espera. Tampoco las oportunidades que la reconfiguración de la economía global está abriendo para los territorios que sepan leerlas. La pregunta sigue vigente: ¿llegará Sucre tarde a su propia oportunidad, o asumirá por fin el liderazgo de su destino?

 

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