Sucre en la encrucijada
Por: Carlos Enrique Paternina
El informe 'Colombia: Disparidades Regionales y el Camino a la Integración' del Banco Mundial ubica a Sucre en el grupo de departamentos de ingreso intermedio con potencial subactivado. A sus 59 años institucionales, la pregunta no es si el departamento tiene activos: es si tiene la decisión estratégica para convertirlos en desarrollo.
El
mapa del Banco Mundial: cuatro Colombias, y Sucre en el medio
El informe del Banco Mundial, publicado en diciembre
de 2025, clasifica los 32 departamentos de Colombia en cuatro regiones
estructurales según nivel de ingresos, diversificación económica y capacidades
institucionales. La conclusión central es tan directa como incómoda: las
brechas regionales no son accidentales; son el resultado acumulado de modelos
productivos, inversiones y decisiones institucionales sostenidas en el tiempo
—o de su ausencia.
Sucre queda catalogado en la Región 3, junto a
Córdoba, Bolívar, Magdalena, Cauca, Huila, Norte de Santander, Nariño, Tolima y
Caquetá. Son departamentos de ingresos intermedios que comparten rasgos con las
regiones más desarrolladas, pero sin haber logrado consolidar ninguno de ellos
a profundidad. Un territorio a medio camino: ni la diversificación industrial
de Antioquia o el Valle, ni la riqueza energética de Meta o Casanare, ni los
fondos de conservación disponibles para la Amazonía.
"Los departamentos más ricos están mejor conectados y más urbanizados, pero lejos de las costas y con desafíos urbanos que frenan las sinergias de aglomeración. Este modelo produce un patrón mercado-internista, de poca competitividad, que perpetúa la baja productividad y la fragmentación geográfica."
Para la Región 3, el Banco Mundial recomienda
estrategias diferenciadas según localización. Para los departamentos del Caribe
—entre los que se cuenta Sucre—, la hoja de ruta apunta hacia una mayor
integración comercial, el aprovechamiento de la posición costera y la reducción
de los costos de conectividad hacia centros económicos nacionales e
internacionales. Son recomendaciones que, leídas sobre el mapa de Sucre,
resultan casi un espejo de sus oportunidades históricamente desaprovechadas.
Activos
sin activar: un diagnóstico que el Banco Mundial confirma
Con motivo de los 59 años de vida
institucional del departamento, sostuve en la última columna de opinión que
Sucre no es un territorio carente de recursos: tiene litoral estratégico en el
Golfo de Morrosquillo, vocación agropecuaria, biodiversidad, potencial
energético y una estructura urbana intermedia. El problema, argumenté entonces,
no es de diagnóstico sino de decisión estratégica. El informe del Banco Mundial
llega exactamente a la misma conclusión, aunque desde una perspectiva técnica y
comparada de escala global.
El organismo advierte que ciertas
regiones y sectores se han beneficiado de la reconfiguración de las cadenas
globales de valor, revelando capacidades latentes que pueden potenciarse con
políticas adecuadas. Colombia ganó mercados por 730 millones de dólares gracias
al desvío de comercio chino hacia Estados Unidos. Pero esas ganancias se
concentraron en departamentos con mayor integración productiva previa. Sucre no
fue protagonista de ese episodio —y la razón no es geográfica: es estructural.
"En Sucre la economía agropecuaria sigue operando bajo lógicas primarias, con baja tecnificación, escasa articulación a cadenas de valor y débil integración agroindustrial. El resultado es conocido: bajo valor agregado, empleo precario y limitada capacidad de acumulación territorial."
La coincidencia entre el diagnóstico
del Banco Mundial y mi análisis previo no es fortuita: ambos apuntan al mismo
nudo. Lo que el informe multilateral llama 'capacidades latentes' es lo mismo
que he denominado 'activos subactivados'. Son dos formas de decir lo mismo: el
potencial existe, la decisión no ha llegado.
El
Golfo de Morrosquillo: activo geoeconómico o postal turística
Uno de los puntos de mayor
convergencia entre el informe del Banco Mundial y mi propia lectura del
territorio es el papel del litoral. El organismo destaca que la integración
comercial costera es la palanca diferencial para los departamentos del Caribe en
la Región 3. Sucre tiene 110 kilómetros de costa en el Golfo de Morrosquillo
—uno de los litorales de menor exposición al oleaje en el Caribe colombiano—,
una condición que en otras latitudes ha servido de base para desarrollar
economías marítimas sofisticadas: logística portuaria, pesca industrializada,
energías offshore, turismo de alto valor.
He sostenido antes que el Golfo ha
sido gestionado como paisaje y no como sistema económico. No existe una hoja de
ruta integrada que articule infraestructura portuaria, ordenamiento costero,
inversión privada y regulación ambiental. La decisión de tratarlo como activo
estratégico —o de seguir administrándolo como destino estacional— es,
precisamente, el tipo de elección que el Banco Mundial identifica como
determinante para cerrar brechas en regiones intermedias.
Planeación
episódica versus gobernanza estratégica: la trampa institucional
El informe del Banco Mundial dedica
un capítulo central a las condiciones institucionales del desarrollo
territorial. Identifica al Sistema General de Participaciones (SGP) como el
principal instrumento de nivelación, pero señala que ciertos elementos del
sistema generan ineficiencias: la falta de claridad sobre qué nivel de gobierno
tiene responsabilidad sobre qué funciones, la débil autonomía subnacional en el
manejo de recursos y la ausencia de condicionalidades por desempeño.
En Sucre, estas ineficiencias
sistémicas se superponen a una debilidad propia que he documentado: la
planeación episódica. Cada periodo de gobierno redefine prioridades,
reinterpreta diagnósticos y reconfigura apuestas. No existe continuidad
estratégica que permita madurar sectores, consolidar clústeres o estructurar
ventajas competitivas de largo plazo. La consecuencia es un patrón de
dispersión presupuestal: infraestructura que no responde a un modelo
productivo, inversiones que no se integran y programas que se reinician en cada
administración.
El Banco Mundial señala tres líneas
de acción para departamentos como Sucre: cerrar brechas de capital humano,
implementar políticas horizontales de crecimiento —estabilidad macroeconómica,
acceso a mercados internacionales, entorno empresarial propicio— y complementar
con políticas de lugar específicas. La segunda y la tercera línea requieren,
como condición previa, exactamente lo que he reclamado desde estas páginas de
opinión: coordinación multinivel efectiva, instrumentos de planeación
vinculantes y participación del sector privado y la academia en la definición
de apuestas productivas.
La
disyuntiva: periferia administrativa o actor regional con identidad productiva
El informe del Banco Mundial advierte
que el estancamiento urbano en departamentos intermedios mantiene salarios
bajos y empuja la expansión agropecuaria extensiva, elevando la deforestación y
comprometiendo el capital natural. Para Sucre, con una cobertura significativa
de ecosistemas de ciénaga, sabana inundable y bosque seco tropical, esta
dinámica tiene implicaciones directas: sin una transición productiva, la
presión sobre los territorios biodiversos seguirá creciendo.
La pregunta que he planteado en mi
análisis previo —¿será Sucre un proveedor permanente de materias primas, o
construirá una posición como nodo agroindustrial y marítimo competitivo en el
Caribe?— es la misma que implícitamente formula el Banco Mundial para toda la
Región 3. La respuesta no está dada por la geografía ni por los recursos
naturales. Está dada por las decisiones que los actores políticos,
empresariales y académicos del departamento sean capaces de sostener en el
tiempo.
La ventana no está cerrada. El
informe del Banco Mundial identifica una reconfiguración de cadenas globales de
valor en curso que genera oportunidades para regiones con encadenamientos
productivos latentes. Sucre tiene los insumos: litoral, agroindustria
potencial, energías renovables, turismo, capital humano en formación. Lo que
aún falta es la arquitectura institucional que convierta esos insumos en una
trayectoria de desarrollo sostenida.
Conclusión:
el diagnóstico sobra, la decisión escasea
Cincuenta y nueve años después de su
creación, Sucre tiene algo que muchos territorios no tienen: un diagnóstico
claro, compartido y ahora validado por un organismo de la talla del Banco
Mundial. Lo que el informe multilateral llama 'capacidades latentes' coincide
punto a punto con lo que vengo señalando desde el análisis territorial local.
No se trata de una coincidencia menor: cuando la lectura interna de un
territorio y la mirada técnica global convergen en el mismo diagnóstico, el
problema ya no puede atribuirse a falta de información.
El camino que el Banco Mundial traza
para departamentos como Sucre no es el de la resignación periférica, sino el de
la integración estratégica: mayor apertura comercial, aprovechamiento de la
posición costera, fortalecimiento de la gobernanza subnacional y políticas de
lugar coherentes con un modelo productivo definido. Ese camino no lo recorre un
solo gobierno ni en un solo periodo. Lo recorre un pacto territorial sostenido
en el tiempo.
La historia no espera. Tampoco las
oportunidades que la reconfiguración de la economía global está abriendo para
los territorios que sepan leerlas. La pregunta sigue vigente: ¿llegará Sucre
tarde a su propia oportunidad, o asumirá por fin el liderazgo de su destino?
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