Guillermo de la Ossa: la victoria silenciosa de un maestro
Por: Francisco Figueroa Turcios
El destino, que a veces juega con los sueños como si fueran hojas llevadas por el viento, tenía preparada otra vuelta inesperada en la historia de Guillermo de la Ossa Méndez.
Guillermo fue un ejemplo de resiliencia. Realizó los estudios de primaria en la Escuela Anexa a la Normal en Corozal, su tierra natal. Por tener que habilitar dos materias y no aprobarlas no pudo efectuar los estudios secundarios en la Escuela Normal por lo que no tuvo otra alternativa que ingresar al Liceo Carmelo Percy Vergara.
En medio de aquellas incertidumbres familiares apareció una voz serena, pero firme, como suelen ser las voces que cambian destinos. Fue la de Julia de la Ossa, la tía que conocía demasiado bien las estrecheces de la vida y que, quizá por esa misma experiencia, aprendió a mirar el futuro con una mezcla de prudencia y sabiduría popular. Una tarde, mientras el muchacho todavía soñaba con caminos que parecían demasiado lejanos para su realidad, ella le habló con la claridad de quien entiende cómo funciona el mundo para los hijos de la pobreza: le propuso que cursara quinto y sexto grado en la Escuela Normal, donde podría formarse como maestro.
No era solo una recomendación, era una estrategia de vida. Porque terminar en el Liceo significaba obtener un bachillerato que abría las puertas de una carrera profesional… pero también implicaba enfrentar estudios largos y costosos que su familia difícilmente podría sostener. En cambio, la Escuela Normal le ofrecía algo más inmediato y posible: la oportunidad de convertirse en docente y empezar a ganarse la vida enseñando. Aquella conversación, sencilla en apariencia, fue en realidad una de esas decisiones silenciosas que terminan torciendo el rumbo de la historia de un hombre.
«Cuando culminé el tercer grado en el Liceo Carmelo Percy Vergara mi tía Julia de la Ossa no me felicitó porque obtuve mención de honor por el excelente rendimiento académico, por lo contrario me puso la mano en el hombro y me advirtió tus padres Miguel de la Ossa y María de Jesús «Chule» Méndez no tienen los recursos económicos para ponerte a estudiar una carrera profesional por lo que si me permites voy hablar con Cristino García, rector de la Escuela Normal donde estudian mis dos hijos José María y Eloy para que realices los dos últimos grados para que seas normalista y así puedas comenzar a laborar como docente apenas te gradúes» recuerda Guillermo de la Ossa sobre la intervención de su tía Julia para que cambiara la hoja de ruta académica.
Aquel tropiezo, que en ese momento pareció cerrar una puerta importante, lo dejó sin la posibilidad de ingresar a la escuela Normal de Varones . Pero como suele ocurrir en las historias que se niegan a rendirse, la vida abrió otro camino. Sin muchas alternativas, Guillermo terminó matriculándose para cursar el bachillerato en el Liceo Carmelo Percy Vergara, un giro inesperado que, sin que él lo supiera todavía, también formaría parte del largo y sinuoso camino que lo llevaría algún día hacia la docencia. Porque a veces el destino no se equivoca cuando parece desviarnos: simplemente nos está llevando por la ruta más difícil para que la historia tenga algo que contar.
Julia vivía en la casa de su hermano Miguel de la Ossa por los que sus dos hijos José María y Eloy Ortega de la Ossa se criaron juntos con los hermanos De la Ossa Méndez ( Aura Isabel , Teresa, Ángel Miguel, Manuel de Jesús, Ana Bertina y Guillermo Segundo).
Sin embargo, en la vida de los hombres que luchan contra la adversidad siempre aparece un instante decisivo, un momento casi invisible en el calendario pero gigantesco en el destino. En los pasillos de aquella institución educativa, donde los sueños de muchos jóvenes solían naufragar por culpa de la pobreza, alguien empezó a notar el brillo silencioso de aquel muchacho aplicado que cargaba más preocupaciones que cuadernos.
Fue entonces cuando el profesor José Martínez, con la sensibilidad de quien sabe leer el esfuerzo detrás de los silencios, comprendió que la historia de Guillermo de la Ossa no podía quedar atrapada en las estrecheces económicas de su familia. Y lo que ocurrió después no fue simplemente un gesto académico, sino uno de esos actos de humanidad que, sin hacer ruido, terminan cambiando el rumbo de una vida
"Los tres de los cuatro grados que Guillermo estudió en el Liceo Carmelo Percy Vergara fue becado de los contrario había sido difícil realizar los estudios secundarios…" Para acceder a una beca en el Liceo había que presentar un examen de admisión. "Reconozco que yo no hice en ningún examen, cual sorpresa cuando salió el listado de los becados y yo aparecí en el segundo puesto. Fue una gran sorpresa. Todos los compañeros del salón me felicitaban por gran logró obtenido,,. Me tocó simular y recibir las felicitaciones porque era consciente que no había presentado examen por lo que no era merecedor de la beca. En la tarde que llegué a la casa interrogue a mi padre, Miguel, si él había charlado con Oscar Espinosa, rector del Liceo para que otorgara la beca y él me respondió que no lo había hecho, el enigma rondaba en mi cabeza que no lograba descifrar" revela Guillermo sobre el misterio de la beca.
Con la beca asegurada gracias a la voluntad solidaria de sus maestros, el horizonte de Guillermo dejó de parecer una puerta cerrada. Aquella ayuda no solo alivió las cargas económicas de su familia; también encendió en él una certeza profunda: la educación podía cambiar destinos cuando la solidaridad caminaba de la mano con el conocimiento. .
El profesor José Martínez, que tenía el talento de leer la vida de sus alumnos más allá de los cuadernos, comprendió que Guillermo no solo cargaba libros en su morral, sino también el peso de las estrecheces de su casa. Los profesores tenían el derecho de postular a un estudiante para que fuera becado y en el comité para escoger el alumno, José Martínez pidió la palabra y a sus colegas docentes les habló de Guillermo: de la Ossa del brillo obstinado de su inteligencia, de su disciplina callada y de la lucha silenciosa de sus padres para sostener el sueño de verlo estudiar.
Y fue tal la convicción de sus palabras que los demás profesores terminaron entendiendo que ayudar a ese muchacho no era un acto de caridad, sino una forma de defender el futuro. Así, entre tizas, pupitres y voluntades generosas, los docentes decidieron otorgarle la beca que ellos mismos financiaban. Y desde entonces, en la historia de Guillermo, el nombre de José Martínez quedó escrito como esos hombres que, sin hacer ruido, cambian el destino de otro para siempre.
«Solo cuando mis compañeros del Liceo se graduaron fue que me enteré de la verdad sobre quien fue el artífice que me otorgaran la beca… Mis amigos me invitaron a la celebración de grado y ya cuando todos teníamos los tragos en la cabeza se me acercó el profesor José Martínez me pidió que le regalara unos minutos .¿ usted sabe porque usted estudió becado los cuatro grados que estuvo en el Liceo? ..Lo quedé mirando y sin pensarlo le respondí que no tenía ni idea. El profesor me puso la mano en el hombro y me reveló el secreto que tenía bien gradado. «Fui yo quien intercedí antes los otros profesores para que el alumno que fuera favorecido fuera usted al percatarme de la difícil situación económica de sus padres». Unos segundos me quedé en chok.. reaccioné y le di un fuerte abrazo que simbolizaba mi gratitud…mil gracias!! » reseña Guillermo sobre la confesión del profesor Martínez.
Guillermo de la Ossa, inició su carrera como docente en el corregimiento de San José Pileta donde tenía que diariamente recorrer caminando uno 10 kilómetros para cumplir con su misión de educar.. .. De San José de Pileta después de tres años de laborares paso a dar clases en el Preseminario Cristo Rey,, luego en la Escuela Urbana, a la Escuela Anexa a la Normal. Finalmente aterrizó en la Escuela Normal cuando logró la licenciatura en Matemática en la Universidad del Atlántico en el plan Extra Muro..
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