miércoles, 25 de marzo de 2026

Columna de Opinión

San Jacinto, una hamaca con hilos rotos 

Por: Alfonso Hamburger


San Jacinto- nunca pongo Bolívar, porque este es un pueblo del universo- no tiene agua, pero tiene libros y cultura. Y parece que la clase política no se interesa en ponerla, porque de eso ha vivido toda la vida. Su negocio es jugar a ponerla.

Ojalá que ese renacer cultural que vive la tierra de la hamaca se traduzca por fin en una buena elección.

San Jacinto es muy parecido a Morroa- de donde heredó su hamaca- y Ovejas, con quien comparte su gaita.

En San Jacinto todavía insisten en las corralejas y sus fiestas son una multiplicidad de manifestaciones, donde queda alguito para la gaita.

En Ovejas es el único municipio de Sucre donde no arman la corraleja. Hace unos veinte años trataron de llevarla. La primera tarde fueron 26 personajes y la segunda fue desmontada.

Hace veinte años comenzó en El Difícil, Magdalena, la fiesta del pensamiento, en homenajea Adolfo Pacheco Anillo, Numas Gil Olivera y Germán Bustilllo, evento organizado por Aura Aguilar Caro y que transmitimos por Telecaribe.

Al año siguiente se traslada la fiesta a San Jacinto, hasta 2023 cuando se hizo por última vez.

Al principio era un evento sin precedentes y casi espontáneo y llegó a ser comparado con el Carnaval de las Artes y un Hay Festival y el Carnaval Enerino de las Artes. Le daba mayor espacio a la musicalidad propia de la tierra de la hamaca e imprimió la revista Lampazos.

La fiesta se dividió y allí fue su fracaso, pero el movimiento fue evolucionando hacia la poesía libre y a otros municipios. La cosa iba allí en el canto de la cabuya, propiciando, en medio de un debate subyacente, otras cosas más espirituales que materiales.

Creo que casi todos los municipios de Sucre y Córdoba tienen mejor infraestructura que San Jacinto. 

En Sincé se hicieron más de veinte parques y monumentos, en Lorica hay malecones y viaductos, tertulias como la del Café Colao, en Sucre, Sucre se hizo un malecón de más de un kilómetro. Aunque algunos municipios tienen problemas de agua potable, todos están por encima de San Jacinto, que tiene en El Cañito una zona tugurios que lo parte en dos pedazos. 

Alguna vez se dijo que San Jacinto es un mito. Los ojos del mundo están puestos en San Jacinto. Allí hubo ferias artesanales desde los setenta. Y se diversificó la hamaca.

Lo de la fiesta del pensamiento no ha sido en vano, porque propició una competencia sana, que le apostó a una diversificación de procesos y propuestas, que terminaron con la feria del libro, que es un escenario ideal para un pueblo ancestral y rebelde, con algunas cosas por mejorar, mientras llega el agua y se rehabilita El Cañito.

De seguro esto va a propiciar el intercambio con otros pueblos.

A leer, pues.

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