miércoles, 1 de abril de 2026

Columna de Opinión

Tu ciudad, nuestra ciudad que no funciona

Por: Olimpo Del Castillo




"Un arquitecto debe encontrar las líneas secretas que harán funcionar la ciudad." Benedetta Tagliabue

Hace unas tres décadas le impusieron a los gobernantes y a la ciudadanía la gran y única oportunidad de comenzar a descubrir como sobrevivía y de que padecía la ciudad que se habitaba y la desaprovechamos por desconocimiento conveniente de los dirigentes y de falta de sensibilización y divulgación hacia los habitantes.

Nada ha cambiado, pero si, continúa agravándose la calidad de vida de todos y cada de los habitantes, así sean los mismos gobernantes o los de mejores condiciones económicas y sociales; con una degradación incontrolable de nuestro potencial y generoso medio ambiente. En los 70s aparecen los proyectos de vivienda popular construidos con la única materia prima, el cemento, en cimientos, tuberías, muros estructuras y techos o cubiertas, con alto contenido del cancerígeno asbesto, que para esos años fue rechazado en los países desarrollados.

Se continua la utilización de materiales para la construcción como el cemento, acero, aluminio, plásticos y derivados que generan altas huella de carbono en su producción, un 40% de emisiones de CO2, pero donde ha quedado aquello de las construcciones sostenibles que influyen de forma tal en los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible). La producción y uso del cemento prevalecerá en el futuro por el interés económicos de unos pocos empresarios que podrán emigrar fácilmente a donde deseen dejándonos en un país totalmente empobrecido y agonizante.

Son muchas ciudades pequeñas y grandes que son ejemplo en cuanto a la sostenibilidad urbana, en la Academia, profesionales en muchos campos del conocimiento, centros de investigación nacionales e internacionales, organizaciones ambientales están generando propuestas viables para implementar innovaciones y estrategias de alto beneficio para seguir cohabitando nuestros territorios. Generar viviendas de menos costos, pero con mejor habitabilidad y confort con materiales de producción con baja huella ecológica, incluso de fácil y rápida construcción acompañadas con una recuperación ecológica inmediata y efectiva de todos los arroyos y cuerpos de agua de nuestras áreas urbanas.

Sectores de viviendas con Espacio Público de calidad y en cantidad suficiente que garantice la recreación de cada familia vecina y fortalezca el tejido social que afirme el bien común y la apropiación de ello. Viviendas debidamente conectadas a través de rutas de andenes y para bicicletas con altos estándares internacionales en su diseño y funcionamiento, con indiscutibles ahorros en tiempo y dinero, siendo autosuficientes en la movilidad urbana de movernos y trasportarnos sin ninguna dificultad.

El invasivo y muchas veces innecesario transporte de la proliferación del mototaxismo genera un altísimo costo social que no se contabiliza y que los gobiernos locales fomentan para evadir la responsabilidad de generar e incentivar mejores fuentes de empleos, cada accidente donde está involucrado un “mototaxista” genera grandes dificultades y pobreza a esa u otra familia, que las ganancias del diario rebusque.

Hay que retomar los preceptos internacionales de como se planea, se diseña una ciudad para todos que asegure buena calidad de vida, tanto funcional como ambiental. Las ciudades de nuestro entorno presentan los mismos síntomas y padecen las mismas enfermedades, de hace cincuenta años, pero continúan bajo el cuidado y tratamiento de quienes carecen de conocimiento, experticia compromiso y ética, pero eso sí, continúan promocionando en las redes sociales las diminutas obras que otros mandatarios hacían dos generaciones atrás y con menos recursos económicos. 

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