jueves, 2 de abril de 2026

Columna de Opinión

El papel del Banco de la República y la ópera bufa del Gobierno

Por: Stiven Vitola



El papel del Banco de la República responde a teorías económicas monetaristas (neoliberales en lo político), que plantean dogmáticamente que las tasas de interés afectan a los precios, pero no a la producción. Bajo esa lógica de manual, aplican la premisa de que cuando suben las tasas disminuye la inflación y no el PIB. Sin embargo, que lo que realmente ocurre es una disminución drástica del consumo y la inversión y, por ende, de la producción real.

Esta política "sándwich" genera un apretón asfixiante e integral para la economía nacional: por arriba, las altas tasas de interés hunden el consumo de los hogares y frenan la inversión de capital; mientras tanto, por abajo, suben los costos laborales, por el aumento del salario mínimo, disminuyendo drásticamente los márgenes empresariales y el ahorro nacional. Es un escenario donde las empresas pierden toda capacidad de maniobra: no pueden invertir por el costo del dinero y, al final de la cadena productiva, simplemente no tienen a quién venderle.

Por todo lo anterior, la medida del Banco de la República no hay que defenderla; sería un error técnico y político aplaudir su esencia neoliberal. Pero este rechazo técnico no nos sitúa del lado del oficialismo. El grave problema de la administración de Gustavo Petro es que no ha cambiado el modelo; se ha limitado a un maquillaje discursivo —algunas veces magistral— mientras mantiene intacta la estructura financiera y de acumulación de siempre.

Escuchamos a Petro en una ópera bufa interminable, denunciando con histrionismo que la subida de tasas del Emisor es una "actitud de matar la economía colombiana" y una "oposición suicida" para su gobierno, cuyo único fin —según su relato— es "enriquecer a los banqueros" a costa del presupuesto nacional. Es su aria favorita, su balada revolucionaria preferida en redes sociales.

¡Pero qué resistencia tan curiosa la suya, señor presidente! Resulta que, mientras el discurso grita "revolución", los hechos económicos de su propia administración gritan "negocio socio". La sátira se escribe sola cuando contrastamos la retórica con los datos crudos.



Al mirar la gráfica del Tesoro: los TES (títulos de deuda pública) a corto plazo han seguido rompiendo máximos históricos, con colocaciones recientes a tasas de corte del 14,03%. Es decir, el Estado colombiano, bajo la administración del cambio, está asumiendo una deuda monumental a costos que jamás habíamos visto.



¿Y quiénes están comprando esta deuda? ¡Oh, sorpresa! : los Bancos Comerciales, los Fondos de Capital Extranjero y los Fondos de Pensiones han aumentado drásticamente su tenencia de estos títulos TES durante el Gobierno de Petro. Como lo resume Aurelio Suárez, estos sectores financieros "han hecho su agosto" financiando el déficit fiscal y externo de este mismo gobierno, capturando tasas a 10 años al 14%. Es decir, el gobierno que se queja de las tasas altas es el mismo que les está pagando a los banqueros tasas astronómicas para que le presten plata.

Este festín de los TES genera un desplazamiento del crédito: para la banca es más rentable y seguro prestarle al Estado que al ciudadano de a pie. Al preferir el 'riesgo cero' del Gobierno, los bancos secan el financiamiento para la economía real, encareciendo el crédito para todos mientras el bolsillo público paga la cuenta de este idilio financiero.

Para más rigor, el economista Felipe Campos nos da el golpe de gracia técnico. Nos recuerda que, aunque en el 2023 las tasas estaban altas, la inflación también lo estaba. Hoy, con la inflación bajando, la tasa real que el Estado les está garantizando a los banqueros y fondos de inversión es del 8,2%(La diferencia de % de los TES y la inflación). Esto confirma que, más allá del efecto inflacionario, el Gobierno —por decisión de sus propias estrategias de Crédito Público— está asumiendo el costo financiero real más exigente de la historia reciente, beneficiando como nunca antes a los dueños del capital.



La crítica al Banco de la República es real y necesaria, pero es de una hipocresía monumental que la haga Gustavo Petro. Es cínico tildar de "suicida" al Emisor mientras el Ministerio de Hacienda alimenta alegremente a los mismos "oligarcas" financieros con TES de lujo para cuadrar su propio déficit. Repito. El grave problema de este gobierno es que no ha cambiado el modelo. Parece que al presidente le encanta la parte del modelo que le permite privatizar activos y otorgar concesiones para obtener "plata fresca" inmediata —o para pagar deuda con deudas más caras—, pero desprecia la otra parte —las tasas de interés que frenan su gestión—. Pero el modelo no es un menú a la carte; es un paquete integral que el gobierno ha decidido aceptar, administrar y profundizar. Los hechos contradicen el relato oficial: la entrega de la participación estatal en Coltel, la transferencia de la red de fibra óptica de Azteca a Claro, las gabelas en la subasta 5G y la adjudicación de megaobras bajo la leonina Ley 1508 de concesiones. Al mantener los TLC, los peajes y el negocio del SITP, el gobierno no está siendo víctima de una "dictadura" del Banco de la República, sino que es un administrador más del sistema.

 Esta situación recuerda a la metáfora del perro que se quiere morder la cola. El Gobierno gira en un bucle eterno e histriónico: critica con furia las tasas de interés (la cola) alegando que frenan el progreso social, pero al mismo tiempo alimenta y protege con sus propias decisiones de financiamiento el cuerpo de ese mismo modelo neoliberal que exige esa dependencia financiera. Es una futilidad absoluta. Si el presidente decide que le gusta una parte del modelo para financiar sus planes, por coherencia debe aceptar que es cómplice de la otra. Mientras no se rompa con la estructura de fondo, el país seguirá siendo el escenario de un perro que da vueltas sobre su propio eje, agotándose sin avanzar, mientras el modelo de siempre sigue ganando la carrera.

3 comentarios:

  1. Muy bien Stiven, artículo muy pertinente que desnuda otra incongruencia mas, quizá la mas melodramática , del gobierno del cambio. No se puede ser neoliberal y progresista al tiempo, esa es la terrible encrucijada que tiene empantanada la gestión del presidente Petro, con reformas trazadas por el Banco Mundial, el FMI y la OCDE, y políticas que favorecen a los dueños del capital financiero, que lo caracteriza como de derecha, pero bajo una forma populista con apariencia de izquierda. Además, antimperialista de palabra, pero sumiso frente a las imposiciones de Trump, hasta el punto que el en Consejo de Seguridad de la ONU Colombia condena al

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  2. Buen artículo, Stiven. Es lo que me permiten publicar.

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  3. Stiven, muy buen artículo que nos permite analizar las dos percepciones; la del Emisor y el Gobierno Nacional con el actual modelo económico. ….!!👍🏻👍🏻 .. cada uno con sus sesgos técnicos.

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