Comenzó la rumorología
Por: Alfonso Hamburger
—Hay estampidas de votantes.
Hay nervios en la valla. Lo que se juega no es poca cosa. Mucho billete. Mucho ego. También ciertas arrogancias que serán castigadas.
La guerra sucia está vigente. La desinformación. Después del cierre de campañas llegó la rumorología, una propaganda sucia que tumba candidatos. Los quiebran en el papel y se van en diarrea. Tal campaña está, pregonan, y la gente que se va en estampida donde esté el billete. Ya las autoridades empezaron a coger cargamentos de dinero en La Guajira.
Ya se hizo el trabajo de posicionamiento de marca, ahora viene el efecto billete, necesario para movilizar el voto. Los votos se cotizan más alto después de dos de la tarde. El voto limpio es muy temprano. Madrugado.
La rumorología como estrategia política no la inventó JJ Rendón, en Venezuela. Hay fuertes indicios de que esta práctica de calumnia al opositor, como el trasteo electoral nacieron en Sucre.
En la primera elección popular de gobernador, faltando dos meses las encuestas daban por ganador al señor Miguel Ángel Nule Amin, del ala de los Guerra Tulena. un mes antes el rumor de que Nule Amin estaba quebrado corrió como un viento huracanado. La gente se volcó al comando del opositor, que lo sobrepasó y lo derrotó.
Parece que la rumorología fue un invento genial y pendenciero del famoso Gordo, tan famoso en estas lides, que también le atribuyeron la muerte de Eduardo Lora, cuando aún no había nacido.
En esos años la rumorología marchaba de a pie y de boca en boca y aquello se regaba como una brisa de verano. Ahora utilizan las redes sociales como sucedió en dos campañas afines a la cámara en Sucre, en el mes de marzo. Las campañas están que echan agua.
Y sin duda, los primeros trasteos electorales, que incluyen a los muertos, se inició en Buenavista, por la cercanía de Magangué. Todavía, los votantes de Magangué en esa bella población, que es un verdadero jardín, son más de mil.
La estrategia para derrotar a Don Emiro, después de 70 años de hegemonía, fue emborrachar los choferes el sábado y el domingo de las elecciones no hubo transporte de los votantes, porque los conductores amanecieron enguayabados.
Casos como aquel se siguen viendo a lo largo de la historia.
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