La emoción por encima de la razón
Por Alfonso Hamburger
Miré este debate en silencio. Apenas hice algunas reflexiones muy tibias y quizás ambiguas y las pedradas fueron muchas. No hay comprensión lectora.
Estuve en dos lugares privilegiados donde yací agazapado y noté el desespero progresista. Era como una manada. No había un líder visible, que pensara por el grupo. Salvo una que otra cabeza, parecía un rebaño a la deriva, con mucho asunto parroquial, que no hay plata, que el tigre, que lo uno, que lo otro.
Algunos líderes se llenaron de egos, con cierta arrogancia. Otros tomaron decisiones no populares.
No alcanzó el tiempo. La campaña estuvo a la deriva por lo menos catorce días. Apenas en la última semana se empezó a sacar la cabeza. Mucho militante no fue atendido. Al tigre le despertaron el algoritmo y se dieron cuenta muy tarde.
Los colores de la campaña parecían opacos con relación al rival, que se encontró no solo slogans y canciones ni mandadas a hacer, sino con una derecha desarticulada que no hizo otra que sumarse al show. Eran una especie de cucarachas huérfanas. Se apropiaron hasta de los colores de la selección porque sus publicistas fueron mas hábiles para mover las emociones.
Con tres hojas del programa de gobierno y tres slogan emotivos movieron las sentidos.
El programa de gobierno progresista es un libro de 400 páginas que pocos leyeron. Las redes los engulló.
Prácticamente les metieron el dedo en la boca.
Parece que no había conexión entre líderes, si es que los hay. Y simpatizantes.
Líderes humildes no tenían como moverse a votar.
Si no se voltea la arepa en el reconteo, Colombia habrá perdido una bonita oportunidad de seguir trabajando por la justicia social y los más pobres y por la ecología. Tenemos 16 grados promedio de temperatura. Cuando lleguemos a 17, no habrá paso atrás.


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