La inseguridad en el régimen petrista
Por: Héctor Merlano Garrido
La mayor tragedia de Colombia no es solamente la violencia, sino la incapacidad de algunos dirigentes políticos para llamar las cosas por su nombre.
El presidente Gustavo Petro llegó a referirse a los integrantes del Tren de Aragua como “jóvenes excluidos”, una caracterización que para muchos colombianos resulta, no solamente, profundamente equivocada, sino potencialmente delictiva, frente a una organización criminal señalada por homicidios, extorsiones, secuestros y múltiples actos de terror que han sembrado miedo dentro y fuera del país.
Del mismo modo, resulta preocupante que el senador Iván Cepeda, frente al asesinato del joven periodista, no haya señalado de manera categórica a alias “Calarcá” como responsable de ese crimen, limitándose a formular expresiones que, a juicio de muchos ciudadanos y del mío propio, evidencian una actitud vacilante frente a la gravedad de los hechos delictivos.
Esa diferencia de visión sobre la seguridad y el tratamiento de los grupos armados ilegales explica, en buena medida, el respaldo que hoy reciben los candidatos que proponen una política de mayor firmeza contra el crimen organizado.
A ello se suma el enorme desgaste que ha sufrido el actual Gobierno por los numerosos escándalos de corrupción que han rodeado a varios de sus funcionarios y colaboradores, circunstancias que han deteriorado la confianza ciudadana y que, para muchos colombianos, serán determinantes en el resultado electoral. La paz total fue, definitivamente, un fracaso. Para lo único que sirvió fue para constatar cuales son los amigos del gobierno y de su candidato, los guerrilleros y el clan del golfo. Y los amigos de Abelardo son los patriotas Colombianos.
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