El País que no vemos
Por: Julián Beltrán
Existe un país que nos negamos a ver durante las campañas políticas, donde reinan los deseos y temores más profundos, y aunque públicamente se muestra una aparente apatía, estas emociones se demuestran a la hora de ejercer el voto.
Hay una contradicción muy grande entre lo que desean los habitantes y lo que en realidad quieren los políticos. Ellos se reúnen con sus campañas y evalúan estrategias para el proselitismo, y me lo imagino de la siguiente manera:
Su asesor de comunicaciones y diversos analistas, tomándose una pola, café o lo que sea, hablan mientras le muestran, con encuestas y mediciones, los efectos esperados que causarán sus palabras cuando las diga en público. Aquel sujeto asiente y toma la iniciativa de dar marcha atrás o continuar con su ejercicio.
Lo que dejan ver las elecciones en Colombia es un ejercicio brillante de marketing político y de saber vender una candidatura. ¿Hasta dónde llega el pensamiento de nosotros, los que caminamos, de que el sujeto X o Y no puede ser presidente, hasta que finalmente nos damos cuenta, en una segunda vuelta presidencial, de que sí es posible que lleguen?
Desde hace un par de años escribí una columna en la que expuse que, en Colombia, pareciera que estamos prestos a buscar mesías que nos salven de nuestras problemáticas diarias, ya que tenemos un complejo de hijo huérfano que desea un padre protector. Y analizando el odio que veo en diferentes sectores a la hora de hacer política, compruebo que realmente es dolor. Ahora, en la actualidad, viendo a la generación de jóvenes que me acompañan, entiendo por qué piensan como piensan; y quizás negarnos el disgusto por la posición del otro y escucharlo nos pueda ayudar a comprender su postura, aunque no necesariamente compartirla.
No sé qué ocurrirá el 21 de junio en Colombia respecto a estas elecciones presidenciales de segunda vuelta, pero mi deseo es que el país entienda las voces de aquellos que no vemos, pero están presentes: desde el joven endeudado con el ICETEX hasta quienes ven esperanza y miedos.
¿Qué nos dice ese país?
Pues puedo responder lo que dice el país desde mi tierra, que hay una gran hambre, falta de empleo y oportunidades de un mejor vivir por eso deseo y aspiro a que el próximo presidente de Colombia no abandone el Caribe colombiano dejándolo a merced del hielo, que las voces dignas de nosotros, sus habitantes, sean escuchadas, y que, más allá de la ubicación geográfica cargada de bellas postales, comprendamos que es su gente, con su calor, lo que hace que el Caribe sea Caribe.
Pero como escribí hace años “no sé le puede poner el peso del país a un hombre porque este palidecerá o perderá la dignidad” somos nosotros los únicos capaces de transformar nuestra historia comprendiendo que la fuerza del amor es el camino para tener una dignidad con sus jóvenes con empleos dignos, oportunidades y un vivir donde el otro no sea mi enemigo si no un aliado con una voz y un sentir diferente pero con un mismo fin, dignidad social.
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❤️
ResponderBorrarTodos tenemos la responsabilidad de decidir bien o mal 👍
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