La reforma agraria: un acierto total
Por: Felipe Carlos Amaya
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía,, reza en el libro del Génesis de la santa escritura. Igualmente plantea la idea de producir la hierba verde, hierba que dé semilla, árbol de fruto que dé fruto según su género. Una premisa que nos introduce en la historia de la tierra alrededor de la existencia humana y de los vínculos permanentes en cuanto a su uso, posesión y la capacidad de generación de productos, sea cual sea su tipología, nivel de generación de ingresos y oportunidades de desarrollo.
Pero apartando el tema de la religiosidad, es importante considerar el significado histórico que ha tenido la tierra en Colombia, caracterizada por una enorme brecha en materia de tenencia, de la violencia por años y de una apuesta equívoca en materia de los procesos de redistribución, amén de las distintas acciones enfocadas en procesos de reforma agraria. Reforma que ha pasado por la revolución en marcha de Alfonso López Pumarejo, la creación del INCORA, el Pacto de Chicoral del 72, la ley 160 de 1994, y, en la actualidad, la Reforma Rural Integral basada en el Acuerdo de Paz de 2016; procesos que intentaron e intentan darle un significado integral a la tierra.
Si bien cada uno de estos escenarios intentó darle un sentido a la tierra, en la actualidad los esfuerzos siguen siendo un tema de profundidad dado que los intereses marcados por las distintas formas de usar y producir la tierra, han trasvasado cualquier propuesta o apuesta política y se ha tornado en un escenario de permanente conflicto, más aún, cuando el sello de lo político ha tocado su ser y sentido. La tierra se sigue moviendo alrededor de conceptos como expropiación, presión de terratenientes, mercado de tierras desigual, despojo y distribución gratuita o entrega de tierras. Cabe entonces una pregunta ¿Cuál es el verdadero sentido de la tierra para el gobierno, la empresa, el campesino, los actores armados violentos y de la ciudadanía en general? ¿Cuál es el verdadero sentido de la reforma?
Pero es a partir de la Reforma Rural Integral, que Colombia inicia un proceso mayormente claro sobre el tema de la distribución, redistribución, tenencia y aprovechamiento de la tierra, en consideración a una apuesta política gubernamental (estrategia del catastro multipropósito entre otras) y basada principalmente en que la distribución de la tierra en Colombia es una de las más desiguales de América Latina. Según los datos de IGAC, la alta concentración de la tierra, donde el 25% de los propietarios son dueños del 95% del territorio y el 65% de los predios rurales son considerados microfundios (menos de 3 hectáreas) y el 0.8% son latifundios (más de 200 hectáreas) que ocupan el 44% de la tierra, muestran una radiografía de esta realidad.
En cifras comparativas para Colombia, el actual gobierno de Gustavo Petro en su Reforma Agraria ha logrado avanzar en los procesos de acceso y formalización cercanos a las 3 millones de hectáreas, siendo este proceso liderado por la Agencia Nacional de Tierras. Este avance significativo se puede evidenciar en la compra directa y recuperación de baldíos cercano al millón de hectáreas y de un proceso de formalización y titulación de 2.1 millones de hectáreas; datos que, al contrastar con gobiernos anteriores, son superados en más de nueve veces en su gestión. Ahora bien, el tema no solo ha sido la formalización, titulación, y recuperación en el marco de esa reforma sino los apoyos complementarios en maquinaria, proyectos productivos, infraestructura productiva, tecnología, para hacer posible una transformación integral del campo y la ruralidad mediante el aumento de la producción agrícola, la adecuada explotación de la tierra y el mejoramiento de la calidad de vida de la población campesina.
El departamento de Sucre no ha sido la excepción en este proceso transformador. Cerca de 10 mil hectáreas han sido entregadas mediante distintos procesos; por vía judicial, de forma directa y por intervención a la SAE, predios que han llegado a manos de campesinos, indígenas, mujeres, afros, específicamente. Y con ello, también ha llegado el recurso complementario en materia de inversión para la producción y productividad del campo sucreño a través de la Agencia de Desarrollo Rural cercano a los 10 mil millones de pesos y en regiones de La Mojana y San Jorge, puntualmente en la producción de arroz y maíz.
Finalmente, hoy por hoy, la trágica odisea de Siervo Joya, recreada por Eduardo Caballero Calderón en la época violenta del bipartidismo de los años 40 y 50 en Colombia, empieza a ceder en sus realidades y a dar paso a la nueva historia en el que TIERRA ERES Y TIERRA SERÁS
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