miércoles, 1 de julio de 2026

Columna de Opinión

¡Las heridas siguen latentes!


Por: Alfonso Hamburger



En Sincelejo los puentes festivos son súper largos y el centro muere temprano. Por la mañana la ciudad es tranquila, han mermado las camisetas de Colombia y aún la gente se lamenta del dedo grande del pie de Davinson  Sánchez, por el que nos anularon el gol del triunfo frente a Portugal, repitiéndose lo de Yepes.

El gobierno nuevo no se ha posesionado y ya la gente anda decepcionada, las discusiones en las esquinas a veces son con machete en mano.

Aún perviven las heridas de las guerras recientes, el vendedor de camisetas se lamenta de que han bajado las ventas por cuestiones políticas.

Mientras hago la cola para el dispensador de medicinas, por ventanilla, dos hombres hablan de la incierta suerte del país. Ambos me conocen y me saludan. Se alegran de que sea yo y uno me pide un autógrafo. Lo despachan y se va.

Por la conversa deduzco que el de cachucha, de acento cachaco, en pantalón recortado, es de derecha. Me conoce desde que yo escribía en El Heraldo. Es jubilado de la policía desde los 39 años. Tiene 62. O sea lleva 23 años como pensionado. Es un hombre de armas, con 21 años como policía. Los pensionan con 20 años de servicio. En sus ojos se le nota que es un hombre curtido en la guerra. Los nuevos se pensionan con 25 años .

Les pagan dos primas.

Me confiesa que es escolta de un hombre de empresa y que en el ejercicio tuvo que dar de baja a un hombre de 79 años.  Fue en defensa personal, porque el agresor sustrajo una carabina de un auto y empezó a disparar. Fue impactado dos veces. Un tiro le dio en la clavícula y otro le destrozó un dedo de la mano. No tuvo más remedio que disparar su arma de dotación. Dos tiros fueron suficientes.

Duro seis meses en una clínica y en el proceso quedó libre por legítima defensa.

Este tipo de historias hacen parte de un país fracturado por la violencia y por la mala atención en salud.

La gente sabe que cada día es peor, que avanzamos a un abismo, que vivimos en un país donde las víctimas y los desplazados (Sincelejo tiene un 33 por ciento de víctimas y desplazados) se encuentran en las largas colas donde siempre falta un papel.

El ex policía y ahora escolta a domicilio recibe su pedido y se va (lleva dos tiros en su humanidad) con un muerto (muñeco) entre pecho y espalda y sabe que no puede descuidarse, porque atravesó la guerra y sabe que tiene que cuidarse. Anda arisco y con razón.

Son las historias cotidianas que valen más que cualquier opinión.

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