jueves, 25 de junio de 2026

Columna de Opinión

¿Dónde está el ser humano elector?

Por: Felipe Carlos Amaya



Finalizaron las elecciones presidenciales de Colombia, en su segunda vuelta y los resultados están dados, independiente de que habrá un perdedor y un ganador, o mejor, los resultados establecerán más allá del proceso electoral, una revisión y detalle del comportamiento humano como actor fundamental del proceso y sobre todo en su condición de elector. La psicología social durante años ubicó al ser humano desde dos perspectivas importantes. La primera donde lo asocia a grupos de referencia y la segunda lo relaciona desde su fortaleza en la coherencia cognitiva.

Desde los años 50, cuando aparecían vestigios académicos que pretendían analizar teorías alrededor de los votantes en Estados Unidos, la psicología del voto abría unos elementos de análisis donde se consideraba que la identificación con un partido político, formada en la infancia, se mantenía generalmente durante la edad adulta y condicionaba la percepción de los acontecimientos y actores políticos para perpetuarse. Otro escenario similar se movía en las conversaciones científicas, que afirmaba que las campañas políticas rara vez convertían a los votantes de un partido a otro. Finalmente, en otras latitudes, se demostraba que las campañas activaban principalmente predisposiciones que ya estaban en la mente de los votantes antes de que comenzaran las campañas, y que estas predisposiciones moldeaban la interpretación de la información recibida para generar decisiones que podrían haberse predicho antes de la campaña.

En tal sentido, podemos establecer que existen elementos del orden interno y externo que cruzan por la mente del elector y están relacionados con asumir situaciones mucho antes del proceso electoral y de generar posiciones adversas o favorables en la etapa de campaña; aunque también, se producen fenómenos ligados a seguir conductas que propician los candidatos o sus campañas, situaciones que sucedieron o estén sucediendo en el territorio, región o el país y que se asocian a impactos en sus vidas y, finalmente, el conjunto de personas que rodean la campaña y la posición que asumen frente a un acontecer nacional. Todo esto, apuntando por parte del elector, a pretender fundamentar su decisión para elegir o aportar su voto en términos de ver a los candidatos desde sus filiaciones políticas, juicios sobre su posible desempeño, tipo de personalidad, anuncios publicitarios y sus contenidos, entre otros.

Lo cierto es que hoy Colombia atraviesa por una diatriba colectiva en términos electorales que pueden resumirse en 4 elementos: polarización electoral, brecha económica relacionada con un clasismo social, violencia mental hacia un enemigo y brecha conceptual de estatus como expresión minimalista de la política.

Si bien en el mundo se ha posicionado el término de polarización política, que se traduce a la polarización electoral, el elector se ha visto sumergido en un contexto donde participar obedece meramente a presumir que estamos de un lado extremo al del otro y que esto implica, enfrentamientos radicales por distintas razones, todas menos del orden racional. La brecha económica aún es más compleja y temeraria, si se revisa que el elector se preocupa mucho por su condición de vida, la economía de supervivencia, los niveles de inseguridad como elementos a resolver a corto plazo, pero deja de lado, que problemas estructurales como pobreza extrema, pobreza monetaria, pobreza multidimensional, no se resuelven por la diferencia de pensamientos entre quienes ostentan riquezas y de una población sumida en situaciones marginales. Sumado a esto, los criterios marcados en la mente del elector de “obedecer” a un histórico de que las clases altas son las que deben mantenerse en el poder, independiente de los resultados que pueda ofrecer un gobierno en sus condiciones y calidad de vida y de las clases pudientes de que los gobiernos solo deben resolver sus situaciones sin importar el resto de la población marginal.

Ahora bien, en el orden de la violencia mental hacia un enemigo, se ha trasvasado la esfera de lo electoral, en gran manera, hacia una deshumanización del ser humano que normalizó que cualquier situación puede dirimirse a golpes, matando, amenazando y dejando por asentado, que no existe otra salida pacífica o de consensos que lleven a una nueva violencia generalizada y armamentista futura, más de la que se ha tenido durante décadas. Situación esta que se agrega al ADN del elector colombiano.

Latinoamérica o mejor Hispanoamérica, ha mostrado en sus últimos aconteceres electorales unas dinámicas atrapadas fuertemente en división de ideologías y antagonismos que han llevado a proceso electorales en el contexto de elegir sobre alternativas radicales El estudio del voto y las elecciones se encuentra en una etapa muy temprana en la comprensión de estas fuerzas psicológicas mediadoras y moderadoras y, más generalmente, en la comprensión de las decisiones electorales en términos de procesos psicológicos en lugar de resultados.

La tarea sigue en construcción y Colombia se mantiene a la espera de resolver sus problemas estructurales históricos y ahora los sumados en este fenómeno electoral. Somos parte activa de esa tarea y estamos invitados a su construcción.

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