De las quejas a la acción colectiva
Por: Juan Carlos Monterroza
Durante años, los sincelejanos hemos hablado de los problemas de la ciudad: las vías, el transporte, el espacio público, la inseguridad y la falta de oportunidades. Sin embargo, pocas veces nos hemos preguntado qué podemos hacer, como ciudadanos, para contribuir a las soluciones.
Las grandes transformaciones de las ciudades no nacen únicamente en las alcaldías o en las oficinas gubernamentales. Nacen también de la capacidad de la gente para organizarse, trabajar en equipo y defender causas comunes. El desarrollo de una ciudad es el resultado de una ciudadanía activa y comprometida.
Por eso, Sincelejo necesita dar un paso adelante: pasar de la simple sensibilización a la creación de grupos de acción ciudadana. Grupos integrados por vecinos, jóvenes, empresarios, líderes comunitarios, académicos y organizaciones sociales que se unan alrededor de objetivos concretos para la ciudad.
La idea no es crear más divisiones ni movimientos políticos. Se trata de construir espacios de participación donde los ciudadanos puedan identificar problemas, proponer soluciones y hacer seguimiento a los proyectos de interés colectivo.
¿Por qué no crear un grupo de acción por la movilidad? ¿Otro por el medio ambiente y la arborización? ¿Uno dedicado a la recuperación de los espacios públicos o a la promoción del turismo y la cultura? Las posibilidades son muchas.
Las ciudades que han logrado importantes avances han contado con ciudadanos organizados, capaces de ejercer presión positiva sobre las autoridades y de convertirse en aliados de los gobiernos para sacar adelante iniciativas de largo plazo.
En Sincelejo existe talento, capacidad de liderazgo y un enorme sentido de pertenencia. Lo que muchas veces falta es organización. Cada persona trabaja desde su propio espacio, pero pocas veces se construyen esfuerzos colectivos.
Los grupos de acción ciudadana pueden convertirse en verdaderos laboratorios de ideas y en puentes entre la comunidad y las instituciones. Pueden promover campañas, formular propuestas y mantener vivo el debate sobre el futuro de la ciudad.
Más que preguntarnos qué puede hacer la ciudad por nosotros, debemos preguntarnos qué podemos hacer nosotros por Sincelejo. El progreso no llegará únicamente por decreto. Llegará cuando los ciudadanos entiendan que tienen el poder de convertirse en actores del cambio.
El futuro de Sincelejo dependerá de nuestra capacidad para unirnos alrededor de propósitos comunes. La ciudad que soñamos no se construirá desde la indiferencia ni desde la crítica permanente. Se construirá con participación, organización y trabajo colectivo.
Porque una comunidad organizada es más fuerte, más escuchada y más capaz de transformar su realidad. Ha llegado el momento de que los sincelejanos pasemos de las palabras a los hechos y entendamos que cuando los ciudadanos se unen en grupos de acción, el desarrollo deja de ser una promesa y comienza a convertirse en una realidad.

