Decisiones aplazadas
Por: Olimpo Del Castillo
Es importante tener siempre presente una línea de tiempo que comienza hace unos 12.000 años, cuando grupos de humanos deciden asentarse en un territorio después de recorrerlo, experimentarlo, analizarlo, planearlo y decidir por un lugar donde habitar, para proveerse viviendas con materiales del lugar, alimentos, agua y protección, dando inicio a pequeñas sociedades que tenían desarrollaron herramientas, alfarería, costumbres y creencias.
Hace unos 2.800 años en Grecia
se comienza a orientar y trazar las polies, con un centro urbano y un
territorio circundante (Chora) y es Tales de Mileto, un arquitecto y
planificador urbano quien postuló el agua como un elemento esencial para
la ciudad y con su plan Hipodámico de retícula que consistía en manzanas en
ángulo recto y un espacio amplio conocido como ágora, una plaza pública
para la vida social, comercial, política y cultural, que aun presente
en muchas ciudades de América desde el colonialismo español compitiendo con la
forma de ocupar el territorio de nuestras culturas precolombinas.
La Revolución Industrial trae
un aumento de la población y nuevos procesos de urbanización que respondan a
las nuevas funciones y actividades humanas, como la producción, el comercio y
el transporte, entre otros. Solo hasta nuestros dias, fueron contadísimas las
ciudades interesadas en proyectarse y adaptarse medianamente a esos nuevos
cambios que solo aparecen hasta finales del siglo XIX, acompañados de forma
incipiente por los algunos estudiosos en pocos campos del conocimiento como
Teología, Filosofía, Jurisprudencia y Medicina, obviamente con una cobertura
social mínima y privilegiada.
Con la posterior
diversificación del conocimiento impartido en las nuevas universidades privadas
y públicas, nuestras ciudades continúan y siguen aumentando su crecimiento
espontaneo e innecesario hasta nuestros dias, sin importar los derechos
fundamentales de cada persona, negando oportunidades y calidad de vida, como
principios y objetivos de la administración municipal, muy a pesar del marco
legal y el crecimiento del conocimiento de la era moderna y contemporánea,
desconociendo avances y logros exitosos en ciudades y territorios por todo el
planeta.
Después de treinta años donde
todo debía estar mejor, se continua con la improvisación, la mediocridad y la
mezquindad para con las mayorías de gobernados y con aquel manido discurso que
“estamos a punto de alcanzar tan anhelado desarrollo territorial y social”;
Seguiremos en las mismas, mientras no se haga con la participación efectiva de
la sociedad civil acompañada siempre de quienes tienen el conocimiento y la
experticia con una visión integral y sistémica, donde se imponga la sostenibilidad
y el debido entrenamiento prospectivo. Con objetivos a corto, mediano y largo
plazo que se puedan asegurar con la debida y precisa inversión pública
estructurada en cada plan participativo para el desarrollo territorial como lo
demanda la Ley.
Una de las más peligrosas y complejas amenazas que yace latente pero sin doliente es la ruptura o aislamiento del ser humano con la naturaleza que siempre nos ha rodeado, la cual se experimenta en la ausente sostenibilidad de nuestros centros urbanos.
Una de las más peligrosas y
complejas amenazas que yace latente pero sin doliente es la ruptura o
aislamiento del ser humano con la naturaleza que siempre nos ha rodeado, la
cual se experimenta en la ausente sostenibilidad de nuestros centros urbanos;
no importa que el cemento y lo
artificial prevalezca sobre lo natural que debe ser un parque, que los jardines
infantiles no tengan amplias áreas naturales de juegos o el bienestar climático
natural de cada espacio construido; que los árboles cada vez sean menos y las
corrientes naturales y pluviales sean veloces haciendo que la temperatura
ambiente aumente cuatro grados más; que nuestras corrientes naturales de agua
sean cloacas y remplazados por canales de concreto que obstruyen la recarga de
acuíferos y desaparición de la fauna y flora; que los muchos peatones tengan
que circular bajo el inclemente sol y altas temperaturas o que nuestro
patrimonio natural de miles de años continúe desapareciendo o siendo alterado
inadecuadamente.
No existe justificación alguna
para que nuestras ciudades continúen con un crecimiento caótico, informal e
innecesario que traspasa los perímetros de servicios y persistan en la
informalidad por décadas, evadiendo las responsabilidades de la administración
pública, con la exclusión y discriminación social a los que siempre se le han
negado cualquier oportunidad y malgastando sus incipientes ganancias en los
altos costos de transporte hacia y desde su trabajo informal, equipamiento
social y ni hablar de contar con ningún
servicio público domiciliario.
Tratar el aspecto de la
vivienda como el principal articulador del desarrollo urbano y debe ser el
mayor condicionante para el desarrollo social, por lo tanto, amerita ser
tratada con sumo cuidado, compromiso y responsabilidad por parte de quienes
planifican, administran y controlan el desarrollo urbano.
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