miércoles, 4 de febrero de 2026

Columna de Opinión

Decisiones aplazadas

Por: Olimpo Del Castillo



Es importante tener siempre presente una línea de tiempo que comienza hace unos 12.000 años, cuando grupos de humanos deciden asentarse en un territorio después de recorrerlo, experimentarlo, analizarlo, planearlo y decidir por un lugar donde habitar, para proveerse viviendas con materiales del lugar, alimentos, agua y protección, dando inicio a pequeñas sociedades que tenían desarrollaron herramientas, alfarería, costumbres y creencias.

Hace unos 2.800 años en Grecia se comienza a orientar y trazar las polies, con un centro urbano y un territorio circundante (Chora) y es Tales de Mileto, un arquitecto y planificador urbano quien postuló el agua como un elemento esencial para la ciudad y con su plan Hipodámico de retícula que consistía en manzanas en ángulo recto y un espacio amplio conocido como ágora, una plaza pública para la vida social, comercial, política y cultural, que aun presente en muchas ciudades de América desde el colonialismo español compitiendo con la forma de ocupar el territorio de nuestras culturas precolombinas.

La Revolución Industrial trae un aumento de la población y nuevos procesos de urbanización que respondan a las nuevas funciones y actividades humanas, como la producción, el comercio y el transporte, entre otros. Solo hasta nuestros dias, fueron contadísimas las ciudades interesadas en proyectarse y adaptarse medianamente a esos nuevos cambios que solo aparecen hasta finales del siglo XIX, acompañados de forma incipiente por los algunos estudiosos en pocos campos del conocimiento como Teología, Filosofía, Jurisprudencia y Medicina, obviamente con una cobertura social mínima y privilegiada.

Con la posterior diversificación del conocimiento impartido en las nuevas universidades privadas y públicas, nuestras ciudades continúan y siguen aumentando su crecimiento espontaneo e innecesario hasta nuestros dias, sin importar los derechos fundamentales de cada persona, negando oportunidades y calidad de vida, como principios y objetivos de la administración municipal, muy a pesar del marco legal y el crecimiento del conocimiento de la era moderna y contemporánea, desconociendo avances y logros exitosos en ciudades y territorios por todo el planeta.

Después de treinta años donde todo debía estar mejor, se continua con la improvisación, la mediocridad y la mezquindad para con las mayorías de gobernados y con aquel manido discurso que “estamos a punto de alcanzar tan anhelado desarrollo territorial y social”; Seguiremos en las mismas, mientras no se haga con la participación efectiva de la sociedad civil acompañada siempre de quienes tienen el conocimiento y la experticia con una visión integral y sistémica, donde se imponga la sostenibilidad y el debido entrenamiento prospectivo. Con objetivos a corto, mediano y largo plazo que se puedan asegurar con la debida y precisa inversión pública estructurada en cada plan participativo para el desarrollo territorial como lo demanda la Ley.

Una de las más peligrosas y complejas amenazas que yace latente pero sin doliente es la ruptura o aislamiento del ser humano con la naturaleza que siempre nos ha rodeado, la cual se experimenta en la ausente sostenibilidad de nuestros centros urbanos.

Una de las más peligrosas y complejas amenazas que yace latente pero sin doliente es la ruptura o aislamiento del ser humano con la naturaleza que siempre nos ha rodeado, la cual se experimenta en la ausente sostenibilidad de nuestros centros urbanos; no importa que el cemento  y lo artificial prevalezca sobre lo natural que debe ser un parque, que los jardines infantiles no tengan amplias áreas naturales de juegos o el bienestar climático natural de cada espacio construido; que los árboles cada vez sean menos y las corrientes naturales y pluviales sean veloces haciendo que la temperatura ambiente aumente cuatro grados más; que nuestras corrientes naturales de agua sean cloacas y remplazados por canales de concreto que obstruyen la recarga de acuíferos y desaparición de la fauna y flora; que los muchos peatones tengan que circular bajo el inclemente sol y altas temperaturas o que nuestro patrimonio natural de miles de años continúe desapareciendo o siendo alterado inadecuadamente.

No existe justificación alguna para que nuestras ciudades continúen con un crecimiento caótico, informal e innecesario que traspasa los perímetros de servicios y persistan en la informalidad por décadas, evadiendo las responsabilidades de la administración pública, con la exclusión y discriminación social a los que siempre se le han negado cualquier oportunidad y malgastando sus incipientes ganancias en los altos costos de transporte hacia y desde su trabajo informal, equipamiento social  y ni hablar de contar con ningún servicio público domiciliario.

Tratar el aspecto de la vivienda como el principal articulador del desarrollo urbano y debe ser el mayor condicionante para el desarrollo social, por lo tanto, amerita ser tratada con sumo cuidado, compromiso y responsabilidad por parte de quienes planifican, administran y controlan el desarrollo urbano.

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