martes, 3 de febrero de 2026

Columna de Opinión

Réplica pública

Por: Héctor Merlano Garrido



Con ocasión de la conferencia dictada en la sesión solemne del primer aniversario de la Academia de Historia de Sincé (AHISINCE) y de Las Sabanas, dedicada al análisis de las colisiones políticas e intelectuales entre Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, resulta imprescindible responder al comentario formulado por Alfonso Osorio Simahan.

Para el citado comentarista, dicho abordaje constituiría un “desacierto estratégico”. Sin embargo, conviene precisar que el fondo de su crítica no se dirige al contenido historiográfico de la conferencia, sino a su corolario final, el cual ha sido interpretado de manera equívoca y desplazado hacia un terreno ideológico que no le corresponde.

Equiparar un análisis historiográfico con adhesión a proyectos políticos contemporáneos no solo es metodológicamente incorrecto, sino intelectualmente improcedente. Tal asociación incurre en un anacronismo evidente y desconoce los principios básicos del oficio histórico. Más aún, confunde deliberadamente el estudio crítico de Bolívar con el uso abusivo y distorsionado que la dictadura chavista y madurista de Venezuela ha hecho de su figura, apropiación que carece de toda legitimidad histórica y doctrinal.

Conviene decirlo con claridad: el verdadero desacierto histórico y político no es el estudio de las tensiones entre Bolívar y Santander, sino la pretensión de ciertos ideologistas contemporáneos de apropiarse del pensamiento del Libertador para apalancar y justificar un régimen autoritario. Esa operación constituye una distorsión consciente del legado bolivariano y un abuso del pasado con fines de legitimación política.

Bolívar no es patrimonio de ningún régimen ni de ninguna ideología del siglo XXI.

Bolívar no es patrimonio de ningún régimen ni de ninguna ideología del siglo XXI. Su instrumentalización política actual no redefine su legado ni invalida su estudio académico. Pretender lo contrario supone conceder a prácticas autoritarias la facultad de secuestrar la historia.

La perspectiva desarrollada en la conferencia se inscribe en una tradición de lectura crítica y contextual del pasado, aprendida, entre otros, del intelectual sinceano Carlos H. Pareja, quien insistió siempre en separar el rigor historiográfico de la militancia ideológica. Analizar críticamente a Bolívar — incluidas sus colisiones con Santander— no fortalece proyectos autoritarios actuales; por el contrario, desnuda la falsedad de quienes intentan convertir al Libertador en fundamento doctrinal de un régimen que niega los principios republicanos, la legalidad y la libertad que él defendió.

Reducir el análisis histórico a etiquetas políticas empobrece el debate y desvirtúa la función misma de una academia de historia.

 


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