Pensar la infraestructura educativa
Por: Olimpo Del Castillo
En los 15 años transcurridos
entre 1951 a 1964 pasamos desde unos 2,7 millones a 14 millones de habitantes
urbanos con la constante de preocupación de los gobiernos para ir dotando a la
población con el equipamiento educativo suficiente, pero, sobre todo,
debidamente dimensionado en áreas construida y libre; la población infantil,
adolescente y joven continua en aumento y con el alto déficit de hace 60 años.
Apareció el Instituto
colombiano de construcciones escolares con diseños repetitivos que no tenían en
cuenta otras importantes determinantes para el aprendizaje. Se comenzó la
elección popular de alcaldes y todo continuaba igual, algunas aulas más y el
“embellecimiento” de otras tantas, pero con pésimos servicios públicos y nulo
bienestar climático, poniendo en altísimo riesgo la calidad de la educación con
infraestructura incipiente e insuficiente que continúa apareciendo en cualquier
lugar y en muchas de nuestras ciudades.
Solo en contadas ciudades y algunos pequeños municipios se nota como la arquitectura y el urbanismo se incorpora a la construcción de ciudad y oportunidades, sin perder de vista la integración social y el comportamiento de la ciudadanía.
Solo en contadas ciudades y
algunos pequeños municipios se nota como la arquitectura y el urbanismo se
incorpora a la construcción de ciudad y oportunidades, sin perder de vista la
integración social y el comportamiento de la ciudadanía que llevaron a un
mejoramiento del espacio público y el entorno. Recuperar y fortalecer el vínculo
del niño con la naturaleza al interior del centro educativo, que las
actividades de educación ambiental se conviertan en prácticas verificables
hacia dentro de la institución sin importar el nivel educativo.
Convertir el equipamiento
educativo y cultural en “templos del saber” se hace imperativo, tienen que ser
aislados de cualquier uso compatible o complementario, que su materialidad se
perciba como lo más importante y sagrado del sector, se requiere que las
prácticas deportivas sean a su interior con la dirección técnica adecuada y alta
oportunidad para llegar a ser profesionales del deporte, que la formación del
saber y el conocimiento sea integral y obtener altos niveles de convivencia y
seguridad.
Bastante probable es que se
siga impartiendo una educación muy local y sin ningún enfoque global y de alta
competencia desde nuestra incipiente infraestructura educativa, porque no
implementarla como ciudadela educativas dentro de un marco cultural y ambiental
que se evidencie y privilegie en su conjunto arquitectónico los espacios
públicos, el paisaje natural, la valoración de la vida, y la fuerza de un
futuro esperanzador.
Con frecuencia se escucha que
las finanzas públicas son escasas en proporción a los proyectos prioritarios para
la comunidad, pero la realidad muestra una contradicción en que y como se
invierte lo poco en lo que no es esencial para el presente y futuro y productos
resultantes que dejan muchísimo que desear en las decisiones equivocadas y los
resultados.
La relación entre la calidad
de la infraestructura educativa, los espacios de aprendizaje y de apoyo (Laboratorio,
biblioteca, auditorios, áreas de tecnologías, recreación y deportes) son
directamente proporcional con los resultados de las pruebas académicas, el
bienestar emocional y físico de los estudiantes. Los espacios educativos deben brindar
soluciones, tanto alumnos como profesores, en lo que se refiere al bienestar
climático, el confort, la funcionalidad y la sostenibilidad.
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