viernes, 13 de febrero de 2026

Columna de Opinión

Staly Severiche: sembrar para recoger

Por: Francisco Figueroa Turcios 



Staly Severiche Gil, nunca puso su pobreza extrema como excusa para no involucrase en el proyecto social la Ruta del Color: por lo contrario su vocación por el servicio social le dio su recompensa. Este hombre es uno de esos personajes anónimos sin los cuales el proyecto social La Ruta del Color, en San Juan de Betulia (Sucre), simplemente no existiría. No firma murales ni posa frente a las cámaras, pero su huella está en cada pared que hoy sonríe al visitante.

Staly, es un verdadero todoterreno: prepara las fachadas con estuco y pintura blanca, rellena superficies, lava pinceles, alista materiales. Su trabajo ocurre antes, durante y después del acto creativo. La suya es una labor silenciosa, indispensable, de esas que casi nunca reciben aplausos, pero sin las cuales el arte no llega a nacer.

Cuando Staly decidió vincularse a La Ruta del Color, muchos intentaron disuadirlo. —Eso es perder el tiempo, ahí no pagan ni un peso— le dijeron algunos amigos. Él, sin embargo, tenía claro que su vocación social, no podía estar ajeno al proyecto social que le daría un nuevo renacer a su tierra natal: San Juan de Betulia.

“Yo necesitaba trabajar todos los días para el sustento de mis hermanos —recuerda—, pero para mí lo importante no era el dinero, mi vocación de servicio social fue mi detonante para vincularme al proyecto de la Ruta del Color.

Mi vinculación fue a partir de la tercera casa- la de las mariposas amarilla- desde entonces estoy firme apoyando este importante proyecto social que ha embellecido a San Juan de Betulia y lo ha convertido en epicentro turístico ”. Staly, Severiche no se dejó amilanar. Apostó por su pueblo natal, San de Betulia.

En San Juan de Betulia, el colectivo Amigos del Parque lidera la iniciativa que busca transformar tanto el entorno urbano como la vida de familias a través del proyecto La Ruta del Color. La propuesta combina el arte y la cultura con acciones de carácter social, y no se limita únicamente a embellecer fachadas. El proyecto brinda apoyo a hogares en situación de vulnerabilidad, mejorando las condiciones como el caso de Staly Severiche.

Carmen Estela Ortega, directora del programa Betulia Solitaria un capitulo social de la Fundación Amigos del Parque que dirige Òscar Ortega- al percatarse de la pobreza absoluta en que vivía Stalin no dudó un segundo en el incluirlo en el programa que ella lidera.

«Nuestra causa social del programa Betulia Solidaria es no tener unas casas con fachas lindas y gente que no tenga vida digna- no vamos a pintar mas fachadas, mientras los dueños vivan en una pobreza extrema- bajo esa filosofía no podíamos hacer menos por Staly Severiche quien es uno de los fieles colaboradores.. la recompensa fue darle una vivienda digna» acota Carmen Estela Ortega sobre el mejoramiento de la vivienda de Stalin Severiche.

. La casa de Staly se convirtió en un sitio confortable digno para un hombre que sin ningún interés día a día ayuda a forjar el proyecto la Ruta del Color para convertirlo en un epicentro turístico a nivel nacional.

La historia personal de Staly Severiche no ha sido sencilla. solo pudo estudiar hasta quinto de primaria en el Colegio San Juan de Betulia. Sus padres, José María Severiche —administrador de finca— y Elvira Gil Julio, ama de casa, no tuvieron la fuerza económica para sacar adelante académicamente a seis hijos: Jesús del Cristo, Blanca Elvira y Elvira Isabel (ya fallecidos), José Rafael, Luis Augusto y Staly de Jesús Severiche Gil.

La necesidad cerró temprano las puertas del bachillerato, y la vida le enseñó otros caminos. Ante la adversidad, Staly, aprendió a trabajar. Sus primos Nando e Iván Julio le enseñaron los conocimientos básicos para convertirse en pintor de brocha gorda. Una mano lava la otra, y así Staly empezó a forjar su oficio con lo único que tenía: voluntad.

«Mi papá el día que fui a visitarlo a la finca la Estación de Luis Jiménez, me puso la mano en el hombro y me dijo: ‘Mijo yo no tengo la fuerza económica para ponerlo a estudiar bachillerato. No es fácil sostener un hogar con seis hijos. El consejo que le doy es que usted tiene que aprender a trabajar un oficio para que se defienda en la vida».

Mis primos hermanos Nando e Iván Julio me enseñaron a trabajar como pintor de brocha gorda y gracias a Dios es mi profesión» destaca Staly Severiche orgulloso de ser un pinto de brocha gorda.

Cuando Staly Severiche llegó a La Ruta del Color, vivía en pobreza absoluta junto a sus dos hermanos: Joche y Luis Augusto. La casa carecía de energía eléctrica, agua, gas, cocina, baño y de los elementos mínimos para una vida digna. Aun así, nunca puso su pobreza extrema como excusa para no involucrase en el proyecto social la Ruta del Color.

Staly , convertido por la vida en padre tras la muerte de su progenitor hace diez años-José María Severiche- sostiene el hogar y cuida a sus dos hermanos con discapacidad. Su trabajo diario es discreto, constante y profundamente digno. Alterna su labor de pintor de brocha gorda con su aporte a la Ruta del Color.

En cada color de la casa de Staly, quedó la huella de quienes se unieron para levantarla. Porque cuando el arte y la solidaridad se encuentran, el hogar también nace.

La recompensa le llegó a Stalin sin que la esperara. » Nuestra casa estaba deteriorada, vivíamos en la pobreza absoluta y hoy gracias a la Ruta del Color a través del programa Betulia Solidaria tenemos una vivienda digna y amoblada» destaca Staly Severiche sobre la trasformación de su casa.

Hoy, Staly Severiche se siente feliz. Tiene una vivienda digna para él y sus hermanos, y ve cómo su pueblo natal, San Juan de Betulia, se transforma en un atractivo turístico gracias a La Ruta del Color.

» De corazón quiero darle las gracias primero a Dios y a todas las personas que colocaron un gratino de arena por nuestra vivienda para hacer realidad el sueño de tener una vida digna al lado de mis hermanos» resalta Staly Severiche sobre la solidaridad de la gente a través del programa Betulia Solidaria.

La vida, que suele caminar despacio, un día decidió detenerse frente a la casa de Staly Severiche y saldar una deuda antigua. No fue caridad lo que llegó a su puerta, fue justicia social vestida de paredes firmes, techo digno y luz encendida. La recompensa no cayó del cielo: nació del trabajo silencioso, de la lealtad al colectivo y de una vocación de servicio que nunca pidió aplausos.

Staly no pintó murales para verse en ellos; pintó futuro mientras sostenía un hogar marcado por la ausencia y la discapacidad. Su historia demuestra que la Ruta del Color no solo transformó fachadas, sino destinos. Porque cuando una comunidad entiende que el arte también es un acto de solidaridad, la pobreza deja de ser paisaje inevitable.

Hoy, la casa de Staly ya no es símbolo de carencia, sino de dignidad recuperada. Y en cada pared que ayudó a preparar, en cada brocha lavada sin nombre propio, quedó sembrada una verdad sencilla: quien entrega lo mejor de sí al bien común, tarde o temprano encuentra en la vida una respuesta justa. En Betulia, esa respuesta tiene forma de hogar, de esperanza y de color.

Y así, sin ruido, sin aplausos, sin cámaras, Staly Severiche pintó lo más difícil: una vida digna para los suyos y un pueblo que hoy esta en el mapa turístico a nivel nacional a través del proyecto social La Ruta del Color.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Adbox