martes, 10 de marzo de 2026

Columna de Opinión

Uribe y los interrogantes tras el 8M

Por: Alejandro Chala




Yo, en contravía del sentido común, si me aparto de la tesis de que Uribe con estas elecciones termina teniendo mucha más fuerza política. No.

Y no es porque no haya obtenido curul en el Senado o por los procesos judiciales en su contra, sino porque, aunque parte de la lista que elaboró al Senado responde a sus propios intereses (dentro del mismo Centro Democrático desconfiaban de la lista, que no incluía a muchos uribistas "históricos" y había apelado a otros rostros), no es una lista que responda directamente a su proyecto ideológico, como sucedió en 2014.
De hecho, muchas de las figuras que llegaron al Congreso, como Daniel Briceño, son figuras que han construido una identidad de derecha mucho más independente, en la que Uribe tiene un rol más de figura histórica que de eje discursivo. También hay figuras como Óscar Villamizar, que también han construido estructuras políticas dentro del Centro Democrático que les permiten su supervivencia a nivel territorial.
Y aunque es verdad que Uribe sigue conservado su fuerza política al interior de su colectividad, también es verdad que ya no tiene el control discursivo del partido ni tampoco la capacidad de contener en su interior a grandes sectores de derecha. El Movimiento de Salvación Nacional acaba de surgir como opción política para contener a las expresiones más extremas hacia la derecha y obtuvo 4 curules, y esta es una campanada hacia 2030 para un partido en el cual su presidente fundador ya va de salida de la política y en el que aún no surge una figura política capaz de unificar estas tensiones y tendencias en su seno.
En este caso, la tensión entonces no es solo de candidaturas sino de proyectos, pues donde Paloma Valencia, por ejemplo, representa una apuesta por institucionalizar el uribismo y darle continuidad sin Uribe, Cabal representa la opción de radicalizar la ruptura y capitalizar el descontento de quienes ya no se sienten contenidos por la moderación.
Por lo que Valencia sería allí una especie de apuesta "prudente", pero el Centro Democrático también tiene una tendencia más radicalizada que no votó por ella y que se está desplazando hacia donde Abelardo, donde tienen muchísima más libertad. María Fernanda Cabal, por ejemplo, puede capitalizar esos apoyos.
En ese sentido, Uribe está perdiendo el control partidario, porque por su edad y por el mismo desgaste del uribismo como proyecto político ya no es dique de contención de las derechas, pero sigue teniendo incidencia en el campo político, aunque con un sistema político en transición que a nivel ideológico está mucho más fragmentado.

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