lunes, 16 de marzo de 2026

Columna de Opinión

Hispanos o latinos ¿Qué somos?

Por: Hernán De la Ossa Benítez


En los estertores del siglo XIX a un grupo de personajes de la Francia antigua, entre ellos Napoléon III, se les ocurrió acotar en la lingüística del pópulo, el término “latinoamericano”. Estas ambiciones obedecían a la necesidad de reafirmar la afinidad cultural con Europa en los moradores de las américas, en contraposición a la influencia anglosajona que iba in creciendo, lo que acabó siendo un despropósito que pretende desconocer nuestros orígenes hispanos.


Son los países latinos aquellos cuya lengua oficial es el latín (lenguas romances) pero que además comparten una herencia cultural, histórica y étnica con el antiguo imperio romano. Si bien la lengua castellana se desprende como una variación del latín, en el tema cultural, étnico e histórico, los americanos carecemos de cualquier sustento racional existente con el Lazio, lo que si no podemos desconocer es el cierto legado romano que adoptamos producto de la universalidad del derecho y la conformación política de nuestras repúblicas.


Nosotros los hispanoamericanos somos el resultado del mestizaje donde confluyen tres razas que nos identifican; indígenas, negros y españoles, y de las que aún conservamos de forma muy marcada, ciertas connotaciones en nuestro proceder. Jamás se ha hablado en la historia de una injerencia romana en el despliegue de nuestra cultura, por lo cual no adoramos a los dioses paganos, marte o apolo (aunque a veces, ignorantemente, si rendimos tributo a Dionisio) del mismo modo, no adoramos a “mexión” o “manexca” dioses propios de la cultura zenú en el caribe colombiano y esto se lo debemos a la catequesis española que fue resultado de la inmersión.


De nuestras tierras no emergió el desarrollo de una lengua romance y es tan lejana nuestra relación con el latín, que no solo hablamos lengua castellana, sino que los acentos de las regiones de América son una copia exacta del dialecto de la península Ibérica. Somos hispanoparlantes, no latinoparlantes, nuestro dialecto se basa en las reglas gramaticales del castellano y los términos que utilizamos son aquellos que los ibéricos trajeron a nuestra américa. Nuestras ciudades no tienen coliseos a la usanza romana sino plazas de toros, igual que en España. No llevamos apellidos como Medici o Della Rovere originarios de Florencia y del mediterráneo, sino Castillo, Navarro o Ávila nacientes en las provincias españolas.


Son innumerables los aspectos que sujetan a nuestros orígenes españoles, por lo tanto, ya no es tiempo de temer a la influencia anglosajona (al menos en la lingüística o en la cultura) puesto que hemos forjado nuestra forma de ser a partir de la inmersión hispánica abrazada a la herencia india y africana.

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