¿Transición o Reconfiguración Energética?
Pero la crisis
va más allá. Las plantas de Gas Natural Licuado (GNL) de Medio Oriente están
cerradas, los fertilizantes escasean y la inflación alimentaria amenaza con
dispararse en economías emergentes.
Frente a este
escenario de incertidumbre energética, América Latina se asoma con una
relevancia inesperada al poseer más del 40% de las reservas mundiales de cobre (Chile
y Perú) y más del 50% del litio (Chile, Argentina y Bolivia). A ello se suman
reservas estratégicas de hidrocarburos como las de Venezuela y Argentina. Países
como Brasil, Colombia, Guyana y Argentina complementan este panorama con recursos
minerales que las potencias necesitan para su reindustrialización y su
transición energética.
Colombia en
particular, cuenta con reservas probadas de petróleo y gas. Su producción
históricamente estable y su ubicación geoestratégica lo convierten en un socio
atractivo en estos momentos de volatilidad global.
Sin embargo,
como señala el informe de perspectivas para 2026 de J.P. Morgan, América Latina
ha sido históricamente una región paradójica “rica en recursos, con una
ubicación estratégica y demográficamente dinámica, pero condenada al fracaso
crónico a la hora de monetizar ese potencial”. El extractivismo sin
industrialización ha sido la regla durante siglos.
Esta crisis
global puede ser la coyuntura decisiva. La reconfiguración de las cadenas de
suministro y la búsqueda de “nearshoring” están dando paso a nuevas
oportunidades de bloques comerciales regionales.
Pero Colombia
tiene otra ventaja competitiva en sus reservas de minerales críticos. El país
posee cobre, níquel y ferroníquel, materia prima para la infraestructura
asociada a la transición energética global. A esto se suman los grandes descubrimientos
de gas costa afuera en el Caribe. Este potencial, junto con proyectos en curso
como la planta de regasificación en Coveñas, la planta de aluminio verde en el
Golfo de Morrosquillo y la producción de hidrógeno, posiciona al Caribe
colombiano como un hub industrial y energético con capacidad de transformación
y valor agregado.
Para ir acorde
con la reconfiguración energética y geopolítica, el país requiere una política
minera e industrial ambiciosa. No basta solo con fijar precios justos para los
minerales. Se hace necesario exigir e incentivar que las plantas industriales
asociadas a la transición energética se instalen en territorio colombiano.
La crisis de
oriente medio nos deja bien claro que la energía es una cuestión de seguridad
nacional. La dependencia de cadenas de suministro lejanas desestabiliza
economías en cuestión de días. La transición energética global no espera y
Colombia tiene una oportunidad. Aprovecharla requiere visión de Estado,
políticas coherentes.
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