viernes, 10 de abril de 2026

Columna de Opinión

Se siente Macondo

Por: Rita Mendoza Simahan



Durante mi recorrido en esta Semana Santa hacia la parte veredal de nuestra sabana Sucreña sentí de inmediato, al llegar, que había entrado en un auténtico mundo macondiano, donde el tiempo parece haberse detenido, evocando la esencia del Macondo que el nobel García Márquez referenció en sus obras; un espacio cotidiano que entrelaza lo extraordinario y donde cada rincón cuenta historias.

Me impactó, como el sol brillaba con esa luz dorada imponente, un calor inclemente nos abrazaba, creando una atmosfera mágica con la poca brisa que acariciaba suavemente nuestros rostros. A medida que saludaba, y entraba a las casas de conocidos, me encontré todavía con oficios ancestrales que aún perduran. Observé, que todavía conservan la chicha de semana santa, tradición de la época, una chicha de maíz en la tinajera de barro, colocada en un rincón fresco de la sala. Y al mirar el patio, me encuentro con un alambre lleno de pescado colgado, que parecían una cortina de adorno, los cuales ya habían sido ahumados y salados. Las casas empalmadas con hojas de la palma de vino, propia del territorio dando frescura total al ambiente. Las hornillas cuidadosamente construidas, de manera artesanal son el corazón de las cocinas, donde el aroma del sancocho, el dulce, el pebre de gallina, el asado y el frito, despiden aromas que se entrelazan con la calidez de la comunidad.

En este viaje, retrocedí, un siglo atrás, cada rincón me recordaba la riqueza de nuestras raíces y la sabiduría de nuestros antepasados. Y es que este letargo vivido en el tiempo, que a veces parece una falta de dinamismo, es, en esencia un espacio sagrado donde la ancestralidad se manifiesta en cada detalle.

Desde mi mirada como mujer, valoro la fortaleza de nuestras tradiciones, pues aquí en estas veredas tanto hombres como mujeres han sido guardianes de saberes que las nutren. La serenidad de estas veredas, nos brindan la oportunidad de reflexionar sobre el tiempo de Macondo, donde la vida se vive con intensidad, aunque a un ritmo diferente. Una vida marcada por la simplicidad y el respeto por lo esencial. También reflexiono sobre la rutina diaria y que, en medio de ella, se revela el valor de lo básico: el alimento compartido, los lazos comunitarios y la relación con la naturaleza.

Al regresar de este viaje, reafirmo mi posición ante la vida, en un mundo agitado ENCONTRAR PAZ EN LO SIMPLE, es un regalo invaluable que todos podemos abrazar y que no olvidemos LA IMPORTANCIA DE LO ESENCIAL.

 

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