Se siente Macondo
Por: Rita Mendoza Simahan
Durante mi recorrido en esta Semana Santa hacia la parte veredal de
nuestra sabana Sucreña sentí de inmediato, al llegar, que había entrado en un
auténtico mundo macondiano, donde el tiempo parece haberse
detenido, evocando la esencia del Macondo que el nobel García Márquez referenció en
sus obras; un espacio cotidiano que entrelaza lo extraordinario y donde cada
rincón cuenta historias.
Me impactó, como el sol brillaba con esa luz dorada imponente, un calor
inclemente nos abrazaba, creando una atmosfera mágica con la poca brisa que
acariciaba suavemente nuestros rostros. A medida que saludaba, y entraba a las
casas de conocidos, me encontré todavía con oficios ancestrales que aún
perduran. Observé, que todavía conservan la chicha de semana santa, tradición
de la época, una chicha de maíz en la tinajera de barro, colocada en un rincón
fresco de la sala. Y al mirar el patio, me encuentro con un alambre lleno de
pescado colgado, que parecían una cortina de adorno, los cuales ya habían sido
ahumados y salados. Las casas empalmadas con hojas de la palma de vino, propia
del territorio dando frescura total al ambiente. Las hornillas cuidadosamente
construidas, de manera artesanal son el corazón de las cocinas, donde el aroma
del sancocho, el dulce, el pebre de gallina, el asado y el frito, despiden
aromas que se entrelazan con la calidez de la comunidad.
En este viaje, retrocedí, un siglo atrás, cada rincón me recordaba la
riqueza de nuestras raíces y la sabiduría de nuestros antepasados. Y es que
este letargo vivido en el tiempo, que a veces parece una falta de dinamismo,
es, en esencia un espacio sagrado donde la ancestralidad se manifiesta en cada
detalle.
Desde mi mirada como mujer, valoro la fortaleza de nuestras tradiciones,
pues aquí en estas veredas tanto hombres como mujeres han sido guardianes de
saberes que las nutren. La serenidad de estas veredas, nos brindan la
oportunidad de reflexionar sobre el tiempo de Macondo, donde la vida se vive
con intensidad, aunque a un ritmo diferente. Una vida marcada por la
simplicidad y el respeto por lo esencial. También reflexiono sobre la rutina
diaria y que, en medio de ella, se revela el valor de lo básico: el alimento
compartido, los lazos comunitarios y la relación con la naturaleza.
Al regresar de este viaje, reafirmo mi posición ante la vida, en un mundo agitado
ENCONTRAR PAZ EN LO SIMPLE, es un regalo invaluable que todos podemos abrazar y
que no olvidemos LA IMPORTANCIA DE LO ESENCIAL.
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