Totó La Momposina, una mujer de pueblo
Por: Rita Mendoza Simahan
Que emoción tan intensa se siente al escuchar los acordes de nuestra tierra, resonando en lugares lejanos como La Habana, Cuba. Fue un momento mágico, donde el porro, la gaita, los tambores, el clarinete, cobraron vida y el aire se llenó de nuestro auténtico guapirreo y guepaje. Sentí de verdad el corazón grande, lleno de orgullo y esa conexión con nuestras raíces en un lugar ajeno, me hizo vibrar el alma.
Eso lo viví hace 10 años en un teatro de La Habana, al escuchar a TOTO LA MOMPOSINA. Conversar con ella fue un regalo. Cuando le di un abrazo fraterno, felicitándola por su actuación, le susurré al oído, que era de un pueblo de la sabana sucreña que se llama Galeras, Sucre, la tierra de los cuadros vivos. Ella con una sonrisa que iluminaba su rostro me respondió “Claro, somos de los mismos, del Bolívar Grande”. En ese instante sentí que compartíamos un vínculo profundo, un lazo que unía nuestras historias y tradiciones.
Criada a orillas del rio Magdalena, en el seno de una familia de cantadores tradicionales, esta mujer de pueblo, lleva en su sangre un caudal de tradiciones.
Su voz, dialoga con el bullerengue y en cada verso guarda el legado de sus abuelos que cantaban para llamar la lluvia, para celebrar la cosecha, para sostener el llanto y la fiesta.
Una mujer sencilla, autentica y sin disfraces, su presencia es un testimonio vivo, que, al cantar, al bailar trasmite memoria, resistencia y humildad. ¡UNA MUJER DE PUEBLO! Entendió, que su mayor compromiso no solo era con su gente, sino con el mundo, para que conociera esos cantos y el grito de la mujer de rio y se le diera la importancia que se merece.
TOTO, personifica el valor de esas mujeres que, desde la humildad se convierten en guardianas de la memoria y sin pretensiones, llevó la tradición a los escenarios más importantes del mundo con una disciplina férrea y un amor maternal por su grupo.
Su legado va más allá de la música; es un tributo a la mujer de pueblo, a su autenticidad y sentido de pertenencia. Ella nos enseña, que el amor por lo que hacemos y por nuestra tierra es un canto ancestral que se trasmite de generación en generación. Su voz, cargada de historias, nos recuerda la riqueza de nuestras raíces y la importancia de preservar y celebrar nuestra identidad cultural.
TOTO, encarnó el espíritu de la resistencia y la alegría de ser parte de una comunidad que, a pesar de los desafíos, se une en torno a la música, los cantos, la tradición y el amor por la vida.
Y hoy, su espíritu no se ha apagado, simplemente ha decidido mudar su canto a los vientos del Caribe, allí donde las estrellas afinan sus tambores. Su voz, que fue rio, raíz, y ahora eco eterno en el firmamento, vivirá por siempre en nuestra cultura.
Gracias, TOTO por tu música y tu espíritu. ¡Buen viaje!
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