El Sistema de Puntos
Por: Stiven Vitola.
El actual sistema de incentivos por puntos en las
universidades públicas colombianas (Decreto 1279) se presenta hoy como una
realidad dolorosa ante un país con profundas brechas salariales. Mientras las
administraciones universitarias libran una batalla constante por la
sostenibilidad financiera, el gremio docente se enfrenta a un modelo que,
aunque nació con una intención loable de fomentar la excelencia, ha terminado
por distorsionarse. Este fenómeno no es un hecho aislado ni una simple falla
administrativa; es el resultado de la aplicación ciega de una doctrina de
desarrollo que ha sido superada por la historia.
La situación actual nos remite inevitablemente al concepto
económico del incentivo perverso. La
historia narra que, durante la época colonial en la India, el gobierno
británico, preocupado por la proliferación de cobras en Delhi, ofreció una
recompensa por cada serpiente muerta. Al principio, la estrategia fue un éxito;
sin embargo, pronto los ciudadanos comenzaron a criar cobras en sus casas para
entregarlas y cobrar la recompensa de forma continua. Cuando el gobierno
descubrió el engaño y eliminó el incentivo, los criadores liberaron a las
serpientes que ya no tenían valor comercial, resultando en una población de
cobras mucho mayor que al inicio.
En la universidad colombiana, el sistema de puntos ha
generado un "Efecto Cobra" académico:
•
Simulación
en lugar de Investigación: El incentivo por publicación ha llevado a
algunos sectores a priorizar la "crianza" de artículos sin impacto
real, solo para inflar el escalafón salarial.
•
El
Perjuicio al Gremio: Paradójicamente, este sistema termina castigando al
mismo docente. El desproporcionado crecimiento de la nómina, impulsado por
puntos que no siempre reflejan calidad o impacto social, agota los recursos
presupuestales. Esto obliga a las administraciones a cerrar las puertas a
nuevos concursos de planta y a frenar la formalización laboral, estancando la
renovación generacional de la academia.
Por otra parte, es posible interpretar
el sistema de puntos como la respuesta de una universidad cuyo ritmo de
evolución es significativamente más lento que el de las empresas y la sociedad
global. Resulta imperativo cuestionar en qué medida esta producción científica
ha contribuido realmente a mejorar los índices de competitividad o de
innovación empresarial en el departamento. ¿Cuántos de estos esfuerzos se han
traducido efectivamente en patentes o activos de propiedad intelectual? Es
fundamental dejar de percibir este esquema como un beneficio individual y
analizarlo como una respuesta a las demandas del contexto. Todo este sistema
subyace a teorías de desarrollo que profundizaré en el siguiente apartado.
Para comprender por qué este sistema ha
derivado en tales distorsiones, es necesario analizar el fundamento teórico que
lo sustenta, el cual no es un error técnico, sino una elección doctrinal.
Este modelo no responde al azar, sino a una visión rígida sobre cómo se genera
el progreso, al ver los incentivos por puntos en las universidades públicas como
algo mucho más que una simple escala
salarial; ya que constituyen el reflejo fiel del Modelo de Empuje
(Technology Push). Esta doctrina de desarrollo asume una causalidad lineal
simplista: bajo la premisa de que si se fomenta la producción de conocimiento
en la academia (investigación básica), este eventualmente 'empujará' la
innovación, el fortalecimiento industrial y el bienestar social.
Esta filosofía, que tuvo a la NASA como
su referente supremo y a Vannevar Bush como su arquitecto conceptual, parte de
una premisa noble que incluso Mario Bunge defendía: la ciencia es la base de la
civilización. Sin embargo, en el contexto colombiano, esta doctrina se ha
quedado anclada en el tiempo y se ha distorsionado profundamente. Mientras el
mundo evoluciona, en nuestras universidades se sigue hablando de la ciencia
como la base de todo; un discurso que suena poético, pero que convierte en anatema
a quien se atreva a cuestionar su eficiencia real. Lo cierto es que la
evidencia histórica ha demostrado que la universidad no es el único motor de
desarrollo; nuevos modelos han surgido bajo la premisa de que la innovación es
un proceso sistémico y no una línea recta que nace exclusivamente en un
cubículo docente.
La evolución hacia modelos de
Redes y Enlaces en Cadena demuestra que el progreso no es una línea recta, sino
un ciclo de retroalimentación constante. Aquí es donde cobra relevancia el modo
DUI (Doing, Using, Interacting): el aprendizaje que surge de hacer, usar e
interactuar. Mientras el sistema de puntos actual se obsesiona con el modo STI
(Ciencia, Tecnología e Innovación) — centrado en la producción teórica—,
desprecia el valor de la interacción con el territorio y el saber práctico. Un
sistema de incentivos moderno debería valorar tanto el hallazgo científico como
la transferencia de ese conocimiento a la comunidad, la resolución de
conflictos locales y la creación de valor social. La crisis de los Puntos' en
la Universidad de Sucre es la evidencia definitiva del agotamiento de esta
doctrina lineal. Cuando el desarrollo se reduce a una métrica de 'empuje' sin
control ético ni conexión sistémica, el incentivo deja de ser el descubrimiento
para convertirse en simulación.
Bajo este panorama, resulta
válido cuestionar si el objetivo real de los involucrados es expandir la
frontera del conocimiento en favor del progreso regional. Por el contrario, la
evidencia y las recurrentes denuncias en Colombia sugieren que el sistema se ha
instrumentalizado para 'empujar' la base salarial mediante prácticas
cuestionables. Todo esto ocurre al amparo de un modelo que incurre en el error
de suponer que un mayor volumen de publicaciones equivale, necesariamente, a un
mayor desarrollo.
Por tanto, puedo decir, que las
medidas anunciadas recientemente por las carteras gubernamentales y los
representantes políticos —centradas casi exclusivamente en imponer topes
salariales y aumentar la vigilancia fiscal— no son más que un maquillaje
institucional que elude el fondo del problema. Si bien estas restricciones
ofrecen un alivio financiero inmediato para la supervivencia de universidades
como la de Sucre, fallan al no proponer una hoja de ruta hacia el verdadero
desarrollo. Un sistema que solo sabe "prohibir" el exceso, pero no
sabe "incentivar" el impacto, está condenado a la mediocridad.
La verdadera reforma no debería limitarse a auditar papeles, sino a transformar
radicalmente el motor de incentivos: es imperativo premiar la creación de spinoffs
que dinamicen la economía local, el registro de patentes de invención y
modelos de utilidad, y el aprovechamiento de los beneficios tributarios por
inversión en I+D+i ante Minciencias. Mientras el sistema de puntos siga
premiando la acumulación teórica y se siga castigando, por omisión, el
emprendimiento de base tecnológica, el registro de marcas por ejemplo, la
relación de la universidad, con el estado, las empresas y la sociedad, el alma
mater seguirá siendo una isla de espaldas a las necesidades de su territorio...
No necesitamos solo un techo para los salarios; necesitamos un horizonte para
el desarrollo.
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Me llama mucho la atención ya que ell texto muestra cómo un sistema bien intencionado puede generar efectos negativos cuando se enfoca más en la cantidad que en el impacto real que este puede causar Es clave replantear los incentivos para que la investigación universitaria realmente contribuya al desarrollo social y económico y no solo al beneficio individual.
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