Casas abandonadas
Por: Carlos Pérez Domínguez
Si hay un espacio que grafica la situación actual de Corozal es su centro residencial lleno de casas vacías. Casonas imponentes, elegantes, de grandes ventanales y amplias terrazas. En ellas vivían familias con un peso económico y cultural que hicieron de Corozal, la ‘Perla de la Sabana’.
Eran familias con holgura económica. Emporios ganaderos, en su mayoría, cuyos predios iban más allá de donde alcanzaba la vista. Su pujanza la reflejaban construyéndose casas monumentales, de esas que ya no se construyen porque los tiempos cambiaron, pero también porque la época de los bolsillos llenos se acabó. “Aquí ya no hay ricos, hay riquitos”, me dijo alguna vez el poeta Cristo García, refiriéndose a Sincelejo.
Muchas de esas casonas hoy están vacías. Sus propietarios que heredaron la riqueza forjada por padres y abuelos no las habitan. Son gentes educada en el extranjero, que aprendieron a conocer del campo viendo National Geographic o yendo al zoológico, pues como decía el uruguayo Benedetti “no hay vacas entre los rascacielos”.
Las últimas generaciones de esa estirpe de corozaleros foráneos tienen muy poco arraigo con Corozal, por no decir que ninguno, más allá de esas casonas o algún familiar venido a menos que tuvo que quedarse a morir en la tierra del mote de queso. Porque eso también hay que decirlo, la pobreza silenciosa está presente en barrios como San Juan, San José y San Miguel.
En la fachada de esas casas no hay letreros de ‘se vende’ o ‘se arrienda’. Pareciera que sus dueños, simplemente se olvidaron de ellas. Lo que sí es notorio es cómo la naturaleza va ganando espacio en medio de aquel abandono, emulando el destino de la casa de los Buendía, que comenzó a caerse a pedazos tras la muerte de Úrsula, en Cien Años de Soledad.
Con la muerte de sus grandes hacendados y matronas de misas dominicales, Corozal también entró en un proceso de desmoronamiento que ya se cuenta en décadas y del que no logra salir. ¿Cuál es el gran aporte de las últimas generaciones de líderes corozaleros? Las grandes obras de Corozal se gestaron hace más de 40 años. Hoy por el contrario algunas de ellas se han perdido como el hospital y hasta la misma cárcel.
Las casas vacías del centro residencial reflejan el abandono, pero, sobre todo, la desventura que ha tenido Corozal con los liderazgos encargados de administrar y engrandecer el legado de una generación que supo hacer del municipio una perla. En su cumpleaños 251, deseo para nuestro Corozal un futuro más acorde a lo que enseña su glorioso pasado.
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Leyendo tu columna, existen muchas verdades de lo que dices, sin embargo, la mayoría de éstas casonas del otrora, se han convertido en centros comerciales, muchas han sido modificadas por ejemplo la casa de Abelardo Pérez, hoy convertida en hotel 🏩🏨 y centros comerciales, la casa 🏡 de los Arsanios, la casa 🏡 José Babel, , la casa de Los Mogollones, en fin, son tantas, estas familias se fueron y arrendaron sus viviendas construidas por grandes hacendado de épocas pasadas, recordar es vivir.
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