miércoles, 13 de mayo de 2026

Columna de Opinión

Ética, gobierno y ciudad

Por: Olimpo Del Castillo



“"Para juzgar a un hombre no basta con lo que haya hecho, sino que hay que tomar en cuenta aquello que no hizo debiendo hacerlo."   Juan Bosch.

La responsabilidad compartida entre quienes eligen y los elegidos tiene que ser un compromiso a diario que demuestre que aquello que se propuso en campaña enfocado en el bien común y lo aceptado por las mayorías sea evaluado, valorado y de conformidad general. Así debería funcionar lo gubernamental y lo público, siempre bajo el ojo acucioso y asertivo de quienes vigilan y controlan; todo ha cambiado, aunque las leyes son bastante mejores y casi las mismas de hace treinta y cinco años, continuamos a la espera que aparezcan esas con altos valores, suficientes conocimientos en todos los aspectos de lo público y lo más importante, propuestas necesarias e innovadoras que sean el comienzo hacia un equilibrio y una igualdad real y verificables.

La problemática se profundiza y la realidad es más precaria porque solo aparecen los “enviados” que aunque tengan profesiones, diplomas y títulos, pero muchas veces sin experiencia en lo estudiado, porque inmediatamente se gradúan, no optan por lo debido aumentando conocimientos y capacidades y posicionarse como profesional, no, comienzan una desenfrenada búsqueda de la sombra y protección de quienes tampoco poseen cualidades y honestidad, pero siempre dispuestos a los atajos, el poder y la riqueza rápida, con tal de lograr una oportunidad a cambio de su integralidad y dignidad, convirtiéndose en serviles obedientes; echando a la basura esos títulos esfuerzos  y sacrificios propios y de familiares con tal de entrar en esa carrera desenfrenada por la codicia y  el dinero fácil, sin importar los riesgos personales y de los principios familiares de quienes dice amar y velar para que tengan mejor futuro.

Sus objetivos más importantes son: hacerse elegir u obtener un alto cargo de libre nombramiento e ir escalando hasta lo nacional, pero nunca con independencia, solo hasta que aparezca otro que pueda ser más útil (o inútil) que pueda hacer mejor la tarea y mantenga doblada su cerviz, así sea delinquiendo conscientemente a favor de sus superiores. Las administraciones municipales se vuelven amnésicas para con la ciudadanía, todo se ralentiza y aparece una que otra pequeña obra con altísimo despliegue publicitario y que gobiernos anteriores postergaron o no concluyeron. La planeación de la ciudad es una camisa de fuerza y gran limitante para disponer del erario en proyectos reaccionarios y distractores, dejando a un lado lo verdaderamente lo relevante para el presente y futuro de la comunidad, que obviamente generaría un alto compromiso para los gobernantes que vendrán con iguales intenciones, incluso hasta peores.

Seguramente todos los instrumentos de planeación, muchas veces plagiados, pero totalmente irreales y desenfocados, pero con un cumplimiento del 100% según las rendiciones de cuentas aplaudidas por las mayorías de quienes componen las comisiones o consejos de participación ciudadana, cuyos miembros son escogidos a dedo y afines al gobierno de turno. Es fácil concluir que, si esas evaluaciones y cumplimientos se ajustasen a la realidad contundente, entonces estaríamos habitando en ciudades debidamente desarrolladas; pero lo que se vive es diametralmente opuesto y haciendo notorio e incluso innecesario que las plantas de personal sean tal numerosas, incluyendo los tantos concejales que tampoco es que verdaderamente sean coadministradores (por estos lares se sabe sobradamente que nada aportan a lograr un buen gobierno) hasta significaría un ahorro sustancial en los presupuestos para mayor inversión social. Se volvió costumbre que el alcalde sea quien decida que se debe y tiene que hacer, que se tiene que construir, cuales son los costos y la calidad de los proyectos, quienes ganan las licitaciones, sobre todo, nombrar a sus colaboradores a conveniencia que no cuestionen o propongan, solo obediencia total, para tenerlo en cuenta con relevo y subordinado del saliente.

Buena cosa es saber y conocer que son muchos quienes rompieron esa histórica tendencia y con tan maligna práctica, irrumpiendo desde hace pocos años, con críticas constructivas bien argumentadas y simplemente dar el salto hacia el poder democrático que reside en la ciudadanía, que sea esta, quien le imponga a los próximos gobernantes los deseos y propósitos que le continúan adeudando por décadas y frenan el equilibrio ambiental, social, económico y contar con una población empoderada que sabe dar buen uso al voto.

 

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