El legado de nuestros maestros no se limita a las aulas
Por: Rita Mendoza Simahan
El legado de nuestros maestros no se limita a las aulas, se extiende a través del tiempo, como un hilo invisible que conecta a generaciones. Con cada lección impartida, caga regaño, cada consejo dado, ha sido un faro en el camino para crecimiento personal de diferentes generaciones.
Y hoy que celebramos el día del maestro, vuelvo la mirada a nuestras raíces de nuestro terruño sabanero, hacia ese amanecer de principio de siglo XX, cuando en medio de la brisa, el calor y la inmensidad de nuestro territorio, comenzaron a erigirse las primeras escuelas rurales. Aquellos fueron tiempos quijotescos de maestros y maestras que encontraron en su vocación el equipaje perfecto para desafiar las distancias y las limitaciones de la época, para sembrar un poco de sabiduría en tierras lejanas. Algunos partieron a tierras lejanas para formarse y regresaron a compartir ese conocimiento naciente.
Siempre he estado atenta y con mucha fascinación a lo que relata el Doctor Alberto Mendoza Candelo, en su obra MEMORIAS DE GALERAS, de aquellos años en los que, desde la voluntad de Cartagena, en ese Bolívar Grande, y con el apoyo de la dinámica local, empezaron las escuelas públicas rurales, desde luego, en locales de arrendamiento y con profesores idóneos.
No puedo dejar de nombrar al señor Francisco Navarro Atencia, quien tomó posesión del cargo de Director de la ESCUELA RURAL DE VARONES DE GALERAS en 1909. Sembró la semilla del ideal supremo de libertad, y tan bien lo supo hacer, que sus discípulos fueron los adalides de la creación de este municipio en 1931.
La educación era la cenicienta en la República de Colombia y a pesar de eso se formaron tanto hombres y mujeres en este oficio. Su cualidad más grande “SU VOCACION Y SACRIFICIO” y empezaron a sembrar el valor del conocimiento especialmente entre las mujeres que para entonces eran subvaloradas. Personajes que no puedo dejar de nombrar, casi todos de origen Sinceano, como Pedro José Coley, Saúl Arrieta, Manuel Espinoza Romero, Gabriel Martínez, María del Rosario Herrera y Lucila Correa entre otros, los honro este día.
El nivel académico y ético del maestro se fue elevando notoriamente y el sentido de responsabilidad como educadores; sabían que en sus manos estaba el formar el capital humano que Galeras necesitaba para volver a ser Municipio. Y aparecen los nombres de Helena Oliver, Alicia Yulit Simahan de Martínez, Carmen Garrido, Jorge Benjumea Parra, Guillermo Sotero Coley, Belisa Tejada, Heriberto Pérez, Silvia Cueto. Por cierto, en 1980 recibieron las más alta condecoración que el estado puede dar, LA ORDEN CAMILO TORRES, ALICIA YULIT SIMAHAN DE MARTINEZ Y JORGE BENJUMEA PARRA, cuyos descendientes, su nueva generación, está aportando al territorio y destacándose en sus frentes de trabajo y vocación.
Ellos, no solo dictaban clases, tejían con paciencia la estructura social de nuestro pueblo. Fueron ellos, quienes, con tiza y sacrificio, trazaron el camino que hoy recorremos.
Honrar su memoria en este día, ante todo es un acto de justicia histórica; es poner en valor a esos pioneros que, entre el calor de la sabana y la sencillez de nuestras aulas, nos enseñaron que LA EDUCACION ES EL LEGADO MAS PURO Y DURADERO. Su paciencia y amor, sembraron en nosotros la curiosidad y el deseo de superación. Es vital que las nuevas generaciones conozcan sus historias de aquellos que abrieron el camino. Los maestros de hoy, deben recordar que con cada paso que dan, están construyendo sobre los cimientos que otros laboriosamente levantaron. La educación es una herencia sagrada que deben cuidar y expandir, convirtiéndose en los nuevos faros de esperanza y aprendizaje.
HONREMOS SU MEMORIA, MANTENIENDO VIVA LA LLAMA DEL CONOCIMIENTO Y EL AMOR POR APRENDER EN CADA CORAZÓN.
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