Sincelejo 2036: el desarrollo empieza cuando pensamos distinto
Por: Juan Carlos Monterroza
Durante años, en Sincelejo hemos repetido la misma conversación: que la ciudad tiene potencial, que podría ser más, que solo necesita oportunidades. Y, sin embargo, pasan los años y el cambio real no llega. No porque falten recursos, ni porque no sepamos qué hacer, sino porque como ciudad no hemos tomado una decisión de fondo: pensar en el largo plazo y actuar en consecuencia.
El desarrollo no es un proyecto, ni una obra, ni un periodo de gobierno. Es una forma de entender el presente con responsabilidad hacia el futuro. Y ahí está el mayor desafío de Sincelejo: dejar de resolver lo inmediato para empezar a construir lo que permanece.
El punto de partida está en su base económica. Durante décadas, la ganadería y la agricultura han sido vistas como actividades básicas, casi como un punto de partida que hay que superar. Pero esa visión es equivocada. El campo no es el pasado de Sincelejo, es su mayor oportunidad. Lo que ha fallado no es el sector, sino la manera en que lo hemos trabajado.
Nos acostumbramos a producir y vender rápido. A depender de intermediarios. A aceptar precios bajos porque “siempre ha sido así”. Pero una ciudad no avanza cuando repite sus hábitos, sino cuando los cuestiona. Una res no debería salir solo como ganado en pie; debería convertirse en carne procesada, en producto terminado que genere empleo local. Un cultivo de yuca o de ñame no debería quedarse en venta básica; puede transformarse en alimentos con mayor valor y estabilidad de ingresos.
Este cambio no comienza con grandes inversiones. Comienza con una decisión colectiva: dejar de pensar en el corto plazo. Significa que los productores se asocien, que mejoren sus prácticas, que apuesten por calidad. Pero también significa que como ciudadanos entendamos que el desarrollo del campo es el desarrollo de la ciudad. No son mundos separados.
Al mismo tiempo, Sincelejo ya tiene otra fortaleza que muchas veces pasa desapercibida: su capacidad de prestar servicios. La ciudad es un punto de referencia para municipios cercanos en salud, comercio y educación. Pero ese potencial no ha sido organizado ni potenciado. Si se asume con claridad, Sincelejo puede convertirse en un verdadero centro regional de servicios, generando empleo formal y reteniendo talento que hoy se ve obligado a migrar.
A esto se suma una oportunidad que no existía hace unos años: la economía digital. Hoy no es necesario salir de la ciudad para acceder a trabajos bien remunerados. Pero esto exige preparación. Formación en habilidades digitales, dominio de otro idioma, acceso a herramientas. No es un cambio automático, pero sí posible si se asume con disciplina. Aquí, más que infraestructura, lo que se necesita es visión y compromiso.
Sin embargo, ningún avance es sostenible si la ciudad sigue creciendo sin orden. El desarrollo también se construye en cómo vivimos el día a día: en la movilidad, en el espacio público, en la planificación. Una ciudad desorganizada limita oportunidades; una ciudad pensada atrae inversión y mejora la calidad de vida. Ordenar Sincelejo no es solo un tema técnico, es una decisión sobre el tipo de ciudad que queremos ser.
Hay un tema que atraviesa todo lo anterior y que no se puede ignorar: la informalidad. Miles de familias dependen de actividades que están por fuera del sistema formal. No porque quieran, sino porque no han tenido otra opción. El reto no es combatirlas, es integrarlas. Facilitar, acompañar, generar condiciones reales para que crecer sea posible. El desarrollo no excluye; el desarrollo incluye.
Pero nada de esto será suficiente si seguimos esperando que el cambio venga únicamente desde las instituciones. El futuro de Sincelejo no depende solo de un alcalde, ni de un plan de gobierno. Depende de una cultura ciudadana que entienda que el progreso es un proceso continuo, no un evento aislado.
Pensar en diez años puede parecer lejano, pero en realidad es inmediato. Las decisiones que no se toman hoy son oportunidades que no vuelven. Sincelejo tiene lo necesario para avanzar: ubicación, población, identidad y una base económica que puede evolucionar. Lo que falta no es capacidad, es dirección.
El desarrollo empieza cuando dejamos de preguntarnos qué puede hacer la ciudad por nosotros y empezamos a preguntarnos qué tipo de ciudad estamos dispuestos a construir. Porque al final, el futuro de Sincelejo no es una promesa. Es una decisión colectiva que se toma todos los días.
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