¡Que no pare la Esperanza!
Por: Estella Patricia Alba
En América Latina tenemos grandes ejemplos de la Sociedad Civil organizada y cómo seguir siendo soporte para los territorios en escenarios que puedan plantearse adversos al Desarrollo con enfoque territorial y comunitario. Basta ver el ejemplo de Chile entre 1973-1990, donde la sociedad civil vivió una transformación radical. Ante las decisiones de cierre de instituciones, prohibiciones y represión, los ciudadanos no se quedaron de brazos cruzados, se reinventaron, acudieron a la solidaridad para reorganizarse alrededor de procesos endógenos de contención y de vida en común.
La organización de la sociedad civil en Chile se dio principalmente en tres grandes frentes que evolucionaron a lo largo de los años:
1. El rol de la Iglesia Católica y otras espiritualidades del país: fueron la protección para ese tejido social que se resquebrajaba y su infraestructura lugares de cuidado.
• Comité Pro Paz (1973-1975) y Vicaría de la Solidaridad (1976-1992): Creados bajo el ala del cardenal Raúl Silva Henríquez, se convirtieron en el corazón de la resistencia legal y humanitaria. Recopilaron información, presentaron miles de recursos de amparo por los detenidos y dieron asistencia médica y psicológica.
Nota: Conversación pendiente en Colombia, pues, si bien las Pastorales Sociales siguen muy comprometidas con las comunidades, y, otras espiritualidades han consolidado sus procesos de atención social, han surgido al interior de las Iglesias doctrinas extremistas que niegan per se la atención en derechos humanos - DDHH y de carácter social, atribuyéndolo a pensamientos de "Izquierda o comunistas".
• Agrupaciones de familiares: Al alero de la Vicaría nacieron organizaciones civiles clave integradas mayoritariamente por mujeres, como la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) y la de Familiares de Ejecutados Políticos. Su lucha sacó a la calle la denuncia de las violaciones a los derechos humanos mediante huelgas de hambre y protestas relámpago.
2. La subsistencia popular.
En el ejemplo de organización al que me refiero en este escrito, basado en la Sociedad Civil chilena en momentos complejos, el régimen de ese momento implementó un modelo económico de libre mercado radical que, sumado a la crisis económica de 1982, disparó el desempleo y la pobreza en las zonas periféricas (poblaciones). Aquí, la organización civil nació de una necesidad vital: comer.
Las organizaciones de pobladores se articularon de forma vecinal y solidaria a través de:
• Ollas comunes: Los vecinos juntaban lo poco que tenían para cocinar colectivamente y alimentar a barrios enteros.
• Talleres de arpilleras: Grupos de mujeres (muchas de ellas familiares de víctimas) cosían retazos de tela sobre sacos de harina para narrar en los tejidos la realidad represiva y de pobreza que vivían. Estas piezas se traficaban al extranjero, sirviendo como sustento económico y como denuncia internacional.
• Comités de allegados y de salud: Respuestas comunitarias para enfrentar la falta de vivienda y la falta de acceso a la salud médica básica.
Nota: Todos estos procesos los hemos vivido en Colombia hace años, lo aprendimos a hacer aún en las regiones más apartadas, es hora entonces de revisar esos aprendizajes y sus lecciones aprendidas y pendientes.
3. Reflexiones pacíficas desde la protesta social y el mundo académico/cultural.
En Chile, a partir de mayo de 1983, el descontento social acumulado estalló. La sociedad civil perdió el miedo y pasó de la resistencia silenciosa a la movilización activa de masas.
Allí encontramos actores muy importantes como el movimiento sindical, quienes liderados por la Confederación de Trabajadores del Cobre (con figuras como Rodolfo Seguel), el sindicalismo rearticuló a la sociedad civil convocando a las primeras Protestas Nacionales.
Nota: Esta es una gran conversación pendiente en nuestro país, porque, si bien tenemos unos sindicatos fuertes, se requiere con urgencia superar fragmentaciones, egos y eternizaciones en sus directivas. Al igual que el mundo, el movimiento sindical debe evolucionar a un país distinto al que requería su activismo hace 20/30 años.
Por otro lado, la labor de las organizaciones de segundo y tercer nivel, los Centros de Pensamiento (Estudios, academia) y la Organizaciones grandes, fuertes, legítimas, ante la intervención de las universidades por parte del régimen, intelectuales y profesionales de oposición, se crearon centros de pensamiento independientes (como FLACSO o CIEPLAN) financiados por cooperación internacional en su momento; estos procesos se convirtieron en laboratorios técnicos para pensar el país y sostener el espíritu de la democracia.
Nota: Sin duda este momento complejo de retirada de la cooperación internacional de Colombia y en el que nuestra pertenencia a la OCDE nos pasa factura, pues eso nos hace un "País de renta media" y por tanto no susceptible a capitales de apoyo desde las agencias de la comunidad internacional, y, que nos tiene a todas/os viéndonos como competencia por los pocos recursos que llegan, nos ponen el reto de ser más grandes que el momento histórico y repensarnos, y, al mejor estilo de la iguana "Caer y correr". No hay duda que hemos sido soporte para los territorios del país y ahora ese país nos requiere juntos pensando y poniendo la línea y protegiendo la historia y los espacios ganados. Nos atañe la irrestricta responsabilidad de garantizar la no repetición que nos dejó direccionada la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad en su informe, el cual acaba de ganar vigencia y debe ser doctrina obligatoria de nuestro quehacer cotidiano.
Por su parte el movimiento feminista bajo consignas como "Democracia en el país y en la casa", agrupaciones como el Movimiento de Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH 83) o "Mujeres por la Vida" sumaron una fuerza masiva y transversal contra todo lo que las invalidaba en el país del sur.
Nota: Toda esa fuerza hay que canalizarla con propuestas de cuidado, unidad y vida. Las mujeres de Colombia adentro nos necesitan unificadas, sin discursos que requieran traducción o tecnicismos. Hoy nos necesitan preparadas para acoger, gritar con fuerza y cuidar.
Toda esta base social atomizada logró confluir a fines de los años 80 en la Asamblea de la Civilidad y posteriormente, en la articulación política que permitió la campaña del "No" para el plebiscito de 1988. Ahora somos más que en el Chile de los años 80 y no empezamos de cero, somos casi trece millones de personas que seguiremos trabajando por la vida y el cuidado de nuestra Colombia herida, pero sin unidad esa premisa pierde sentido. No hay tiempo para reflexiones eternas, ya hay demasiados acumulados. Debemos sacar ese fortalecimiento de capacidades sobre los que hemos trabajado los últimos 30/40 años los técnicos y no parar de soñar que Colombia es posible con los colombianos.
¡Que no pare la Esperanza!
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