lunes, 27 de julio de 2026

Columna de Opinión

 

A la dirigencia de Sucre le quedó grande entender la economía de oferta

"Estamos peor, pero estamos mejor. Porque antes estábamos bien, pero era mentira. No como ahora que estamos mal, pero es verdad." > — Cantinflas

Por: Stiven Vitola Zambrano



A élites locales y “sus gobernantes” les quedó grande entender un hecho elemental: desde la apertura económica de 1991, Colombia pasó de una economía impulsada por la demanda a una dominada por la oferta. En Sucre, la dirigencia quedó desarmada, esperando que el progreso llegara por la vía del gasto público, la adicción al contrato estatal y la informalidad del rebusque. Las cifras del terror confirman este analfabetismo económico: Sincelejo ocupa el vergonzoso primer lugar nacional en informalidad laboral con un 66.7% y registra una tasa de desempleo que roza el 11%; Sucre apenas aporta un 0.81% al PIB nacional y, en valor agregado, nuestra capital ocupa el puesto 42, superada por 10 municipios no capitales. Nuestra estructura empresarial padece una atomización insostenible: el 96,5% son microempresas de subsistencia y más del 73% operan a nombre de persona natural.

El resultado: caímos del puesto 23 al 24 en el Índice Departamental de Competitividad.

El autoengaño estadístico roza el ridículo. El departamento figura con US$ 382.6 millones en exportaciones, pero el 98,5% (US$ 376.9 millones) es petróleo en tránsito desde los Llanos hacia un puerto privado en Morrosquillo. Al quitar esa cortina de humo, la verdadera oferta exportable no minera es de apenas US$ 5.7 millones, frente a US$ 139 millones en importaciones. Esto arroja un abrumador déficit comercial no minero superior a US$ 133 millones: importamos 24 veces más de lo que vendemos afuera. Nos convertimos en un mercado consumidor sin capacidad productiva. Muestra clara de esta falencia: al reabrirse la frontera con Venezuela, los anaqueles los llenaron empresas de Bogota, Medellin y cali con escala y volumen, mientras Sucre mira de lejos por no tener producción qué vender.

 

Para entender esta ceguera, basta recordar el modelo pre-apertura económica. Crecí viendo a una vecina criar un lechón en su patio; al venderlo gordo, los altos márgenes de un mercado protegido le alcanzaban para comprar cemento, varillas y levantar su casa. Los negocios crecían por inercia: con oferta escasa y demanda garantizada, el esfuerzo empírico rentaba.

Hoy eso es quiebra segura. Frente al kilo de cerdo importado a seis mil pesos, el "emprendimiento de patio" colapsa. Criar cerdos exige hoy visión gerencial: galpones climatizados, mejora genética, automatización y división del trabajo. Esta lección exige el compromiso de la academia y el Estado. La universidad no puede graduar administradores para 1980; debe aportar desde la investigación y extensión con innovación tecnológica y mejora de procesos. Las entidades territoriales, por su parte, debe superar el asistencialismo y resolver su gran paradoja: por una parte, se dio la desregulación del mercado a nivel nacional, pero en Sucre como en otras regiones se mantuvo intacta una administración weberiana con una burocracia pública inflexible, lenta, paquidérmica, con patronazgo, nepotismo, el compadrazgo y la corrupción, que se convirtió en la principal talanquera del aparato productivo. Si la administración pública no migra su institucionalidad ni comprende la velocidad y las reglas de la nueva economía para actuar con agilidad, seguirá formando víctimas del mercado.

Salir de esta parálisis exige comprender qué es una economía de oferta: un modelo donde el crecimiento no se logra inflando el consumo, sino estimulando el ahorro, la inversión, la disminución de costos vía productividad y el aumento de la oferta en búsqueda de demandas. En este entorno, lo que el mercado consume lo determinan los costos, la escala, la tecnología y la productividad del oferente. Si no produces con eficiencia internacional, la importación te desplaza.

Para que la oferta fluya, la región debe saldar primero su deuda en infraestructura física y digital. Es inaceptable que en penetración de internet de banda ancha fija Sucre ronde apenas el 28% frente al 82% de Bogotá. Esta brecha explica por qué ocupamos el puesto 26 en Sofisticación y Diversificación a pesar de contar con costa marítima, y por qué caímos al puesto 21 en Tamaño del Mercado.

Para revertir este rezago, la agenda regional debe ejecutar sin más dilaciones sus proyectos estratégicos de conectividad: el Tren de Cercanías, el nodo logístico e industrial del Golfo de Morrosquillo y la conexión vial con La Mojana, articulando esta despensa agrícola con el Puerto de Tolú para convertirlo en una verdadera plataforma de salida productiva y exportadora.

Ahora bien, los rieles y los puertos no sirven de nada si no hay qué transportar con estándares competitivos. Aquí es donde entra la infraestructura blanda y la articulación en clusters. La producción local no puede seguir atrapada en la informalidad por falta de sellos INVIMA, registros ICA o cadena de frío. La política pública debe proveer esta infraestructura institucional compartida y conectar a los productores. Como bien sustentó el Premio Nobel Paul Krugman, la aglomeración en clusters no es un esnobismo teórico ni un capricho conceptual, sino la única vía real para generar economías de escala. En ese sentido, la alcaldía y la gobernación deben coronar esta estrategia con la Marca Sucre, la garantía pública necesaria para insertar nuestros productos en los mercados globales.

Por otra parte, John Kenneth Galbraith criticó las respuestas dogmáticas a las crisis señalando que la política pública suele ser "un triunfo del dogma sobre el pensamiento". Nuestros gobernantes creen que ayudar al campo o al empresario es salir a regalar machetes, abonos o créditos a ciegas, ignorando que los sectores con exceso de demanda y los golpeados por exceso de oferta requieren soluciones opuestas.

En bienes con exceso de demanda (como el mango de exportación o la miel), se trata generalmente de productos tropicales o agroindustriales que no tienen sustitutos directos en los TLC, ya que economías como la de Estados Unidos no los producen (o no exportan) por razones climáticas y geográficas. En estos casos, el cuello de botella no es la falta de mercado sino la escala. Se resuelve con innovación de procesos, crédito preferencial, tecnología y eficiencia para multiplicar la producción.

En sectores con exceso de oferta local (arroz o calzado), entregar maquinaria genera sobreproducción. Por el contrario, aquí se requiere innovación de producto (valor agregado y empaque), apertura de canales comerciales (Éxito, Ara,), o venderle a Bogotá, Venezuela e instar compras públicas garantizadas. Exigir por ejemplo que las licitaciones prioricen sectores locales como en el caso de las dotaciones de calzado, uniformes obligatorios en entidades públicas o alimentos del PAE, para instar a que se compren a clusters locales, lo que daría a nuestras Mipymes la escala inicial necesaria.

Sin las herramientas macroeconómicas de un Estado soberano —como un banco central para devaluar o la facultad de renegociar TLC, palancas exclusivas del nivel nacional para manipular la tasa de ahorro y la inversión—, a Sucre no le queda más camino que 'hackear' el sistema desde la oferta local. Seguir administrando el territorio esperando que el mercado resuelva por arte de magia nuestra falta de infraestructura y de visión gerencial es una terquedad suicida. El progreso solo será posible cuando empresarios, academia y gobernantes entiendan el modelo: hoy estamos mal por ignorar la economía de oferta; pero al asimilarla estaremos mejor, porque antes ni siquiera entendíamos por qué estábamos mal, como diría Cantinflas.

Referencias

Galbraith, J. K. (1955). The Great Crash, 1929. Houghton Mifflin.

Krugman, P. (1991). Geography and Trade. MIT Press.

Sarmiento Palacio, E. (2002). El modelo de desarrollo y la política económica.

EBSCO Research Starters. Supply-Side Economics. Disponible en: https://www.ebsco.com/research-starters/economics/supply-side-economics

Consejo Privado de Competitividad & Universidad del Rosario. (2026). Índice Departamental de Competitividad (IDC).

Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MINCIT). (2026). Perfil Económico Departamental de Sucre [Oficina de Estudios Económicos].

Cámara de Comercio de Sincelejo. (2025). Informe de Dinámica Empresarial y Composición del Tejido Productivo en el Departamento de Sucre.

DANE. (2026). Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) - Mercado Laboral e Informalidad.

DANE. (2025). Exportaciones e Importaciones Departamentales por Aduanas y Sectores de Origen.

El Intervencionista. (2025). La agenda sucreña no puede seguir aplazada. https://elintervencionista.com/la-agenda-sucrena-no-puede-seguir-aplazada/

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