lunes, 27 de julio de 2026

Columna de Opinión

El agua que mueve al Caribe necesita protección

Por: Juan Salvador Peña



La Región Caribe es uno de los principales motores económicos del país. Por sus puertos sale la mayor parte del carbón y el gas que oferta Colombia al mundo, y además sostiene el grueso de la generación térmica que respalda el sistema eléctrico nacional. Es sede de refinerías y de un creciente potencial minero en cobre y aluminio. En el campo, su agroindustria (banano, palma, arroz) y su tradición ganadera complementan su peso productivo. Sin embargo, toda esta maquinaria descansa sobre un frágil recurso: el agua. Sin agua no hay cosechas, industria, ganado ni turismo. El agua es el verdadero impulsor de la economía caribe, y los ecosistemas que la proveen (acuíferos, ríos, ciénagas y humedales costeros) son su activo más valioso y, paradójicamente, el más descuidado.

El panorama es crítico. La Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) ha encendido las alarmas: Barranquilla, Santan Marta, Valledupar y Riohacha ya están operando bajo presión estructural sobre sus sistemas de abastecimiento.

El diagnóstico revela una fragilidad estructural común. Barranquilla y Cartagena dependen del Magdalena y el Canal del Dique, expuestas a sedimentación, contaminación química e intrusión salina en sequías. Santa Marta, Valledupar y Riohacha se abastecen de ríos que bajan de la Sierra Nevada, golpeados por la deforestación y el uso excesivo de agua para la agricultura. En el valle del Sinú, Montería enfrenta una marcada volatilidad climática entre las fuertes sequías de El Niño y las inundaciones de la Niña. Y Sincelejo atraviesa una crisis silenciosa por la sobreexplotación del acuífero de Morroa.

Frente a esta encrucijada, la respuesta regional no puede limitarse a la infraestructura de cemento tradicional. La verdadera sostenibilidad requiere apostar por las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN), priorizando la restauración de los ecosistemas estratégicos. La recuperación a gran escala del Bosque Seco Tropical en las zonas de recarga de los acuíferos y transitar de la ganadería extensiva a sistemas silvopastoriles intensivos, son las apuestas más efectivas para devolver porosidad al suelo, mejorar la infiltración y regular el ciclo hídrico. Articular estas acciones con la reforestación de las cuencas protectoras de la Sierra Nevada, la protección de las rondas hídricas y la restauración ecológica del Acuífero de Morroa, es una estrategia clave para asegurar el agua para el consumo humano y la viabilidad agroindustrial del Caribe.

Ante esta situación compleja, las iniciativas ciudadanas están tomando fuerza y marcando el rumbo. El Colectivo de Pensamiento Bio-Región Caribe, capítulo Sucre, ha asumido el liderazgo de articular un movimiento regional para impulsar y gestionar la creación de Áreas de Vida, un mecanismo contemplado en la Ley 2173 de 2021 que permite a los municipios declarar territorios clave para la restauración ecológica. Su propósito es claro: escalar esta visión a todo el Caribe, alienando alcaldías, CARs y gremios en torno a la protección de ecosistemas estratégicos. Este esfuerzo, que ya ha convocado foros y diálogos con los sectores público y privado, demuestra que la sostenibilidad también se construye desde el territorio, con conocimiento local y voluntad colectiva.

Sin embargo, el liderazgo ciudadano no puede ni debe reemplazar la acción estatal. Por eso, este es un llamado urgente al entrante gobierno para que incorpore estas estrategias territoriales en sus planes de acción. El agua, el verdadero impulsor del motor del Caribe, no da más espera. El momento de actuar es ahora.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Adbox