miércoles, 4 de febrero de 2026

Columna de Opinión

El veinte de Enero necesita una reingeniería 

Por: Alfonso Hamburger



Las fiestas de Sincelejo no son solo un espectáculo taurino; representan la tradición cultural más importante del departamento. Sin embargo, la memoria colectiva sigue marcada por la tragedia del 20 de enero de 1980, cuando el colapso de los palcos cobró cientos de vidas. En 2026, la realización de las corralejas continuó generando una polarización intensa, enfrentando la "fiesta brava" contra movimientos animalistas y decisiones judiciales que cuestionan las licencias urbanísticas y la seguridad del evento.


Esta realidad hace imperativa la reingeniería de las fiestas. No basta con ostentar títulos como "la plaza del Toro Bravo" o jugar 200 toros en una temporada. La propuesta implícita en la narrativa regional, y resonada por figuras como Inis Amador apunta a transformar una celebración que a menudo parece desbordada por la improvisación administrativa en un evento estructurado y seguro.

El componente taurino requiere una infraestructura que trascienda los palcos de madera temporales que, históricamente, han sido sinónimo de riesgo. 


Del Caos al Sabanerodromo 

La idea de un sabanerodromo (o un espacio dedicado y regulado para el desarrollo de estas tradiciones) surge como respuesta a las fiestas que se extienden desorganizadamente por las calles de la ciudad. Mientras que en 2026 se celebró por primera vez el Día Nacional del Fandango como un hito cultural, el componente taurino requiere una infraestructura que trascienda los palcos de madera temporales que, históricamente, han sido sinónimo de riesgo. Además el desmontaje en tres años de las corralejas por decisión de la Corte Constitucional (el plazo vence en julio de 2027) apremia la necesidad de una respuesta más estética y cultural, como museos o monumentos para la memoria.


En conclusión, la posición crítica de algunos actores (muy tímidos por cierto)y la realidad de Sincelejo en 2026 sugieren que para que estas sigan siendo las "fiestas más alegres de Colombia", deben evolucionar. La reingeniería no es un ataque a la tradición, sino la única vía para garantizar que la alegría del 20 de enero no vuelva a transformarse en un "silencio sepulcral".


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