Sincelejo: la movilidad que nunca fue sistema
Por: Carlos Enrique Paternina
En muchas ciudades intermedias de Colombia, el transporte público
dejó de asumirse como proyecto estructural para convertirse en una sucesión de
intentos inconclusos. Sincelejo es un caso representativo: durante años perdió
progresivamente su sistema tradicional de buses urbanos sin que lograra
consolidarse un modelo alternativo estable y sostenible. Lo que debía ser una
transición planificada terminó convirtiéndose en un vacío estructural.
El sistema tradicional de buses fue desapareciendo gradualmente
hasta prácticamente extinguirse. Posteriormente se intentó suplir esa ausencia
con algunos vehículos usados, mientras el proyecto SIBUS no lograba
consolidarse. Sin embargo, la iniciativa nunca alcanzó una estructuración
integral en términos operativos, financieros y regulatorios.
En algún momento entraron en funcionamiento algunas rutas formales.
Con el tiempo, la operación se redujo a muy pocas conexiones hacia la zona corregimental.
Incluso la ruta hacia el corregimiento de Chochó dejó de funcionar en medio de
dificultades administrativas y del incumplimiento de requisitos regulatorios
indispensables para la prestación del servicio.
Actualmente operan cerca de 15 busetas presentadas como la
reactivación del sistema bajo el nombre “Ruta Verde”. No obstante, más que el
resultado de una reestructuración técnica integral, representan un nuevo
intento por cubrir un vacío histórico.
El problema no ha sido la falta de anuncios; ha sido la ausencia de
modelo.
En ese vacío institucional, la motocicleta se consolidó como el
sistema real de movilidad. La informalidad ocupó el espacio que dejó la falta
de estructuración pública. Miles de ciudadanos resolvieron su transporte de
manera individual ante la inexistencia de una red colectiva eficiente.
La moto no es el problema en sí misma; es el síntoma de una ciudad
sin sistema. Cuando no existe red, cada persona resuelve por su cuenta. Pero
esa solución fragmenta el territorio, incrementa la siniestralidad, presiona el
espacio público y reduce la competitividad urbana.
Una ciudad donde cada quien resuelve su movilidad individualmente es
una ciudad sin articulación territorial.
En este contexto han surgido propuestas como el tranvía urbano, el
Tren Riomar o el Tren Caribe. Más allá de su viabilidad inmediata, representan
algo más profundo: la aspiración de reconectar el territorio caribeño mediante
infraestructura estratégica.
Sin embargo, ningún proyecto de movilidad será sostenible si la
ciudad base continúa desarticulada. Un tranvía no puede ser una pieza
simbólica; debe integrarse a una red reorganizada de transporte colectivo, con
corredores jerarquizados y nodos intermodales que conecten efectivamente con
ejes como el de Tolú - Coveñas.
El Tren Riomar y el Tren Caribe, en clave regional, podrían
dinamizar puertos, turismo, agroindustria y logística en el Caribe colombiano.
Pero la integración al Golfo de Morrosquillo no comienza en el puerto; comienza
en la estructura urbana de Sincelejo.
Si Sincelejo aspira a consolidarse como nodo logístico, turístico y
de servicios del Golfo, debe asumir la movilidad como proyecto estructural de
ciudad. Eso implica:
·
Reorganizar y formalizar el
transporte colectivo.
·
Consolidar una autoridad
técnica con visión metropolitana.
·
Integrar movilidad, uso y gestión del suelo.
·
Pasar de rutas aisladas a una
red supramunicipal planificada.
No se trata de traer más vehículos ni de anunciar nuevas rutas sin
soporte estratégico. Se trata de definir un modelo sostenible en el tiempo.
Cuando la movilidad es débil, el territorio también lo es. Sin
sistema, no hay articulación, y sin articulación, no hay desarrollo sostenible.
La pregunta sigue abierta:
¿Continuará Sincelejo administrando la fragmentación y el caos o
asumirá la movilidad como el eje capaz de dinamizar no solo la ciudad, sino el
Golfo de Morrosquillo e integrarse estratégicamente al Caribe colombiano?
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U otra pregunta: Cuanto tiempo demorará el actual sistema de transportes de Sincelejo
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