martes, 3 de marzo de 2026

Columna de Opinión

Saber 11 en la Colombia Rural: ¿Puente al futuro o umbral de la zozobra?

Por: Hermes Benavides



La escuela rural en Colombia no es un concepto abstracto; es un acto de resistencia que se levanta con tenacidad sobre la geografía indómita de nuestros valles, ríos y ciénagas. Allí, donde el mapa se desdibuja en vías terciarias polvorientas o inundadas, el sistema educativo sobrevive en medio de una profunda vulnerabilidad social y una histórica enajenación del Estado.

Sin embargo, en el corazón de estas aulas olvidadas, se cultiva la materia prima más valiosa del país: seres humanos extraordinarios. Jóvenes que, lejos de ser cifras de un informe internacional, poseen una capacidad de resiliencia forjada en la adversidad y unas ganas inquebrantables de salir adelante. Para ellos, la educación no es solo un trámite, sino la esperanza de transformar un entorno que el centro del país a menudo se niega a mirar.


El reto de un ICFES con mirada territorial

Si bien el reciente informe de la Ocde valida las pruebas Saber 11 como un "pasaporte hacia la vida" y un mecanismo de transparencia, no podemos ignorar que un pasaporte es inútil si el camino hacia la frontera está bloqueado. La estandarización, aunque necesaria para la comparabilidad internacional, corre el riesgo de convertirse en un rasero injusto si el ICFES no reconoce las condiciones heterogéneas de nuestra ruralidad.

No se puede medir con la misma regla el conocimiento de quien tiene acceso a fibra óptica y bibliotecas, frente a quien debe cruzar un río o caminar horas por una trocha para llegar a su pupitre. Es urgente que la evaluación externa en Colombia deje de ser un frío espejo de la desigualdad y se transforme en una herramienta sensible que entienda que la excelencia académica en el campo tiene un contexto propio. Evaluar sin considerar el territorio no es certificar calidad, es perpetuar la exclusión. El futuro de los proyectos de vida de nuestros jóvenes rurales depende de que el Estado entienda que, en la diversidad del paisaje, también reside la diversidad del aprendizaje.

 

Interrogantes para la Reflexión

Sobre el Modelo de Competencias y la Realidad Territorial

·        ¿Cómo puede el modelo de evaluación por evidencias, diseñado para medir estándares globales, capturar fielmente el potencial de un estudiante cuyo laboratorio de ciencias ha sido la observación directa de los ciclos de la naturaleza en la cuenca de un río?

·        Si el ICFES evalúa competencias para la vida, ¿estamos preparando al educando rural para responder una prueba externa o estamos diseñando la prueba para que reconozca los saberes diversos que emergen de la heterogeneidad de nuestro campo?

·        ¿Es posible hablar de una evaluación equitativa cuando el punto de partida del estudiante rural está marcado por la brecha digital y la escasez de infraestructura, mientras que el punto de llegada es el mismo baremo estandarizado de la Ocde?


Sobre la Motivación y el Tránsito a la Educación Superior

·        Frente a las preocupantes cifras de deserción escolar en la ruralidad, ¿qué "motivo para la acción" le estamos ofreciendo al joven campesino para que vea en la escuela un puente real y no un callejón sin salida que termina en el grado once?

·        ¿Cómo pretendemos aumentar las tasas de tránsito efectivo a la educación superior si no somos capaces de inyectar una dosis de pertinencia y motivación extra que le demuestre al estudiante rural que su proyecto de vida tiene cabida en la universidad?

·        ¿Hasta cuándo la falta de articulación entre el contexto productivo rural y la academia seguirá siendo el detonante que apaga el deseo de estudiar de quienes, teniendo todo para ser grandes profesionales, terminan desertando por sentir que la educación no habla su mismo lenguaje?


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