Saber 11 en la Colombia Rural: ¿Puente al futuro o umbral de la zozobra?
Por: Hermes Benavides
La escuela rural en Colombia no es un concepto abstracto; es un acto de resistencia que se levanta con tenacidad sobre la geografía indómita de nuestros valles, ríos y ciénagas. Allí, donde el mapa se desdibuja en vías terciarias polvorientas o inundadas, el sistema educativo sobrevive en medio de una profunda vulnerabilidad social y una histórica enajenación del Estado.
Sin embargo, en el corazón de
estas aulas olvidadas, se cultiva la materia prima más valiosa del país: seres
humanos extraordinarios. Jóvenes que, lejos de ser cifras de un informe
internacional, poseen una capacidad de resiliencia forjada en la
adversidad y unas ganas inquebrantables de salir adelante. Para ellos, la
educación no es solo un trámite, sino la esperanza de transformar un entorno
que el centro del país a menudo se niega a mirar.
El reto de un ICFES con mirada territorial
Si bien el reciente informe de
la Ocde valida las pruebas Saber 11 como un "pasaporte hacia la vida"
y un mecanismo de transparencia, no podemos ignorar que un pasaporte es inútil
si el camino hacia la frontera está bloqueado. La estandarización, aunque
necesaria para la comparabilidad internacional, corre el riesgo de convertirse
en un rasero injusto si el ICFES no reconoce las condiciones
heterogéneas de nuestra ruralidad.
No se puede medir con la misma
regla el conocimiento de quien tiene acceso a fibra óptica y bibliotecas,
frente a quien debe cruzar un río o caminar horas por una trocha para llegar a
su pupitre. Es urgente que la evaluación externa en Colombia deje de ser un
frío espejo de la desigualdad y se transforme en una herramienta sensible que
entienda que la excelencia académica en el campo tiene un contexto propio.
Evaluar sin considerar el territorio no es certificar calidad, es perpetuar la
exclusión. El futuro de los proyectos de vida de nuestros jóvenes rurales
depende de que el Estado entienda que, en la diversidad del paisaje, también
reside la diversidad del aprendizaje.
Interrogantes para la Reflexión
Sobre el Modelo de Competencias y la Realidad Territorial
·
¿Cómo puede el modelo de evaluación por
evidencias, diseñado para medir estándares globales, capturar fielmente el
potencial de un estudiante cuyo laboratorio de ciencias ha sido la observación
directa de los ciclos de la naturaleza en la cuenca de un río?
·
Si el ICFES evalúa competencias para la vida,
¿estamos preparando al educando rural para responder una prueba externa o
estamos diseñando la prueba para que reconozca los saberes diversos que emergen
de la heterogeneidad de nuestro campo?
·
¿Es posible hablar de una evaluación equitativa
cuando el punto de partida del estudiante rural está marcado por la brecha
digital y la escasez de infraestructura, mientras que el punto de llegada es el
mismo baremo estandarizado de la Ocde?
Sobre la Motivación y el Tránsito a la Educación Superior
·
Frente a las preocupantes cifras de deserción
escolar en la ruralidad, ¿qué "motivo para la acción" le estamos
ofreciendo al joven campesino para que vea en la escuela un puente real y no un
callejón sin salida que termina en el grado once?
·
¿Cómo pretendemos aumentar las tasas de tránsito
efectivo a la educación superior si no somos capaces de inyectar una dosis
de pertinencia y motivación extra que le demuestre al estudiante rural que su
proyecto de vida tiene cabida en la universidad?
·
¿Hasta cuándo la falta de articulación entre el
contexto productivo rural y la academia seguirá siendo el detonante que apaga
el deseo de estudiar de quienes, teniendo todo para ser grandes profesionales,
terminan desertando por sentir que la educación no habla su mismo lenguaje?
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