Las máscaras de Oviedo
Por Alfonso Hamburger
Juan David Oviedo no es cualquier marica. Marica quienes se han dejado meter el dedo en la boca. (A propósito, este es un apellido abundante en la sabana), no se sabe si son los mismos.
Quienes fuimos criados bajo el temor de las leyes cristianas, y los valores del partido Conservador (entregado por Efraín Cepeda al Pechy Players), igualdad sin privilegios, censuramos aquel apareamiento de animales, de la carne en el fuego, pero todo puede suceder cuando la Ye y la equis (X) son tan cercanas, que los hombres arrechos se casan a sí mismos y las diferencias anatómicas del ser humano van más allá de XX y XY. Con las conquistas históricas la mujer ha ido avanzando tanto que ya no va detrás sino al lado del hombre, de modo que el tema de la adopción de personas de equis características deba de ser tratado con guantes de ceda.
Las aberraciones sexuales, que hoy publicitan como lo más normal, sin sonrojarse, el feminismo exacerbado, también se da en las plantas y entre los animales irracionales, pero nunca se había desbordado como en estos tiempos y en la política. Para algunos religiosos es pecado.
Para algunos, tratar de romper los designios de la naturaleza, sería como amarrar la mano zurda a una persona para obligarlo a hacerlo con la derecha.
Oviedo, que aún no se ha salido con la suya, porque la máscara se le ha ido cayendo, también ha sido tocado por el efecto Petro, pero esta vez en forma positiva, al destacar que no todo en el presidente es malo y eso lo vendió como un candidato diferente, inteligente, pero al fin de cuentas, debajo de las piedras se han ido encontrando entuertos y ha ido apareciendo el verdadero Oviedo.
La política así, en esa forma tan circense, ha ido dando tantos tumbos y tumbos, que sólo un voto inteligente y bien informado puede salvar a Colombia.
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