viernes, 6 de marzo de 2026

Columna de Opinión

Anselmo Gil Gil, el maestro que forjó el realismo mágico en la Ruta del Color

Por: Francisco Figueroa Turcios




Anselmo Gil Gil se involucró en el proyecto social La Ruta del Color pintando primero las mariposas amarillas y después forjó el realismo mágico para rendirle homenaje a la riqueza literaria de Gabriel García Márquez.

En San Juan de Betulia la tarde del sábado 8 de abril de 2023 las mariposas amarillas dejaron de ser literatura para posarse en una casa de techo de palma amarga y de paredes de caña con revestimiento de boñiga de vaca. No llegaron por el viento ni por la estación de las lluvias: las trajo el pulso firme de Anselmo Gil Gil.

El vínculo de Anselmo, con el proyecto social La Ruta del Color nació casi por casualidad, como nacen las historias que están destinadas a quedarse. Pasaba frente a la tercera casas intervenidas cuando lo llamaron para dibujar las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia. No imaginó entonces que ese gesto sencillo lo introduciría en el territorio del realismo mágico.

Mariposas amarillas…

Las mariposas amarillas, símbolo eterno de Cien Años de Soledad, revoloteaban en la novela alrededor de Mauricio Babilonia como un presagio de amor. Durante décadas las mariposas amarillas han sido uno de los símbolos más representativos de la obra de Gabo.

Las mariposas amarillas aparecieron por primera vez en la novela “Cien años de soledad”, en la historia de amor entre Renata Remedios Buendía y Mauricio Babilonia, un joven aprendiz de mecánico en los talleres de la compañía bananera. En este noviazgo las mariposas amarillas juegan un papel fundamental porque son los insectos que revolotean constantemente, como por arte de magia, alrededor de Mauricio Babilonia. 

En San Juan de Betulia, volvieron a aparecer, pero ya no en las páginas de un libro sino sobre la fachada de una casa humilde, convirtiendo la arquitectura cotidiana en un fragmento vivo del universo macondiano.

» Pintar las mariposas amarilla en la casa de los Rodríguez Gil, significó el inicio del proyecto más grande realizado en San Juan de Betulia. La Ruta del Color sacó del anonimato a la visibilidad a San Juan de Betulia, hermoso pueblo lleno de paz y amabilidad.

La Ruta del Color ha servido para mostrar la belleza de la gente de mi pueblo natal, por medio del color, color que engalana las casas de Palma y bahareque llena de alegría y de regocijo abriéndole los brazos a la gente que llega a visitarla, mostrando una galería de arte y belleza al aire libre» puntualiza Anselmo Gil sobre su primer aporte al proyecto la Ruta del Color.

Para Anselmo, la mariposa amarilla representa la fragilidad, lo fugaz de la belleza y la inevitabilidad del cambio. Es metáfora del paso del tiempo, de la vida que se transforma y de los afectos que, aun siendo efímeros, dejan huella. Quizá por eso, cada trazo suyo parecía más una evocación que una pintura.

Anselmo Gil Gil no llegó al proyecto social La Ruta del Color buscando el realismo mágico. Fue el realismo mágico el que lo encontró a él, la tarde del 8 de abril de 2023,, frente a la casa de la familia Rodríguez Gil, que se intervenía en el proyecto social La Ruta del Color.

“Sin proponérmelo ingresé al realismo mágico cuando comencé a pintar las mariposas amarillas en la casa de la familia Rodríguez Gil”, señala Anselmo Gil, sobre su presencia en el proyecto la Ruta del Color..

Tres casas de palma, ubicadas en el barrio Central del casco urbano betuliano, marcaron el inicio de un proyecto que hoy supera las cincuenta fachadas convertidas en verdaderas obras de arte y varios murales que se han vuelto referente para cientos de visitantes que llegan cada año a San Juan de Betulia. Y es que, desde entonces, su obra dejó de ser solo pintura para convertirse en símbolo.

En el proyecto La Ruta del Color, Anselmo entendió que el arte podía cumplir una doble función: embellecer y dignificar. Las fachadas dejaron de ser paredes silenciosas y comenzaron a contar historias.

Pero su aporte no se detuvo en aquellas primeras mariposas. El homenaje creció hasta convertirse en una ruta del realismo mágico, donde las casas evocan begonias eternas, pececitos dorados, inventos imposibles y dulces animalitos de caramelo. Cada mural dialoga con la obra de García Márquez y, al mismo tiempo, con la memoria colectiva del pueblo.

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