De Corozal al corazón del vallenato
Por: Francisco Figueroa Turcios.
En el pentagrama del Festival de la Leyenda Vallenata, donde cada acordeón cuenta una historia y cada verso se aferra a la memoria, hay una galería silenciosa pero imprescindible: la de las mujeres que han narrado, con pulso firme y sensibilidad, el alma de esta fiesta.
En ese pentagrama aparece el nombre de Ángela Gómez Quiroz, inscrito con la tinta invisible de la constancia. No llegó desde hacen 25 años años por casualidad: asistió al Festival Vallenato empujada por la convicción de que las historias también necesitan miradas distintas, voces que no repitan, sino que revelen.
A su lado, como si se tratara de una misma crónica contada en distintos acentos, caminan Mary Daza, Taryn Escalona, Nubia Mejía, María Dangond Castro y María Ruth Mosquera. Cada una, desde su trinchera, ha dejado una huella distinta, una manera única de contar lo que ocurre más allá de la tarima.
Ellas no compiten por trofeos. Su victoria es otra: haber logrado que, en medio del bullicio del festival Vallenato, sus palabras también suenen como música que permanece.
Ángela Gómez , junto a este grupo de mujeres, ha puesto su sello personal en cada cubrimiento. Un sello que no se ve, pero se siente en la manera de contar, en el detalle que no se escapa, en la emoción que logra quedarse atrapada entre líneas.
«En el caso mío, tengo un liderazgo que he sostenido a través del tiempo, gracias a mi versatilidad que puedo sostener una transmisión de dos o tres horas sin libretos. Considero que tengo facilidad de expresión y agilidad mental» confiesa Angela Gómez sobre sus capacidades periodísticas.
En La Voz de Corozal, en el año 1999 Ángela Gómez no solo informaba: tejía comunidad. Desde la dirección del noticiero Aquí Corozal , su voz se volvió brújula para su gente. Entre libretos y silencios, Mario Paternina Salgado fue el que encendió la chispa. Mario, con la naturalidad de quien ve futuro donde otros ven rutina, le lanzó la pregunta que abriría caminos: ¿por qué no vamos a cubrir el Festival vallenato? Y Ángela, sin titubeos, respondió me le mido al reto!!!
«En el año 1999, realizando en la voz de corozal como directora el noticiero de la mañana «Aquí Corozal», Mario Paternina Salgado, era mi voz comercial. Cuando terminó el noticiero Mario prácticamente me impuso un reto: tú que tienes tantas relaciones y amistades porque no vendemos para ir a cubrir el Festival Vallenato el próximo año.
"Yo le dije va pa esa!!!. Hice las ofertas publicitaria las entregué a mis amigos dueños de empresa y negocios y todos me aprobaron fue satisfactorio comenzar a cubrir a partir del año 2000 el Festival Vallenato hasta el día de hoy", destaca Angela Gómez sobre el detonante que la llevó a tomar la decisión de cubrir el Festival Vallenato.
Hay trayectorias que no se cuentan en años, sino en huellas. La de Ángela Gómez Quiroz es una de ellas: un camino que comenzó en la intimidad de la radio, cuando la voz era puente suficiente para cruzar distancias, y que luego encontró en la televisión una ventana más amplia para seguir narrando el pulso del Festival de la Leyenda Vallenata.
Durante los primeros cinco años, su programa Cruzando Fronteras fue eco y compañía en las ondas radiales, llevando el acordeón y la crónica hasta donde la señal alcanzara. Después, hace ya dos décadas, la imagen se sumó a la palabra, y desde entonces la pantalla se convirtió en testigo de su persistencia, de su manera de mirar y contar.
«En televisión llevo 20 años realizando el programa Cruzando Fronteras y trasmitiendo las incidencias del Festival vallenato acompañando a los participantes por Corozal. Inicialmente realizaba las trasmisiones por el canal Doce y actualmente en Telesucre» reseña Angela Gómez sobre su trayectoria periodística.
Son 25 años ininterrumpidos —sin pausas, sin silencios— siguiendo cada acorde, cada verso, cada historia que nace en Valledupar durante el festival. Un cuarto de siglo en el que Ángela no solo ha cubierto el evento: lo ha habitado, lo ha tejido con su propia sensibilidad, convirtiéndose en memoria viva de una celebración que también se escribe gracias a quienes la narran.
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