Áreas de Vida, la oportunidad que el Caribe no puede dejar pasar
Por: Juan Salvador Peña
La Ley 2173 de
2021 y su posterior reglamentación mediante la Resolución 1491 de 2025 definen
un plan de acción claro: cada municipio del país debe identificar y
delimitar sus Áreas de Vida, y las medianas y grandes empresas deben
sembrar dos árboles por cada empleado anualmente. Sin embargo, el mayor reto no
está en la implementación de la ley. Está en la capacidad de las regiones para
organizarse, articularse y convertir esta obligación en una restauración
ecológica efectiva, y no en un conjunto de siembras sin propósito.
El Caribe Colombiano
siente de primera mano la urgencia. Nuestros ecosistemas han sido protagonistas
de un deterioro sostenido durante décadas. El bosque seco tropical, del
cual apenas sobrevive el 8% de su cobertura original según informes del
Ministerio de Ambiente, conserva algunos relictos distribuidos de manera aislada.
Los manglares por su parte, enfrentan una degradación crítica en toda la
región. El Acuífero de Morroa, fuente de agua para miles de familias en
Sucre, ve comprometida su recarga por la erosión de sus suelos.
En este
contexto, el Colectivo de Pensamiento Bio-Región Caribe, bajo el
liderazgo de la doctora Lucy Urzola Capella y quien escribe esta columna, ha
asumido la tarea de articular un movimiento regional para la declaratoria de
Áreas de Vida. No se trata de una iniciativa aislada, sino de un esfuerzo que
busca alinear a alcaldías, Corporaciones Autónomas Regionales y organizaciones
gremiales en un propósito común. La ley establece que son los municipios
quienes deben delimitar estas zonas prioritarias, pero también reconoce que las
empresas necesitan seguridad jurídica y técnica para cumplir con sus
obligaciones de siembra. Sin municipios organizados, las empresas no tendrán
dónde sembrar. Sin empresas comprometidas, los municipios no contarán con los
recursos para restaurar sus ecosistemas estratégicos.
Las Corporaciones
Autónomas Regionales, que ya ejecutan proyectos de restauración activa en
manglares, bosque seco y zonas de recarga de acuíferos, deben acompañar
técnicamente a las administraciones locales. Su conocimiento del territorio es
invaluable para garantizar que las áreas priorizadas respondan a criterios
ecológicos reales y no a decisiones improvisadas. Las organizaciones gremiales
y empresariales deben sumarse desde ya a esta tarea prioritaria de restauración.
La meta no es
sembrar por sembrar. La meta es que cada municipio del Caribe logre
consolidar bosques municipales funcionales, con especies nativas de la
región, con arreglos técnicamente diseñados que permitan reestablecer la
dinámica del ecosistema y con un monitoreo que mida el éxito real de las
intervenciones. Todo esto ya existe, lo que falta es voluntad de articulación
regional para pasar de la norma a la ejecución en el territorio.
Desde el
Colectivo de Pensamiento Bio-Región Caribe hacemos un llamado a todas
las alcaldías, Corporaciones Autónomas y gremios de la región. Las Áreas de
Vida son una oportunidad histórica para impulsar la recuperación de los
ecosistemas degradados en el Caribe, para garantizar agua, biodiversidad y
resiliencia climática a las generaciones que vienen, y para construir los
bosques municipales que nuestra región se merece.
.png)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario