Atando cabos, treinta años después
Conversaciones de Rafael Darío y Gabo.
Por: Alfonso Hamburger
Al fin parió Pabla. A mi colega y condiscípulo Rafael Darío Jiménez - no Ricardo-, (estudiamos periodismo en la UAC de Barranquilla) se le acaba de aparecer la virgen treinta años después.
De macilenta figura, alto, pelo de indio, color Majagua, de bigotes de macó Dero, más parecido a un centro delantero del Unión Magdalena que al gran poeta que es, a Rafa le ha tocado remar contra la corriente para echarse al hombro la fama repentina que le cayó a Macondo.
Tuvo que leerse los libros de Gabito en tiempo récord y estudiar la vida del coronel Márquez, abuelo del Nobel, y preparar a un grupo de guías para atender a los turistas que empezaron a llegar a Aracataca con el detonante del premio.
Allí le ayudó Simón Villamizar Benítez, entonces secretario de Educación del Magdalena, para convencer a Gabo que era importante convertir su casa en museo. Rafael Darío es un luchador de a pie a quien de pronto no apreciamos del todo porque jugaba buchacara con nosotros en la universidad y nos disputamos el amor de Nene, la chica mas bella del salón.
La primera aparición de su virgen fue cuando Gabo lo invitó a Cartagena en 1993 para hablar de su abuelo y la conversación estuvo allí más de treinta años, guardada. Solo una amenaza de muerte lo hizo reaccionar.
Rafa tuvo serios quebrantos de salud y allí se volvió más creativo, entonces sacó sus apuntes y los convirtió en un libro que se está vendiendo como pan caliente, Atando cabos.
A Rafa no solo lo salvo su interés y una novela que escribió sobre el coronel Márquez , sino una referencia del periodista Daniel Samper Pizano, sobre este personaje en su columna del domingo, entonces esto se volvió una bola de nieve.
Editado por editorial mi propia Tula , Rafael Darío será una vedette en la próxima Feria del Libro de Bogotá.
Rafa es tan humilde que en la entrevista con el Nobel y Mercedes Barcha, le pidió permiso para ponerle su propio nombre, Gabriel José, a su hijo nacido el 19 de Marzo, en pleno onomástico del santo, cuando los nombres son libres. Eso si es tener respeto.
Rafa no estaba interesado en la chiva sino en añejar su vino.
Quienes hacemos parte del grupo de whatApp de la universidad UAC, estamos felices. Rafa se merece eso y mucho más. De mi egoteca reproduzco con cierto orgullo el mensaje que Rafael Darío me envió el pasado sábado a raíz de mi cumpleaños.
-“Poncho, deseándote un mágico día de folclor y familia en tu tierra de gaitas, mochuelos y leyendas. No dejes descansar la 🪶 pluma, Dios se ofendería si interrumpes su biografía sabanera... Abrazos y Felicitaciones..!"
¿Cómo les quedó el ojo?
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