Cuentas por pagar
Por: Olimpo Del Castillo
"Las
ciudades tienen la capacidad de proveer algo para cada uno de sus
habitantes, sólo porque, y sólo cuando, son creadas para todos" Jane Jacobs.
El pasado reciente y la
actualidad son las pruebas y realidades irrefutables que muy poco o casi nada
hicieron o siguen haciendo los gobernantes de las pequeñas o medianas ciudades,
con inocultables retrocesos o incumplimientos que quienes ejercen control, pero
que miran para otro lado y sin castigo alguno, resultado de ello, es una ciudadanía
que ha sido doblegada y atemorizada a guardar silencio, aunque en su interior
sienta una fuerte presión de dar a conocer a sus semejantes tantos perjuicios y
atropellos ocasionados. Eso de la “unión nos hace fuerte” tampoco se ejerce porque
pasaron los años y muchos han caído en la desesperanza, el conformismo y una
pasmosa pasividad.
Después de 35 años de ser
establecido en la Constitución Nacional, aquello llamado Estado social de
derecho y cuyo objetivo fundamental es: Asegurar la dignidad humana, la
efectividad de los derechos fundamentales, la igualdad real y la justicia
social, garantizando condiciones de vida dignas para todos los habitantes, con
especial énfasis en la protección de los más vulnerables, solo desde hace unos
pocos años se inició un despertar responsable, fortalecido y dispuesto a exigir
todo lo que aún se sigue negando como derechos fundamentales.
Se creyó que con realizar esos
mini proyectos que se postergaron por décadas, esas mayorías que olvidaban cada
cuatro años, saldrían a dar vítores y aplausos a montones porque estaban
cumpliendo mínimamente con uno de los tantos deberes incumplidos. En donde
están esos acueductos que deben tener una cobertura del 100 % y servicio 24/7? ¿Y
que de las plantas de tratamiento de aguas residuales? Ni hablar de los planes
de vivienda de interés social que tenían que remplazar la vivienda informal e
ilegal patrocinadas por los “jefes políticos” y que cada dos años solo exigen
votos por un lote que muy seguramente nunca será de ellos, acrecentando la segregación
y desequilibrios sociales y urbanos, por lo general ubicados en zonas de alto
riesgo o entornos insalubres.
Solo se ve como inundan las
redes sociales, como gran conquista de desarrollo local, la pavimentación de un
tramo de calle que nunca incluyen andenes que brinden seguridad y comodidad
para la movilidad autosuficiente conectando con el equipamiento social
complementario, localizado a distancias adecuadas de las áreas de vivienda. Que
muestre y valore que el ser humano importa mucho mas que el carro o la moto y
que se debe cumplir con unas metas y estrategias mundiales para combatir esa
amenaza mundial llamada Cambio Climático.
¿Qué tanto se ha avanzado en
alcanzar ese índice de 15 metros cuadrados/metro cuadrado o que contemos en el
perímetro urbano con nueve arboles por habitantes que garantice un desarrollo
sostenible y sustentables? Tomará muchísimo tiempo y recursos en saldar esas
deudas de importancia vital para el futuro humano y el entorno natural.
Sin ninguna demora se debe
emprender esas estrategias, programas y proyectos que en corto tiempo se
obtengan resultados verificables en cuanto a la producción del campo y la
seguridad alimentaria para todos, y en la medida que se obtengan victorias
tempranas podríamos generar esos macroproyectos que nos pongan en un nivel un
tanto competitivo entre nosotros y con nuestros vecinos, aportando en conjunto
nuestras fortalezas y oportunidades.
Es imprescindible exigir
colectivamente el pago de tan alta deuda con las mayorías desprotegidas y
desesperanzadas para avanzar en el desarrollo territorial y social de forma
incluyente, igualitaria y equitativa.
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