Río Magdalena: la oportunidad que Sincelejo no puede seguir aplazando
Por: Juan Carlos Monterroza.
Mientras Sincelejo debate cómo crecer, una pregunta debería estar en el centro de todas las decisiones públicas: ¿de dónde obtendrá el agua la ciudad dentro de 30 o 50 años? Hoy el abastecimiento depende, en gran medida, del acuífero de Morroa. Gracias a esta riqueza natural, la ciudad ha podido expandirse durante décadas. Sin embargo, ningún acuífero es inagotable. El crecimiento de la población, la expansión urbana, el desarrollo industrial y los efectos del cambio climático obligan a pensar en una solución de largo plazo.
Lo sorprendente es que esa solución no es una idea nueva. En 1983, el Congreso de la República declaró de interés nacional la construcción de un sistema para llevar agua desde el río Magdalena hacia Sucre. Han pasado más de cuarenta años y el proyecto continúa esperando el momento en que la región decida convertirlo en una prioridad.
La historia demuestra que las grandes ciudades no esperan a que aparezca la escasez para actuar. Planifican con décadas de anticipación. Entienden que el agua no solo llega a los hogares; también mueve la economía, permite la instalación de nuevas empresas, fortalece el turismo, mejora la salud pública y ofrece confianza a quienes desean invertir. Si Sincelejo aspira a convertirse en un verdadero polo de desarrollo del Caribe colombiano, debe garantizar desde ahora el recurso más importante para cualquier sociedad: el agua. Traer agua desde el río Magdalena no significa abandonar el acuífero de Morroa. Por el contrario, significa protegerlo, reducir la presión sobre sus reservas y asegurar una fuente complementaria que respalde el crecimiento de toda la región. Es una decisión de sostenibilidad y de responsabilidad con las generaciones futuras.
Sin duda, será una obra costosa. Pero también lo fueron las grandes carreteras, puertos, aeropuertos y sistemas de acueducto que hoy impulsan el desarrollo de otras regiones del país. La diferencia entre unas ciudades y otras ha sido la capacidad de convertir una necesidad en un proyecto colectivo.
Este no debe ser un tema exclusivo de los gobiernos. Debe convertirse en una causa regional que una a empresarios, universidades, gremios, dirigentes políticos y ciudadanía. Las grandes transformaciones comienzan cuando una comunidad entiende que su futuro depende de actuar unida.
Sincelejo tiene hoy la oportunidad de pensar en grande. No se trata únicamente de resolver las necesidades del presente, sino de construir las bases para una ciudad competitiva, sostenible y preparada para los próximos cincuenta años. Quizás ha llegado el momento de dejar de preguntar cuánto cuesta traer el agua del río Magdalena y empezar a preguntarnos cuánto le costará a Sincelejo no hacerlo.
Porque el verdadero desarrollo no consiste en reaccionar ante las dificultades. Consiste en anticiparlas. Y asegurar el agua para el futuro será, sin duda, la decisión más inteligente que nuestra región puede tomar.
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