Colombia a dos manos
Por: Felipe Carlos Amaya
El Artículo 1 de la Constitución Política de Colombia de 1991 define al país como un Estado social de derecho, organizado como República unitaria, descentralizada, democrática, participativa y pluralista. Se fundamenta en el respeto de la dignidad humana, el trabajo, la solidaridad y la prevalencia del interés general, elementos fundamentales que le permiten al ciudadano moverse en las distintas esferas sociales, culturales, religiosas, políticas, económicas y demás, según sean sus intereses, tanto individuales como colectivos o grupales. Esto de alguna manera, marca una línea o derrotero en cuanto a la posición individual del ciudadano y que muchos denominan ideologías, tendencias, principios o cualquier calificativo que permite hacer visible esa diferenciación. Hoy escuchamos un término acuñado denominando polarización.
Pero la esencia de este
artículo marca una distancia considerable frente a este acontecer diario en el
mapa geopolítico del país y el mundo, para trasladarse a un aspecto de la vida
particular de las personas como es el sentir y pensar, o como lo diría algún
historiador de la época “el humano sentipensante” o como le recuerdo a un amigo
de la actualidad, el “comportamiento humano reptil”. Y es que la actualidad del
país y el mundo nos ubica en un escenario, donde lo básico y práctico, están a
la orden del día y son claves a la hora de la negociación del ciudadano por su
supervivencia, por la garantías de su realidad económica o simplemente por la
oportunidad de lograr resultados positivos desde la colectividad o de la
agrupación poblacional más allá de una identidad partidista, política o de
movimientos sociales.
Al retroceder la historia
en la vida política del país se evidencia el nacimiento de dos partidos
políticos a mediados del siglo XIX, el uno defendiendo libertades individuales
y laicismo y el otro defendiendo el orden, la tradición católica y un estado
fuerte. A cada lado se ubicó la población de acuerdo a sus intereses y visión
frente al país, esperanzados en que lograrían, después de la independencia,
tener un país próspero, lleno de oportunidades y en el que prevaleciera su
desarrollo. En esta realidad, se fueron construyendo imaginarios y posiciones
fuertes y poderosas, que trascendieron la mirada de un bienestar social
igualitario a otras acciones marcadas por posiciones en torno a beneficios más
puntuales y concretos de sectores y grupos, lo que fue diluyendo la relación
entre el pensar y el sentir, tanto de quienes hacían la proyección política
como de quienes los seguían sin reparo alguno y con ello un país que fue
presentando una imagen diferente y una sociedad diferente.
La Constitución del año
1991 estableció un antes y después frente al pluralismo, la democracia y la
participación ciudadana, que abrió las puertas a diferentes corrientes de
pensamientos, movimientos sociales, partidos políticos y toda clase de
manifestación de intereses individuales o grupales y cargados de proyección del
país bajo una mirada de transformaciones y cambios que condujo a que se dieran
nuevas manifestaciones de sentires y pensares y una figura de instrumentalización
a la que denominaron estar de “un lado” o “del otro”, para encasillar a la
población. No obstante, la población también inició su proceso de
transformación de sentir y pensar y trascendió más allá del calificativo
determinado y empezó a pensar sobre los intereses que desde la población
quieren para el país y también a sentir lo que el país, en la figura del
Estado, les está brindando, rompiendo ese círculo histórico de quienes
aseguran, como el refrán “para donde va la gente, para donde siga Vicente”.
Al final del día, Colombia hoy tiene un panorama especial que no es propiamente de un partido o del otro, de un bando o del otro, de un encasillamiento o del otro, NO; Colombia muestra a una población que ha superado más que partidos y movimientos políticos y está expresando sus pensares y sentires; está viendo con una mirada diferente del espectro partidista o electoral, está llamando a una visión trascendental que nos interroga profundamente: Colombia ya está siendo construida por unas manos diferentes, Colombia se edifica construida a dos manos.
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