miércoles, 22 de abril de 2026

Columna de Opinión

Sincelejo no necesita salvadores

Por: Juan Carlos Monterroza



El futuro de la ciudad no depende solo del gobierno, sino de la decisión diaria de su gente.

Hablar de la crisis de Sincelejo es, en realidad, hablar de una oportunidad. Las dificultades económicas, el crecimiento desordenado y los problemas sociales no son un destino inevitable, sino un punto de partida. Pero hay una condición: la transformación no vendrá sola, ni exclusivamente desde las instituciones. Vendrá desde sus ciudadanos.

Durante demasiado tiempo se ha esperado que las soluciones lleguen desde arriba. Planes de gobierno, inversiones externas, promesas políticas. Todo eso es importante, pero insuficiente sin una ciudadanía activa. Las ciudades que avanzan no son las que tienen menos problemas, sino las que tienen ciudadanos más comprometidos.

El primer cambio es de mentalidad. Sincelejo no es solo el lugar donde vivimos; es un proyecto colectivo. Cada acción cotidiana cuenta: respetar las normas, cuidar el espacio público, valorar lo común. Puede parecer mínimo, pero ahí comienza todo. Sin cultura ciudadana, no hay desarrollo que se sostenga.

El segundo paso es participar. No basta con señalar lo que está mal. Es necesario involucrarse. Asistir a espacios comunitarios, integrarse a iniciativas locales, exigir transparencia, pero también proponer soluciones. Una ciudadanía pasiva debilita la ciudad; una ciudadanía activa la transforma. La participación no es solo un derecho, es una responsabilidad.

El desarrollo económico también empieza en lo local. Apoyar a los emprendedores, consumir productos de la región, fortalecer pequeños negocios. Cada decisión de compra es un voto por la economía de Sincelejo. Cuando el dinero circula dentro de la ciudad, se generan oportunidades, empleo y estabilidad. No es un gesto simbólico: es una estrategia de desarrollo.

La educación es otro pilar. No solo la formal, sino también la formación ciudadana y el aprendizaje constante. Una ciudad que aprende es una ciudad que progresa. Compartir conocimiento, capacitarse, formar a las nuevas generaciones con sentido de pertenencia. El futuro no se improvisa: se construye con preparación.

También está el reto del crecimiento urbano. Sincelejo necesita orden, visión y sostenibilidad. Y aquí el ciudadano no es ajeno. Exigir planificación, respetar normas urbanas, cuidar los espacios públicos. La ciudad no se define solo por sus obras, sino por cómo sus habitantes la viven y la protegen.

Pero hay un desafío más profundo: la confianza. La desconfianza entre ciudadanos y hacia las instituciones ha frenado el avance. Recuperarla es clave. Y eso empieza con acciones simples: colaborar, respetar, cumplir. La confianza no se decreta, se construye día a día.

Sincelejo está en un punto decisivo. Puede seguir atrapada en sus dificultades o puede avanzar hacia un nuevo modelo de desarrollo. La diferencia no la marcarán únicamente los gobiernos, sino la actitud de su gente.

La invitación es clara: dejar de esperar y empezar a actuar. La ciudad no necesita espectadores, necesita protagonistas. Personas que entiendan que el cambio no es responsabilidad de otros, sino de todos.

Porque al final, Sincelejo no cambiará cuando alguien prometa soluciones, sino cuando sus ciudadanos decidan ser parte de ellas.

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