miércoles, 22 de abril de 2026

Columna de Opinión

Nacer, vivir y seguir esperando

Por: Olimpo Del Castillo



“Hay tres clases de hombres: aquellos que ven, aquellos que ven cuando se les muestra y aquellos que no ven”.  Leonardo Da Vinci.

El transitar de la sociedad del clero, la nobleza y el campesinado demostró una evolución hacia la centralidad del hombre y su conocimiento fundado en pensamientos de siglos atrás, en medio de pueblos guerreros que aseguraban territorios y oportunidades de supervivencias, un renacer de los humano rodeado de cultura, ciencia y las artes que le dieron el más alto valor y cuyo esfuerzos, pensamientos y visiones de las personas enfocadas a  unas mejorares las condiciones de vida con un desarrollo excepcional de sus mejores cualidades.

Los nuevos pensadores del momento, volvieron a los cuestionamientos filosóficos de Platón y Aristóteles que se hicieron dos mil años atrás, también se da un renacer de las artes que a través de su creatividad muestran la preminencia de lo humano sobre la religión, más como una relación, que el dominio de lo religioso, igual sucede con la Ciencia, la Cultura y los inventos transformadores e innovadores. Con la oportunidad de mostrar sus trabajos artísticos en los templos, plazas y edificaciones particulares de la nobleza de entonces, dando la posibilidad al común de apreciar, analizar y comparando sus formas de vida con los nuevos mensajes sociales y eso nuevos planteamientos conocidos como Humanismo, tanto que esas circunstancias le brindaron a los artistas  a  ser independientes financieramente,  dándose  lujos de crear para satisfacción  personal, dejando a un lado las constantes y rutinarias preocupaciones que condicionaban su cotidianidad, es el joven Humanismo o las Humanidades (la Cultura, la Sociedad, el Pensamiento, el Arte, la Historia, la Literatura, la Filosofía)  lo que impulsa grandes y novedosos cambios sociales, artísticos, científicos, económicos y políticos que dieron origen a una evolución, impulsando nuevas tendencias y cambios positivos en la sociedad que renace.

Es posible vivir un Renacimiento que generen ciudades y sociedades verdaderamente humana, equitativas y sostenibles, muy seguramente si contáramos con suficiente equipamiento cultural (Bibliotecas, museos, teatros, centros culturales, etc) de una calidad tal, que se valoren por la edificación propiamente, su historia, la localización y la dinámica urbana que impacta el sector y la ciudad, convirtiéndose en hojas de la historia de nuestra cultura, economía y formas de gobierno.

El mayor patrimonio de una ciudad es su comunidad que se interesa y se detiene a redescubrir y valorar en sus características y particularidades, la historia y posibilidades futuras de sus semejantes, su calle, barrio, sector y la ciudad integral construida con todas las garantías del estado para reunirse, discutir y proponer entre todos, la imagen deseada de la ciudad futura.

Pasados 32 años del Plan De Desarrollo Municipal (PDM) y 27 años de los planes de Ordenamiento Territorial (POT) es una realidad innegable que los Consejos de Planeación municipales, como los Consejos Consultivos de Ordenamiento Territorial se conformaron solo que dar el concepto favorable pertinente para su aprobación y en los siguientes tres años los anulaban o no operaban por deseo del gobernante y la poca importancia dada por los concejos municipales. La rendición de cuentas a la ciudadanía debería ser elaborada por quienes están obligados de evaluar y modificar los objetivos aprobados y sus respectivos avances y metas obtenidas.

Según la Ley, los programas de gobierno de los candidatos a las alcaldías municipales (Voto Programático) deben ser extraídos del Plan de Ordenamiento Territorial Municipal vigente y una vez elegida esa propuesta de gobierno, se debe formular el PDM armonizado con el POT y operativice el Programa de Ejecución vigente del POT. Nuestros municipios seguirán viviendo en la Edad Media donde solo importa la nobleza, la religión y el campesinado que trabaja sin oportunidades y ninguna calidad de vida, sacrificándolo todo, incluso su familia, para que unos pocos codiciosos sigan enriqueciéndose.

 

 

 

 

 

 

 

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