miércoles, 27 de mayo de 2026

Columna de Opinión

La ciudad como espacio de aprendizaje

Por: Olimpo Del Castillo 



"Una ciudad enseña con su Espacio Público, su equipamiento cultural, parques y plazas y la vida en comunidad, como también en sus centros educativos."    

Todos los días les tomaba recorrer  unos  dos kilómetros desde el caserío donde vivían sus familias para llegar diez minutos antes de las 7:00 A.M. a tres o cuatro niños a la escuela pública del centro del  pequeño municipio, era bastante notorio no siempre venían bañados, sobre todo, si eran meses de verano porque el dueño de la finca aledaña  racionaba el uso del agua del jaguey para sus reses, regresaban a eso de la 1:00 P.M bajo ese sol canicular y unas ansias de tomar ese incipiente almuerzo después de seis horas  de un  pedazo de vitualla y un pocillo de tinto, algunas veces con algo de  leche. La escuela solo tenía una llave o grifo donde se lavaban la cara y refrescaran la sed, contaba con una letrina para las niñas y para los niños, en cualquier rincón del patio o matorral. Seguramente después de un pequeño reposo venían las tareas escolares, a la luz del día, porque la noche era alumbrada con mechones o una lampara de gas o kerosene, eso sí, no fallaban en tener sus tareas cumplidas y con buenas calificaciones; lo cierto es que cada año este número de niños y niñas aumentaba significativamente.

El colegio de bachillerato estaba a 600 metros menos el anterior recorrido, pero igual rutina cada año de estudios acompañados de las misma circunstancias y carencias, y el número de estudiantes aumentaba anualmente impulsados seguramente por aquella sabia frase “Estudie para que sea alguien en la vida y no un campesino como yo que no sabe leer, ni escribir”. Algunos, hoy son buenos y competentes profesionales, para los demás no había nada que los motivara a buscar lo distinto, lo diferente y mejor. El entorno donde vivían y lo observado en las caminatas diaria, todo era igual o parecido, nada mostraba una diferencia que despertara sueños o anhelos.

Nada ha cambiado en el presente, nos acostumbraron a lo medio hacer, a lo común y a que la desesperanza invada el cuerpo, el alma y el espíritu, incluso quienes gobernaban que sufrían del mismo contagio y no estaban interesados en que otros adquirieran conocimientos para que luego no los desplazasen, algo así como “En pueblo de ciegos, el tuerto es el rey” lo único relevante es que el tuerto tuviera algo de riquezas.

A esa desesperanza la endulzan un poco con promesas de progreso y desarrollo para toda la población, pero ni siquiera ellos son ejemplos demostrativos de eso, simplemente porque lo conocen y les va mejor con la improvisación y acciones, nuevas sí, pero no conducen a nada y no generan visiones y oportunidades para todos. Se gastan presupuestos, se endeudan los fondos, se improvisa el futuro, la mediocridad reina por todos los niveles con el agravante que son muy “estudiados y capaces”.

Sesenta años no han sido suficiente para que toda la población cuente con agua de altísima calidad 24/7 y mucho menos, el correspondiente tratamiento a las mismas; para que las nuevas generaciones se vuelvan a conectar con el medio ambiente. No hay espacio suficiente que permitan reestablecer y fortalecer el tejido social; donde reinicie el respeto a lo público y a todos. Hasta nuestra identidad cultural y sus valores los han ido desapareciendo. Pero a todo lo anterior le continúan llamando progreso y desarrollo, dejando en el olvido desde 1991 aquello de que Colombia es Un Estado Social de Derecho y su estructura fundamental.

 

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