viernes, 5 de junio de 2026

Columna de Opinión

Con una chispa distinta en los ojos

Por: Rita Mendoza Simahan 



Al mirar hoy bien temprano, los mensajes del celular, me encuentro una notificación que me produce varios sentimientos, alegría, admiración y orgullo.

Mónica, esa niña, que hace más de 40 años, corría a pie descalzo por las calles polvorientas de mi pueblo, me está participando su grado, como especialista en finanzas. Y es inevitable ver en ella una trayectoria, firme y decidida, que sobrepasa cualquier obstáculo. Recordarla así, bajo ese sol inclemente en aquellos días de infancia y verla alcanzar un peldaño profesional, es la prueba viva de que nuestras raíces, aunque sencillas, son el suelo más fértil para los sueños más grandes.

Su trayectoria no fue un camino de rosas, sino una senda trazada. En su hogar, donde la humildad era el pan de cada día, Mónica aprendió, que la carencia material nunca fue un límite para la abundancia del espíritu. Ella estaba siempre ahí, atenta y curiosa. Pero lo más admirable, es ella nunca caminó sola. Su madre fue su mayor referente, una mujer que, con amor infinito, resiliencia y actitud inquebrantable, se las ingenió cada día para sacarlos adelante. Le enseño, que, a pesar de las limitaciones, la vida se vive mejor cuando se comparte. Eran gentes de vida social y comunitaria activas, su casa siempre estaba abierta para el vecino y el amigo. Ella, junto con sus tíos, conformaron esa red de apoyo incondicional, que le hizo entender desde muy pequeña, que, con determinación y dignidad nada es inalcanzable.

Nunca se quejaba de las dificultades, al contrario, era una mujer de observación activa, “Con una chispa distinta en los ojos”, que le permitía transformar cada desafío en oportunidad. Para alcanzar sus metas, formó su carácter a pulso, sin buscar salidas falsas, siempre con los pies sobre la tierra.

Y hoy veo a Mónica con ojos de admiración, ha recorrido con valentía cada etapa de la vida, desde aquella estudiante que cursó su universidad a distancia, financiándola con un sacrificio que ella solo conoce, hasta convertirse en el pilar de su propio hogar. Ha sido madre, hermana, y esposa, desempeñando cada rol con la misma entrega que ha construido su carrera profesional.

Ella es en esencia viva de las mujeres de nuestros pueblos Caribe, esas que nacen en tierras polvorientas y abandonadas, y que posee la fuerza indomable de la naturaleza para transformarse. Ella encarna la sabiduría y la tenacidad de nuestras abuelas que han probado el sabor del éxito ganado con manos limpias. No solo triunfa en lo profesional, ella honra el legado de nuestros ancestros, demostrando que la mujer de pueblo del Caribe Colombiano, no se detiene. Siempre encuentra la manera de brotar, de abrir caminos y de seguir sembrando esperanza en la tierra que la vio crecer.

Con este escrito honro a todas las “Mónica” de nuestros pueblos, les extendiendo un abrazo cargado de admiración y sororidad y que con su ejemplo sigan escribiendo a historia de nuestros pueblos.

 

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